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Diada, hinmo e independencia

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
domingo, 16 de septiembre de 2007, 22:03 h (CET)
Los acontecimientos de la reciente Diada o Fiesta nacional de Cataluña, hacen oportunas algunas evocaciones i consideraciones. Con ocasión del Estatut de Cataluña de 1979 propuse (evidentemente sin éxito) y después he vuelto a insistir a raíz del nuevo Estatut, ya que creo que sería bueno porque daría una nueva perspectiva del catalanismo y de Cataluña, que hubiera un cambio de la Diada y un cambio del himno.

Que la Diada no fuera el 11 de septiembre, sino el día de Sant Jordi, que es cuando la gente vibra y no es un día triste, un día en que se conmemora una derrota, como el 11 de Septiembre, sino un día en que la gente está contenta, sale en la calle y se siente solidaria y optimista.

Me habría gustado, también, que se hubiera aprovechado este Estatut nuevo del 2006 para introducir un cambio de himno nacional. Que ya no fuera este himno triste que los políticos nos han impuesto. Creo que fue un error escoger a Els Segadors,porque, se quiera o no, y se cante de una manera o de otra (aquéllos que lo saben), tiene un fondo de rencor y de tristeza. Incluso Prat de la Riba, el gran teórico del catalanismo, estuvo en contra.

Se podría elegir,por ejemplo, El Cant de la Senyera, o el Emigrant -aquello de "Oh!, dulce Cataluña, patria de mi corazón, cuándo de ti se aleja, de añoranza se muere”- de Verdaguer. Éste sería el himno nacional que yo propondría para cuando haya ocasión de cambiarlo.
Pienso que con este himno y con la nueva Diada vibraría toda Cataluña y se sentiría más unida...

Darían, evidentemente, otra visión e imagen de la catalanidad y del catalanismo: más abiertos, volcados hacia afuera, no mirándose siempre el ombligo y estar buscando siempre las raíces. Está muy bien profundizar en las raíces, si es que después sale un gran árbol, pero si tiene que salir un cactus, muy bonito, pero pequeño y lleno de pinchos, no merece la pena. El hombre tiene otra cosa que no poseen los vegetales. Los vegetales tienen raíces, el hombre tiene pies para desplazarse, para caminar, para ir siempre adelante, para progresar ...

En cuanto a la Diada puede ser festiva o reivindicativa, o ambas cosas. Preferiría que, además, fuera reflexiva. Que no fuera motivo de partidismos -a ver quién es más nacionalista-, si no para plantear las cosas con rigor y seriedad. De lo contrario, sólo sirve para manipular los sentimientos a favor de unos o de otros, no de todos los ciudadanos. Y para crispar la propia ciudadanía y ponerse en contra no solo el Estado (del cual depende Cataluña, al menos por ahora) sino el resto de la sociedad española que, como dice Jordi Pujol, nunca había estado tan en contra como ahora. Por algo será.

Y los partidos que propugnan la independencia -que son pocos, y a menudo sólo de boquilla- que lo hagan con rigor jurídico,demográfico, sociológico, económico y político, pero no como recurso mitinesco, para recoger algunos votos o para hacerse perdonar quien sabe qué. Que no banalicen y quemen su carta legítima y respetable como otra.

Levantarla como bandera al tiempo que se está en el Govern y en poltronas de altos cargos con partidos centralistas, no es coherente. Digamos, de pasada, que ni Pujol, ni Maragall, ni Montilla son independentistas...Y tampoco es riguro para hacer patria hinchar mitos, como el de Rafael de Casanova, según nos advierte el prestigioso historiador Antoni Pladevall, en reciente libro.

Sin duda que España es diversa. Plural en lengua, cultura, historia, política, mentalidad, costumbres ... a veces radicalmente diferentes. Esta diversidad, de diferente tipo y origen, también hace siglos descansa en rasgos comunes -tiene rasgos comunes- que, a pesar de todo, entrelazan esta pluralidad. Plasmar esta diversidad jurídicamente y políticamente es realista, razonable y legítimo. No un juguete de políticos inexpertos o iluminados; menos una tapadera para esconder ambiciones, intereses o mezquindades.

Plasmarla constitucionalmente, de alguna manera, se pretendió con el Estado de las Autonomías, excesivamente confuso y difuso para dar cobijo a toda su diversidad. Parecía más realista una estructura federal,lo que no fue posible. Pero eso no legitima que la opción independentista -en algún momento quizás posible y ahora una utopía- tenga prácticamente los canales legales cerrados. De aquí la tentación, minoritaria -y a veces violenta-, de salir del marco legal.

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Wifredo Espina. Periodista y exdirector del Centre d’Investigació de la Comunicació

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