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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Doctores catódicos

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 16 de septiembre de 2007, 22:03 h (CET)
Alicia está alucinada por la habitación que puede ver a través del espejo del salón. Todo lo que puede ver tiene exactamente el mismo aspecto que lo que reconoce en su sala principal, pero funciona y se comporta del revés.

Cuando el espejo se desvanece y la niña consigue pasar al otro lado, comprueba como los rincones que se escapaban al marco esconden algunas diferencias: las figuras de ajedrez se mueven y hablan entre sí, las flores del jardín hablan siempre que alguien les hable primero.

A Alicia le supone algo complicado actuar siguiendo la nueva lógica que, básicamente, consiste en pensar al revés para ir hacia adelante.

Como en la ocasión en que pretende llegar a una colina que se encuentra en el jardín. Para ello avanza por un camino que, aunque parecía que llevaba de la puerta de la casa hasta la cima, ella define como “más parecido a un sacacorchos que a un camino”.Si antes intuía que existía algún contraste entre los dos “países”, es ahora cuando empieza a darse cuenta.

Por más que intenta alcanzar el otero, con todas sus fuerzas, caminando y corriendo, el camino le devuelve irremediablemente a la puerta trasera de la residencia y la coloca de nuevo en el inicio del camino.

Sólo cuando sigue el consejo de una de las flores parlantes y vira ciento ochenta grados su trayectoria consigue aparecer, sin saber muy bien cómo, en lo alto de la colina acompañando a la reina roja.

Cuando dejó de funcionar según las normas del otro país, en el que ya no estaba pero que inundaba su pensamiento y su forma de actuar, alcanzó el éxito y dejó de comportarse ‘de forma extraña’.

Las teleseries autóctonas que han conseguido llamar masivamente la atención de la audiencia española son aquellas que han propuesto apartarse de la cultura global estadounidense. Las series made in USA nos sacan ventaja en agudeza, en humor corrosivo y en la expresión de la ternura.

Que dos de ellas estén ambientadas en hospitales es una excusa para enmarañar la situación y sacar jugo a las cuestiones personales, que son la cuestión de fondo. El hospital es cualquier institución con jerarquías y traiciones internas. Es necesario pero, a pesar de todo, secundario.

Muchos productores españoles han creído que el éxito de ‘House’ o ‘Anatomía de Grey’ radica en que son series de médicos. Por eso nos bombardean con más y más series de médicos, empeñados en llegar a la colina atravesando un camino que parece más un sacacorchos que un camino.

Es el momento para dejar de seguir la lógica de la forma y centrarse en experimentar con las bases del contenido. Cambiar totalmente la manera de hacer las cosas hasta conseguir una teleserie de personas y no de profesionales. Dar la espalda a lo que parece más obvio para alzarse sobre todos los demás intentos fallidos.

‘Escenas de matrimonio’ se presentó como un spin off de ‘Noche de fiesta’ y, casi sin darse cuenta, han conseguido cotas de audiencia récord. Sin saber muy bien cómo, se han visto mirando hacia abajo desde lo alto de la colina, esperando las órdenes de la reina roja.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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