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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Jefes de la cultura

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 16 de septiembre de 2007, 06:40 h (CET)
Andan revolucionados los barrios y “palaciotecas” de la cultura por los últimos acontecimientos acaecidos en las altas esferas. Si al poco de llegar al ministerio del ramo el escritor César Antonio Molina, fue la escritora y hasta hace poco Directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás quien le presentó su dimisión al parecer por la falta de confianza hacia su gestión, no han pasado muchos días cuando otra dama o jefa de la cultura a nivel nacional e internacional como es Ana Martínez de Aguilar, directora del Museo y Centro de Arte Reina Sofía, ha seguido el mismo ejemplo por discrepancias parecidas.

Fue el escritor centenario Francisco Ayala el primero en alegrarse del nombramiento de su gran amigo y colaborador con quien le unen por lo menos treinta años de amistad. De él dijo que “sin duda será un buen ministro”. Además, se aventuró a afirmar que “ha habido grandes políticos que han sido grandes escritores y grandes escritores que han sido malos políticos. Hay de todo». Sobre todo admiró su capacidad de trabajo al frente del Círculo de Bellas Artes y del Instituto Cervantes. Y valoró en su día muy positivamente la elección para esta cartera de una persona procedente del mundo de la cultura, “mundo de la cultura que conoce muy bien, y sabe con quién se juega los cuartos”.

Por su parte el nuevo ministro lo primero que hizo tras su designación fue ir a visitarle para simbolizar y definir como él quería que fuera su etapa ministerial, recogiendo la labor y el pensamiento del anciano escritor, avanzando en hacer algo por el mundo de la cultura y del arte.

Pero tras las buenas intenciones surgen los desencuentros, porque no siempre se ha de coincidir en los medios utilizados para conseguir los grandes objetivos culturales y al nuevo ministro le llueven las dimisiones como una gota fría de este septiembre dimisionario. La causa parece ser que es la modernización de ambas instituciones, Biblioteca nacional y el Reina Sofía.

Hace apenas unos días que visité el Centro de Arte Reina Sofía, casualmente reflexioné sobre la dificultad de gestionar un centro así. Era sábado y aprovechando el día gratuito nos colamos en familia para disfrutar y recorrer por unas horas algunas de sus numerosas muestras pictóricas. En concreto, nos centramos en ese maremagnun cromático del pintor sevillano Luis Gordillo, Premio Velázquez 2007, mientras me asombraba con su Dios Hembra y su Gran Veloz Iscariote Dúplex, sus “perspectivas elásticas” y sus “cirugías esquinales” pensaba qué grande por descubrir es el mundo de la pintura, y que unido está a veces con la literatura. Literatura y pintura se unen en el mundo de la cultura desde siempre, igual que ahora coinciden desfavorablemente esperemos que para emerger de nuevo con nuevos bríos y beneficios para todos.

Por muy difícil que sea gestionar esos templos de la cultura, que ha de serlo, sería conveniente que esos funcionarios electos no defrauden a los creadores y consumidores de la cultura, porque por muy altos templos elevados que sean, no hay que olvidar que se construyen con cimientos desde abajo, construyamos cultura sin aspavientos y sin soberbias, desde el funcionario más servil hasta los grandes jefes de la cultura.

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