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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

RENFE no funciona con Zapatero

Carmen Gutiérrez (Barcelona)
Redacción
miércoles, 19 de septiembre de 2007, 21:49 h (CET)
Zapatero ha venido a Barcelona para atribuir la responsabilidad del caos en cercanías a todo el mundo menos a él mismo, a pesar de ser el que gobierna y el que tiene las competencias.

En mi caso, llevo 15 años cogiendo los trenes de cercanías de Barcelona y puedo afirmar, con un cierto conocimiento de causa, que nunca han funcionado tan mal como ahora, con el gobierno de Zapatero, mientras que con el PP funcionaban razonablemente bien. Me parece absurdo que el PSOE continúe en Cataluña con su campaña de descrédito de los gobiernos anteriores, presentándolos como un desastre de inversión y de gestión. Si según el PSOE, el PP invirtió en su mandato tan poco y lo hizo tan mal, ¿por qué entonces los trenes funcionaban mucho mejor que ahora? ¿Hasta cuando estas absurdas excusas tan manidas para tapar la propia y probada ineficacia de este gobierno?

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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