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Rusia, campeona de Europa de básket. ¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta!

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 18 de septiembre de 2007, 21:55 h (CET)
España no pudo ganar, fue Rusia la campeona. Pero no debe importarnos, somos plata, algo que muchos otros combinados nacionales quisieran para sus vitrinas ahora mismo. El básket español está de enhorabuena porque crece y crece. No hay más que ver la competición liguera, las actuaciones de los clubes hispanos por las canchas europeas y el número de jugadores nacidos en el pentágono peninsular que nutren actualmente las plantillas de la NBA: Gasol, Garbajosa, Calderón, Sergio Rodríguez, próximamente la “bomba” Navarro y, en un futuro no muy lejano, Rudy Fernández.

Es curioso el cambio operado. Antiguamente, eran los ojeadores y técnicos españoles quienes se desplazaban a los campus de verano estadounidenses para “pescar” jugadores con los que completar sus plantillas y darles el plus de calidad que precisaban. Ahora, el Campeonato recién terminado así lo confirma, son los americanos quienes viajan a Europa y España para a tomar nota de futuras promesas para sus “drafts”. O tempora! O mores!, que dijo Cicerón y eso que jamás vio un partido de baloncesto en su agitada vida.

Esta emigración de baloncestistas, no sólo españoles sino también de otras nacionalidades a tierras USA, está produciendo una inversión previsible: la elevación del nivel de juego de nuestra selección y la de otras nacionalidades, porque los jugadores foráneos cada vez juegan más tiempo en la NBA y, lo que es más importante, no son minutos basura, sino minutos importantes y decisivos de cada partido. No hay más que ver los puntos que Gasol, partido a partido, alcanza en los Memphis Grizzlies. O los de Kirilenko, el rubio de los pelos como escarpias de los Utah Jazz, que acaba de proclamarse campeón de Europa con Rusia, su país de origen.

No importa que España no haya ganado el Campeonato de Europa. Cuando un equipo juega como lo hizo España en el tercer cuarto contra Alemania, un entrenador puede darse por satisfecho. Es imposible jugar mejor, en ataque y en defensa. Aquel día se dio todo sobre la cancha y los jugadores son humanos. Es difícil que puedan rendir dos veces seguidas al mismo nivel. Lo importante, es que España ha conjuntado un grupo de hombres, que han llevado el espíritu de EQUIPO a su máximo exponente. Buena culpa de ello la tiene el seleccionador nacional, Pepu Hernández, heredero directo de aquel concepto de Equipo Nacional que introdujo el mítico y llorado Antonio Díaz-Miguel. Vehemente por momentos, estudioso y apasionado sin límites del deporte del 26 x 14, Hernández ha sabido realzar las virtudes del grupo en detrimento de las carencias individuales. Todos los integrantes de la selección, con sus muchos o pocos minutos de permanencia en la cancha, se han sentido importantes y eso es fundamental en un deporte colectivo como el básket. Si a eso le sumamos la indudable calidad técnica de esta añada de baloncestistas, obtendremos el satisfactorio balance del baloncesto español actual, que tendrá una nueva oportunidad en su próximo y tentador reto: los Juegos Olímpicos de Pekín.

Para los que hemos seguido el europeo a través de la pequeña pantalla, merced a la generosa retransmisión que del evento ha efectuado la Sexta, hemos de rendir un merecido homenaje a los hombres que, desde el pasado 3 de septiembre, han perfumado nuestros hogares con el aroma del básket. Me refiero a Andrés Montes y sus colaboradores. Montes ha conseguido acostumbrarnos a su peculiar argot. Con él hemos percibido sus emociones y reído sus ocurrencias. Hasta tal punto que hemos cargado las pilas para afrontar la próxima Liga Española de Básket con “hambre de canastas” garantizada. Frases como “Te han pillao con el carrito del helao”, “Jugón, jugón, jugón”, “Mojo Picón”, “Míster Cathering”, “Triiiiiiiiiiiiiiple” o “Correcaminos, bip-bip” o el sencillo ¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta! , se han convertido ya en todo un clásico de la retransmisión del básket en España. Junto a él, Juanma López Iturriaga, “Itu, Itu”, Juan Antonio San Epifano, “Epi” o “Juan Domingo de la Cruz”, el “lagarto De la Cruz” han aportado el soporte técnico necesario para horizontalizar el juego de la canasta, haciéndolo accesible incluso para sus detractores más recalcitrantes. Al que hemos echado de menos, el que no ha podido ilustrar con su voz sempiterna los encestes de nuestra selección, ha sido Pedro Barthe, que fue “jubilado” durante la pasada temporada dentro del “plan de remodelación” – cojonudo eufemismo, oigan – llevado a cabo por Televisión Española. Lo siento por él. Su voz inconfundible sigue grabada en la memoria de los aficionados al baloncesto español, asociada a momentos y vivencias irrepetibles del deporte de la canasta.

Las imágenes televisivas de la Sexta nos han traído a la memoria retazos del pasado, de otros campeonatos, de otras canastas, de otros pabellones, de otras victorias o derrotas. En la pista, el presente del básket europeo; en las gradas y en algunos banquillos, su pasado: los rostros de Nikos Gallis, Yannakis, Emiliano Rodríguez, Lolo Sainz, Ferran Martínez, Joe Llorente, Slazmic, Tarakanov, Kurtinaitis y otros muchos, con el peso de la edad a cuestas, se han asomado a nuestras pantallas para recordarnos quiénes fueron ellos y quiénes somos nosotros, los que ya estábamos entonces al pie del cañón viendo básket y sobre todo para llevarnos la inmensa alegría de que todos, ellos y nosotros, seguimos vivos.

Y nada más. La enhorabuena a la Rusia de Kirilenko, MVP del torneo, campeona de Europa después de muchos años de sequía, bajo la dirección técnica de un entrenador norteamericano, David Blatt, y gracias a la decisiva canasta de John Robert Holden, un base, también norteamericano, nacionalizado ruso por decreto ley. Paradojas de la vida. Como escribí en el encabezamiento, Rusia, campeona de Europa de básket. ¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta!

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