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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué tendrán que ver las motos con la riqueza de un país?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 19 de septiembre de 2007, 21:49 h (CET)
No podía fallar. Y miren que lo venimos advirtiendo desde hace tiempo, pero hay algunos que todavía no se han enterado. ¿A quién se le ocurre dejar entrar el señor Zapatero en un recinto donde España, el equipo español de baloncesto, se jugaba el título de campeón con Rusia? ¡No podía ocurrir otra cosa, perdimos! Y es que, donde ZP mete baza, allí se produce la catástrofe. Gafe, gafe y gafe de solemnidad ¡si señor! Pero hoy nos vamos a ocupar de uno de sus adláteres, de menor categoría por supuesto, pero no por ello menos incompetente. Uno más del racimo de personajes de los que se ha rodeado el señor ZP, expertos en denigrar sus cargos con sus torpezas. Hablemos del Director General de Tráfico, señor Navarro.

Y es que este padre putativo del Carné por Puntos, este orate que se recreaba, hasta hace unos meses, con la autocomplacencia del inepto, fanfarroneando respecto a las grandes ventajas que había reportado, a la seguridad vial, la implantación de la nueva normativa, que incluía el famoso Carné por Puntos; de pronto, cuando menos se lo podía imaginar, se ha encontrado con la infausta nueva que le ha obligado a tragarse sus anteriores palabras. Las cifras de accidentes con muertos de los últimos meses han dejado chiquitas las estadísticas de años anteriores y, toda la parafernalia que se montó respecto al famoso Carné, se ha desmoronado como un débil castillo de naipes. Pero, lo malo del caso es que, en lugar de procurar disimular, de esconderse en un lugar ignoto o, al menos, de asumir su fracaso con humildad, prometiendo enmienda y arrepentimiento; este señor, se ha salido por los cerros de Úbeda, atribuyendo el incremento de siniestralidad a las motos. Pero no a las motos corrientes, sino a las motos que, según él, circulan por las carreteras porque somos un país rico.

Me imagino, no dispongo de datos, que si examináramos las estadísticas de años anteriores probablemente nos encontraríamos que la proporción de muertos debidos a accidentes de coches, con respeto a los de moto, serían similares. Todos, o al menos muchos de los ciudadanos españoles, han tenido primero un motociclo o una moto antes de haber adquirido un coche. Es decir, que afirmar que en este país hay más accidentes de motos que de coches es una obviedad, por la sencilla razón de que deben circular muchas más motos que coches y, por otra parte, la moto siempre ha sido más peligrosa que el coche, incluso si la utilizas con suma prudencia, debido a que está a merced de que un coche pueda embestirla. Como es natural, la salida de tono del señor Navarro ha tenido la consecuencia de irritar a las asociaciones de motoristas que han pedido, como no podía ser menos, su inmediata dimisión.

Parece que este Gobierno que padecemos se ha emperrado en criminalizar a todos los conductores. No tienen en cuenta el deficiente estado de las vias secundarias (en las que se producen más accidentes mortales) ni los problemas que se crean en las autopistas con los peajes ni los puntos negros, que persisten a pesar de haber sido denunciados por conductores y vecinos. No, es preferible, y por supuesto más lucrativo, aumentar las sanciones; poner radares por todas partes (unos funcionan y otros no) y apabullar a los conductores con prohibiciones, multas y vejaciones, como si, en lugar de tratarse de pacíficos ciudadanos fueran presuntos delincuentes. Yo les haría una sujerencia: en lugar de invertir tanto en radares; de llenar miles de expedientes administrativos; de enfrascarse en juicios eternos y pagar a funcionarios inútiles; dediquen más atención a hacer nuevas carreteras, a reparar las que hay, a ensancharlas y a restablecer la eficaz guardia civil de carreteras, tan eficiente y que tanta tranquilidad proporcionaba a los buenos conductores. Mucho despilfarro en subvenciones a la farándula; a películas incomestibles; a estudios innecesarios de costes millonarios; a pagar a paniaguados innecesarios e incompetentes; pero poco interés en los derechos de los ciudadanos. Aunque , la verdad, no sé de que me extraño conociendo, como conozco, el paño.

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