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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Don Servando (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 22 de septiembre de 2007, 09:14 h (CET)
(OTRO LEGADO DEL DE SEIS DEDOS, UNO SIN UÑA)

A mi dilecto primo Miguel Ángel, porque hoy, viernes, 21 de septiembre, San Mateo, cumple años; y a quien, evidentemente, le deseo, de todo corazón, ¡muchas felicidades!

“La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino”. Paul Verlaine

Hace once meses, poco más o menos, mi madre escribió (me desdigo; pues, sensu stricto, quien de verdad redactó la carta o sobrevino irrefutable amanuense de la misma fui yo; mi dilecta progenitora se limitó, única y exclusivamente, a dictármela) una epístola a don Servando, alias “Seisdedos”. La misiva, si la memoria no me juega ahora una mala pasada y dejo a un lado el saludo y la despedida, la conformaban dos escuetos párrafos. En el primero, mi madre le rogaba que fuera mi cicerone y mentor, al menos, durante mis primeros días de estancia en la Ciudad Condal; en el segundo, le solicitaba con especial encarecimiento que me ayudara a encontrar una pensión o residencia juvenil, femenina y barata o, en su defecto, una familia bien, sin hijos (varones), con una habitación libre, que estuvieran dispuestos a alquilar, y, además, vivieran cerca de la parroquia, con quienes pudiera convivir durante mi primer año en la Universidad, en suma, o sea.

Ignoro la cifra exacta, porque no me dio por contarlas, pero puedo asegurar, sin ningún temor a errar, que fueron muchas, muchísimas, las ocasiones en las que hablé con mis amigas Natalia, Paula y Raquel al respecto. Ellas insistían, una y otra vez, erre que erre, en que sí, en que acabarían por convencer tarde o temprano a mi progenitora. Y yo que nones, que no la conocían, que era más terca o tozuda aún que servidora, que a ver de quién (se) creían que había heredado y/o aprendido la menda a ser de mente tan cuadriculada o pautada. Lo de compartir piso con ellas durante el primer curso de carrera lo veía tan negro que, en puridad, no lo veía; o lo veía una utopía, algo tan difícil de conseguir, llevar a cabo o realizar que casi se me antojaba un imposible en toda la regla o milagro, a secas; que era una vana ilusión y que, si daban tiempo al tiempo, éste se encargaría de echarles abajo, sin apenas trabajo, el castillo de naipes que habían levantado sin mayores denuedos ni problemas, de refutarles punto por punto, íntegramente, la tesis; como así acaeció o resultó, que el asunto devino en papel mojado o agua de borrajas o cerrajas, esto es, en na… de na…, nada de nada, o en na… de …na, en naranjas de la China.

(Continuará mañana.)

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