Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Las mitras en rebeldía

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 23 de septiembre de 2007, 22:06 h (CET)
Este país sigue pareciéndome una cosa extraña ya que sus leyes dicen una cosa y nosotros, los ciudadanos, hacemos casi siempre lo contrario. Cuando en la carretera se modifican los limites de velocidad para conseguir un tráfico más seguro y evitar una perenne sangría de muertos y heridos desde la publicidad se nos anima a comprar el coche más poderoso, el que tenga más reprise y el que, al mismo tiempo, sea capaz de trasladarnos de uno a otro lugar en un tiempo mínimo. Si las normas totalmente aceptadas indican que debemos circular por el lado derecho de la acera encontramos un súbito y misterioso placer en contravenirlas y campar a nuestra anchas por el lado que nos plazca. Cuando en la mayoría de países la puntualidad es una norma comúnmente aceptada nosotros nos empeñamos en llegar tarde a las citas pensando en que así, con nuestra tardanza, subirán nuestros valores en la estima de nuestro interlocutor. Si en el pasillo de un hospital se nos pide silencio nos dedicamos a vociferar mientras hablamos por el móvil a voz en grito. Y todo esto sería fácil de solucionar con tan sólo un poco de buena voluntad, educación y su pizca, como en cualquier cóctel, de caridad cristina.

Y si nos paremos un instante a pensar el motivo de esta discrepancia entre las exigencias legales y de uso para una buena convivencia y lo que, generalmente, viene sucediendo nos encontramos con el dilema de educación si o educación no. Es todo tan sencillo como el que unos y otros nos comportemos como personas educadas y seamos respetuosos con el que tenemos enfrente o al lado. Y esto es difícil, especialmente para las generaciones más jóvenes,donde nadie se ha dedicado a enseñar la manera digna de comportarse. Antes, hace ya muchos años, existía en los colegios una asignatura denominada “Urbanidad”, era otra “maría” más pero a trancas y barrancas los educadores iban insuflando en nosotros un cierto respeto hacia quienes en aquellos textos eran nuestros superiores “en edad, dignidad y gobierno”. Les juro que esto del “gobierno” de aquella coletilla escolar nunca llegué a entenderlo pero aquella “maría” y las enseñanzas de mis padres me enseñaron a respetar a los demás.

Hoy una asignatura como aquella lejana “Urbanidad” se considera obsoleta y bastante hacen los enseñantes con evitar que algún alumno díscolo les parta la cara de un bofetón o que algún padre de una lección educadora, de mala educación “of course”, al hijo castigado apaleando al maestro. Este suele ser el día a día de muchos sufridos profesores, gremio en el que se da el mayor número de bajas por depresión del ranking de oficios. En la patronal del mundo de la enseñanza tiene un gran peso especifico la Iglesia Católica, no podemos olvidar que la mayoría de centros concertados pertenecen a entidades religiosas, y en su lucha anual por conseguir una mayor financiación siempre utilizan como contrapartida, y a veces como chantaje, la enseñanza o no de la Religión en las aulas y el pago, naturalmente vía impuestos, de los profesores de tal materia. Los sobrinos de aquellos mitrados que paseaban a Franco bajo palio son quienes hoy rigen los destinos y las prebendas de la Iglesia y no están dispuestos a renunciar a ninguno de los privilegios que tuvieron durante tantos y tantos años.

Es por ello que, a una sola voz, se han levanto clamorosamente contra la nueva asignatura que ha comenzado a impartirse este curso en los colegios, la Educación para la Ciudadanía no es del gusto de los monseñores, ellos quieren religión para todos, y han echado mano a toda una batería de voceros y conmilitones para atacar desde todos los frentes a este Gobierno que, con más votos que ningún otro partido, se ha atrevido, con miedo, vergüenza y mucho menos de lo que debía, a llevar adelante una política educativa propia de un país cuya Constitución no da prioridad a ninguna religión. Aquellos mitrados que hace algunos meses cambiaron el báculo episcopal por la gorra beisbolera y se manifestaron junto a destacados miembros del Partido Popular acusando al Gobierno de todo lo inimaginable han estado después poniendo una mano para recibir las subvenciones mientras con la otra están prontos a alzar el puño de la protestas haciendo así bueno el consejo divino que dice “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. Si en un principio ellos, los mitrados y sus seguidores, utilizaban para atacar al Gobierno la tregua etarra ahora, finalizada esta, han tomado como banderín de enganche la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Todo les vale a los asotanados predicadores de desastres y a sus fieles seguidores populares.

Naturalmente Francisco Camps, esa alegría de la huerta que preside la Comunitat Valenciana, es un fiel cumplidor de las consignas de esta iglesia tan rancia y ha decretado que en los colegios públicos y concertados del País Valenciano esta asignatura se de en inglés en un intento más de poner trabas a la difusión de la misma. Camps y sus seguidores, siempre a las ordenes eclesiales, realizan una labor de puro filibusterismo tratando de evitar que los niños valencianos puedan ser educados en esta materia de la ciudadanía, ya sabemos que a ellos no les gustan los ciudadanos, son mucho más partidarios de tener súbditos obedientes aunque para ello tengan que obedecer en inglés. Los únicos que saldrán ganando serán los profesores encargados de la materia que ahora y a marchas forzadas van a tener que repasar aquel inglés que dejaron aparcado en el cajón del olvido. No hay mal que por bien no venga.

Noticias relacionadas

La prueba de las banderas, ya innecesaria

J. LLano, Madrid

Nosotros estamos en lo cierto y ellos equivocados

G. Seisdedos, Valladolid

El nacionalcatolicismo, la póliza especializada

A. Alonso, Madrid

Democracia es mucho más que poner urnas

M. Palacios, Lleida

La tribu como autodefensa

V. Rodríguez, Zaragona
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris