Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

La capital del estado de Edén sigue siendo Niñez

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 18 de septiembre de 2007, 21:55 h (CET)
Porque lo prometido es deuda, a Elena Campos Jiménez (de la peña “Las veneno”, de Igea –me insistió su padre y mi amigo, José Antonio, en que apareciera el susodicho dato-), que ayer, lunes, 17 de septiembre de 2007, cumplió su primera docena de años. Por lo tanto, con retraso (sí, mas ya había sido advertido con antelación que así sería), ¡muchas felicidades!

Hoy (disculpe que me eche flores, desocupado lector, quiero decir, perdone que me haya brotado o amanecido con el orto este ramalazo de presunción), haciendo buen uso, el acertado, apropiado, proporcionado y correcto, de las tres potencias canónicas, clásicas, típicas y tópicas del alma, inteligencia, memoria y voluntad, he logrado retrotraerme en el tiempo hasta regresar a la etapa de mi existencia que considero mi apodíctico, inconcuso e intransferible paraíso en el planeta Tierra, el período de mi dichosa y sin mayores problemas niñez.

Cantando la palinodia de lo hilado (sin ninguna duda, con error/horror) en el parágrafo precedente y parafraseando, a su vez, al filósofo y matemático francés Blaise Pascal, uno de los maestros incontrovertibles de quien trenza esta urdidura o “urdiblanda”, su seguro servidor de usted, la grandeza de un hombre, ser pequeño donde los haya (por la escueta razón de su naturaleza frágil, quebradiza), consiste en avenirse a reconocer en pública confesión, a voz en grito si hiciera falta (hay incluso quien suele echar mano de un altavoz), su propia insignificancia, la de una lasca perdida en este, ese o aquel pedregal, la de una gota de agua extraviada en aquel, ese o este océano.

He reparado en que, si he escrito poco, muy poco, a propósito de mi infancia (y la verdad es que las líneas y los párrafos relacionados con el asunto en cuestión escasean), acaso la razón, descanse, estribe, esté o se encuentre en lo mucho que atinó Jorge Luis Borges, otro maestro reconocible e incuestionable de quien tiene a bien firmar y rubricar abajo esta chuchería literaria, cuando vino a dejar constancia de que “la felicidad no necesita ser transmutada, pero la desventura sí”. Admito que hoy he vuelto a sentir otra vez esas extrañas (por extraordinarias e insólitas) emociones y sensaciones puras, netas, que suelen acompañar a la auténtica felicidad.

Como refuerzo, autoridad y apoyo de lo tramado, he acudido a uno de los últimos escritores galardonados con el prestigioso Premio Nobel de Literatura, el húngaro Imre Kertész, quien (lo recibió, concretamente, en 2002), solícito, me ha prestado, gustoso, su argumento definitivo (por irrefutable): “Pese a la reflexión, la razón, el discernimiento y el sentido común, no podía ignorar la voz de una especie de deseo sordo que se había deslizado dentro de mí, avergonzada de ser tan insensata y sin embargo tan obstinada: yo quería vivir un poco más todavía en aquel bonito campo de concentración”.

Noticias relacionadas

Cataluña sigue en la cuerda floja. El separatismo sigue vivo

Seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse

En un mundo de fugitivos

Es asombroso observar que esta humanidad globalizada todavía no sepa vivir armónicamente

La campaña contra la violencia de género

No parece que esté teniendo mucho éxito: siguen muriendo mujeres

Noticias que impactan...

O ya no

Marta Rovira, feminista, lenguaraz, embustera y manipuladora

"Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud” B. Burke
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris