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La otra España del presidente

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 18 de septiembre de 2007, 21:55 h (CET)
Desde, casi, cualquier rincón del suelo español, se escuchan opiniones acerca de que con los disparates del malandrín que preside el gobierno actual, y, que, con su presencia en la final europea de baloncesto –Eurocopa-, ha consolidado su consideración para la Historia de “gafe entre los gafes”, España acabará siendo “otra”. Lo cual, no es ninguna originalidad histórica. La “evolución de las especies” que definiera Darwin, no es sólo aplicable a la naturaleza biológica individual, sino que, también, lo es para las colectividades. Aparte de algunos restos arqueológicos tales como las pirámides de Egipto, la Gran Muralla, o la ciudad de Pompeya -prodigiosamente conservada por la lava del Vesubio-, todo el Mundo, incluida la corteza terrestre, está en continua evolución desde el momento mismo de su Creación.

Se tiene una natural inclinación a considerar que cuanto nos rodea, es permanente, lo cual no puedo contener mayor error. Todo es un problema de perspectiva. Si con el patrón de medida de los cuatro días de la vida de cada hombre se quiere medir el universo entero, la equivocación es, a ojos vista, garrafal. Nada es lo mismo un minuto antes, o después, del instante en que se contempla. Otra cosa es que las modificaciones no resulten apreciables al ojo humano, pero, si se tuviera medido un cabello con un preciso y micrométrico método, se verificaría que esto es así. Los varones lo comprueban muy bien al tener que afeitarse la barba cada día. Y, hasta el traído y llevado “cambio climático” puede ser incluido en esta permanente evolución.

En la época en que muchos pensionistas españoles de hoy crecían y se desarrollaban, era del común dominio que la monarquía en España estaba “gloriosamente fenecida”. Y el tiempo ha demostrado que no era así, aunque, tampoco, se le pueda considerar definitivamente resucitada. Es de disculpar esa mencionada inclinación humana, porque, y por ejemplo, ¿que hincha del “Atleti”, o del Real Madrid, puede ni siquiera pensar que un día ha de llegar en que esos equipos de fútbol serán una cita en un viejo archivo? - ¡Imposible!, dirán los más obstinados. Pero, como se dice sabiamente: - ¡Al tiempo!

Otra cosa diferente es, ¿“qué” influye en las modificaciones de las especies? Hasta ahora, la interpretación mas aceptada es la de la influencia del medio con las necesarias adaptaciones para sobrevivir en él. Pongámonos, por citar una época, en la España del final de los Austrias, que, con su derrota en la Guerra de Sucesión y consiguiente asentamiento de los Borbones, supuso un desastre para las diferentes lenguas dialectales del castellano. El catalán no evolucionó, por desuso, y ahora ha de resucitarse contra viento y marea para escándalo de cuantos quieren en Cataluña educar a sus hijos en la gloriosa lengua (Calderón, Lope, Cervantes, etc.) del Estado común.

La naturaleza, con sus inamovibles leyes resulta inflexible, y las adaptaciones arbitrarias están destinadas al fracaso. El, en apariencia, imparable Tercer Reich hitleriano iba a ser el de “un milenio”. ¿Quién lo recuerda como no sea para asustar acerca del peligro de los socialismos nacionalistas (nazionalsocialismo)? La biología define como “contra-natura” a todo lo monstruoso, y, también, tiende a exterminarlo, aunque, a título anecdótico, se sigan viendo nacer animalitos con dos cabezas, que, “naturalmente”, tienen sus días contados.

Las jugarretas de ZP tienen más de payasadas acrobáticas que de serios intentos de modificar la faz de España, por muchos “espabilados” que quieran aprovechar ese equívoco candor para acercar el fuego a su sardina. En primer lugar, no existe tal fuego, y el aprendiz de pirómano se encuentra ante el problema de que el suelo está mojado. España ardió una vez por sus cuatro costados, hace unos setenta años, porque el ambiente reunía esas tres condiciones necesarias, los “tres treinta”, para que un incendio resulte incontrolable; 30 por ciento de humedad, 30 grados de temperatura ambiente, y un viento suave de 30 kilómetros por hora. Eso si que modifica.

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