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Carta abierta al ministro de Justicia
Remedios Falaguera
Acabo de oír sus declaraciones en el caso de la puesta en libertad del “violador del Vall d´Hebrón”: “Cuando en un sistema democrático alguien cumple la pena que le impuso un tribunal lo que tiene que hacer es salir…existe un debate sobre qué debe de hacer la Justicia con determinados delincuentes cuando hay una "presunción, miedo o sospecha" de que puedan volver a delinquir pero pido "no actuar a golpe de emociones".
Por circunstancias que no vienen ahora al caso, durante unos años de mi vida me he visto obliga a visitar semanalmente a muchos presos en la cárcel. He conocido asesinos, camellos, ladrones de guante blanco, falsificadores, drogatas e incluso, inocentes que se han “comido el marrón” de actos delictivos ajenos a su persona. Pero, NUNCA, me he visto capaz de tratar con violadores.
Tal vez sea por su mirada lujuriosa, o por su enfermizo menosprecio hacia las mujeres. No lo se, aunque intuyo que será porque imagino a mi hija mancillada a la fuerza por uno de estos monstruos y me desgarra el corazón.
Siempre he creído que las instituciones penitenciarias “tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad” y poder así integrarse nuevamente a la sociedad sin poner en peligro el bien común de los ciudadanos, como afirma la Ley Orgánica general Penitenciaria en su artículo preliminar.
Es más, en el Título III nos asegura que el tratamiento “será individualizado, consistiendo en la variable utilización de métodos médico-biológicos, psiquiátricos, psicológicos, pedagógicos y sociales, en relación a la personalidad del interno” con el que “se procurará, en la medida de lo posible, desarrollar en ellos una actitud de respeto a sí mismos y de responsabilidad individual y social con respecto a su familia, al prójimo y a la sociedad en general”.
Lo que me plantea serias dudas en el caso que nos ocupa: ¿Debe salir de la cárcel a pesar de que los psicólogos que le han tratado en la cárcel alertan de que el preso corre un alto riesgo de reincidencia futura?
¿Hasta que punto el cumplimiento de la legalidad merece que siga destrozando la vida de decenas de niñas y mujeres que tras una violación ya nada en la vida será igual para ellas?
Señor Bermejo, como ciudadana que anhela un Estado de derecho en el que prime el respeto, la seguridad y el bien común, sus palabras no tienen fuerza moral para que los ciudadanos cumplamos sus ridículas leyes. Y como mujer y madre solo puedo mostrar mi repugnancia hacia esta incoherencia judicial que hace de las mujeres “carne de cañón” de estos desaprensivos.
Estoy segura que no será la última vez que veamos casos como este.
Lamentablemente la justicia española nos tiene acostumbrados a doblegarse ante el fuerte y burlarse de los débiles. Por lo tanto, no creo que se extrañe, que viendo el canallesco panorama judicial que nos presenta este gobierno, a más de una madre se le pueda ocurrir- en contra de sus deberes cívicos y morales- tomarse la justicia por su mano.
No nos coloque a los ciudadanos en esta amarga disyuntiva. Recuerde aquellas palabras de Shakespeare :"El poder temporal se aproxima todo lo que puede al poder divino cuando la clemencia frena la justicia".
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