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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La bandera de la muerte

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
viernes, 21 de septiembre de 2007, 13:26 h (CET)
Que mejor ministro que el de Justicia puede tomar el relevo al de Sanidad para legalizar la eutanasia, por aquello de los "tribunales" que concedan la muerte al interdicto de la propuesta de Soria.

El ministro Bermejo autodeclarándose incapaz de hacer cumplir la ley de banderas, por ilegal práctica consuetudinaria, no tiene empacho para abanderar la bandera del suicidio asistido justificando que "la sociedad española ya está madura para este debate". La madurez de una sociedad que puede ser medida por el número de suicidios, alcanzó en 2.005 según el INE la cifra 3.381 superior a las de tráfico de ese año que a sensu contrario si combaten. Entre otras razones para no romperse uno la maldita cabeza -Gobierno 2007 de España dixit-. Masivo suicidio sin ayuda, que tendría plena solidez argumental de hacer caso a las justificaciones "eutanasiadoras" de Bermejo porque son muchos los que reflexionan sobre el derecho invidual a la muerte, bajo el contexto del aumento de la longevidad y el nivel de bienestar. Lo que los avances médicos y la prosperidad te da, San Gobierno te autoriza a que te lo quites. Tu propia vida. Autorización a morir al ser que no se siente querido, y que no encuentra justificación en la sociedad a practicar ese derecho ( y ese deber) a la vida. Quién no va a argumentar mejor este guión que el impedido y enfermo dependiente. La bandera de la muerte siempre ha ondeado en la humanidad y la Historia su notario. Su reconocimiento y el triunfo sobre ella de Dios que nos recuerda Benededicto XVI en su exégesis sobre Jesús de Nazaret, es reforzado por el universal derecho apodíptico del amor a la propia vida y la de los demás sobre el obligatorio derecho casuístico del no matarás de los Mandamientos. Los hombres y la muerte no cambian, lo que se modifican son las formas.

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