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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Tormentas regeneradoras

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 16 de septiembre de 2007, 22:03 h (CET)
"Somos millones. Formamos
la unidad de la esperanza Lo sabemos. Y el saberlo
nos hace fuertes; nos salva"


Gabriel Celaya. "Todos a una"

Los grandes conceptos resultan objetivos difíciles, si no un imposible, una UTOPÍA. De otro lado, qué sabemos de todo aquello que nos espera subidos a esos grandes corceles, ¿Puros ídolos? ; disfrazados de eternidad, de bellezas sublimes, riquezas y grandes oráculos. De tan alejados, se difuminan los argumentos; navegamos en un oleaje desprovisto de unos pretendidos fundamentos.

También la NATURALEZA se refleja en grandes dioses, de principios y fines poco concretos. Las galaxias, el sol, la vida, las tinieblas o la desintegración, planean sobre tantos esplendores. Tal como sucedía con las personas, la fragilidad y los peligros acechan inmisericordes desde las mismas esencias. Tienden a agotarse algunos recursos naturales. Se oscurecen las atmósferas cuando desdeñamos estúpidamente las capas de ozono. Y se ensamblan los destinos de humanos y realidades ambientales; como un reto apasionante plagado de presagios intranquilizantes.

Desde este progresivo agostamiento social y natural, también se avistan frecuentes indicios de renuevos vitales, en ocasiones muy evidentes; a veces no pasan de simples anhelos y son poco perceptibles. Sigamos por un momento el ciclo vital del NITRÓGENO en la naturaleza. Es un componente crucial, sin él no sería posible la vida, ya que forma nitratos, proteínas, ácidos o enzimas. Las plantas lo absorben del suelo, los animales se comen las plantas, y esa es la fuente de Nitrógeno, Sucede sin embargo que es un elemento muy soluble y con las lluvias es arrastrado al fondo de los mares. ¿Nos quedamos sin Nitrógeno?

El Nitrógeno escapa con suma facilidad hacia la atmósfera, tiende a una pronta separación desde otras moléculas y en cuanto se suelta queda como componente gasificado. Constituye uno de los componentes principales de la atmósfera terrestre; el Nitrógeno puro ocupa su mayor parte. ¿Cómo recuperarlo para la vida? Existen procedimientos químicos, bacterias que lo fijan; pero en plena canícula y con los rigores agosteños proliferan las tormentas. Quizá por ello sea más apropiado el recuerdo de la fulguración del RELÁMPAGO. Genera el calor suficiente para provocar la unión del Nitrógeno tan escapista, con otras partículas. Y ese conjunto se precipita sobre la tierra en forma de lluvia ácida benefactora (No tiene nada que ver con la lluvia ácida tóxica). Supone toneladas de anhídrido carbónico, que contiene en su molécula aquel Nitrógeno; es una de las principales fuentes para su recuperación.

Nunca la dicha nos complace del todo, se suele acompañar de momentos agridulces, peligros y desastres, más o menos relacionados. Si del rayo hablamos, pocas veces resaltamos su belleza, asusta su fuerza, asoma la devastación y la tragedia de desgracias personales. Los incendios se suman como una complicación frecuente. A diario se reflejan en los medios DESVENTURAS ligadas a estos fenómenos de las tempestades. Algo similar ocurre con la especie humana, se explayó bien en los despropósitos originados por el manejo de los grandes conceptos citados al principio, es como un divertimento macabro de todas las épocas. Cuántas guerras y exterminios en nombre de los grandes dioses. Ideologías transformadas en máquinas de dominaciones y de traiciones hacia los vecinos más inmediatos. Llama la atención como el más tonto, o quizá el más listo, se lanza a explicarnos los entresijos del todo y de la nada. Gran proliferación de sombras y desmanes de diversa expresión.

No sería mala conquista la de recuperar también nosotros el suficiente Nitrógeno mental para alejarnos de las tormentosas relaciones; entre humanos parece no originarse la chispa útil, existe un chisporroteo lleno de crispación que no se detiene. ¿Cómo podríamos lograr el suficiente calor de fusión para captar las esencias? No las complicadas de la estratosfera, no; cómo vamos a navegar tan alto, si no sabemos circular entre amigos con un mínimo de consideración.

Empezando por la calidez de una CONVERSACIÓN desenfadada e informal, con intercambios serenos de un goteo fertilizante para los interlocutores. Sin fuerzas de poderes, ni terrenos, ni angelicales, ni de los pedestres que sufrimos. Los impulsos de las palabras no estarían solos, la cercanía entronca con los gestos, las posturas y las cucamonas de las charlas tranquilas. Buena manera de compartir experiencias. Algunas vivencias sólo podrán transmitirse a través de esta sencillez. Quién sabe dónde van quedando estas tranquilas conversaciones. Y, por lo mismo, quién sabe cómo pudiéramos sustituir sus influjos.

Ensanchar el tórax respirando tranquilo, en ese contraste de convivir con los seres queridos, con la congoja por los que se perdieron; en la intimidad serena, sin alharacas. Risa y lágrima de unos SENTIMIENTOS, tenues, pero a la vez intransferibles. Menudencias necesarias. Les aseguro que, dejando el tiempo suficiente para su experimentación pausada, solucionaríamos grandes porcentajes de trastornos. Sonreír y llorar, algo cada vez más difícil en estas modernidades tan encumbradas; pero tan menesterosas también.

Otra forma de recuperación de ese Nitrógeno mental, puede consistir en esa leve SIESTA, apropiada para este tiempo veraniego. Apacigua los ritmos frenéticos, apaga gran parte de las impertinencias. Aporta el sosiego requerido por nuestros órganos vitales, a los que solemos llevar en el tope de las revoluciones, tensos y acogotados. La siesta favorece ese remanso. No se trata de ninguna reglamentación, es un método útil que permanece sugestivo y facilón.

Al estilo de Atahualpa Yupanqui, nuestras carretas chirrían de forma estridente; pero ya son tan ruidosas que impiden una convivencia racional, mínima y tranquila. No vendría mal un poco de TERNURA y CORTESÍA para engrasarnos los ejes. Una cosa es sonar, y otra bien agobiante, que sólo exista ese sonido. No hablo de una suavidad amanerada y fútil, fuera de sitio y circunstancias; mas sí de una trabazón agradable entre las personas.

Entre chispazos y acontecimientos precisamos de vías de recuperación neuronal. De lo contrario la explosión será mayor e intracraneal.

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