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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Fascista?, ¿Reaccionario? ¡Tú más!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 16 de septiembre de 2007, 06:40 h (CET)
Sé que me llaman reaccionario y supongo que algunos también fascista, pero siento desilusionarles porque no soy ni lo uno ni lo otro. La izquierda, tan retrógrada, tan del principio del siglo XX, tan arraigada a la revolución Soviética del año 1917, tan imbuida en sus clásica lucha de clases, y tan fascista, sí señores, no rectifico ni un ápice, tan fascista, es la que nos acusa de aquello que, precisamente, constituye su principal característica. ¿Han visto ustedes a alguien más amarrado a sus ideales comunistas que a los progresistas?; ¿han visto ustedes a alguien más opuesto al verdadero progreso que estos mal llamados ecologistas que despotrican de las nucleares, de los nuevos cultivos, de la industrialización y del progreso económico?, pero que, en cambio, no les hacen ascos a las drogas ni al homosexualismo ni, por supuesto, a la vagancia y a la vida que ellos llaman libre; este tipo de vida que no es más que vegetar en la indolencia, el sectarismo y la marginalidad; eso sí, exigiendo ayudas, buscando prebendas y viviendo del cuento. Si toda la sociedad siguiera el ejemplo de tales sujetos no tardaríamos a regresar a los tiempos del hombre del Neandertal.

Pues echen ustedes una mirada a este Gobierno que nos ha tocado soportar y díganme si no son unos fascistas como la copa de un pino. ¿Acaso han visto un signo mayor de autoritarismo que la cacicada de la señora Cabrera (muy propugnadora de la enseñanza cívica, pero muy mal ejemplo al no haber metido a su marido en la cárcel por manipulaciones económicas poco ortodoxas en los casos de las opas de Gas Natural y E’on) pretendiendo imponer a la fuerza la famosa Enseñanza para la Ciudadanía? o mayor intrusión en la vida de los ciudadanos que la de la ministra de sanidad pretendiendo privarnos de las hamburguesas o mayor desvergüenza y autoritarismo que desbancar mediante un pacto fraudulento a la oposición para evitar que pueda exponer sus propuestas en el Parlamento amordazando, de esta manera, a más de diez millones de españoles a los que representa. ¿Habrá más inmovilismo que el que nos enseñan desde el gobierno, pretendiendo imponer a los ciudadanos un pensamiento único, con la limitación de la libertad individual, convirtiendo la enseñanza en un lavado de cerebro para toda nuestra juventud?

Veamos lo que imponía el régimen fascista del Duce de Italia: Concepto de nación frenta al individuo ( vean ustedes lo propugnado por la Educación para la Ciudadanía); partido único ( lo que pretende Zapatero anulando a la oposición del PP) utilizar habilmente medios de comunicación ( monopolio del PSOE de los medios audiovisuales, Prisa, Polanco) aprovechar el carisma del líder en el poder ( narcinización de ZP, el ídolo de las feministas) manipular los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia ( su táctica contra Aznar en la guerra de Irak) y los desplaza contra el enemigo común, imaginario o real ( el PP es el enemigo a batir, pacto del Tinell) que actúa de chivo espiatorio ( el PP es el culpable de todo lo que va mal en España). Y ante esta descripción de lo que es el fascismo ¿se atreverán estos de las izquierdas a tacharnos a los de derechas de fascistas? ¡Fascista tú! y, ¡reaccionario tú! Si hay un retrato más ajustado a lo que está haciendo el PSOE en España a las doctrinas fascistas de Musolini, que salga alguien y me lo demuestre, si, señores de la farándula que tanto presumen de demócratas, véanse ustedes retratados y miren a los que tienen en frente y, si tienen vergüenza, reconozcan quienes son los que más se parecen a los fascistas de verdad. Lo que ocurre es que han acuñado un insulto, lo han registrado en el Registro Oficial de Insultos y lo van repitiendo hasta la saciedad, olvidándose de aquel refrán que habla de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Me gustaría que esta izquierda, que llama fascistas a los que no piensan como ella, nos diera una explicación de cómo un gobierno de un país puede para hacerse con el poder, dar la espalda a las inocentes víctimas del terrorismo, actuar en contra de la opinión de la mayoría de la ciudadanía y negociar con criminales, con total impunidad, sin que las bases protesten ni se dejen oír. ¡Ah! Se me olvidaba, es que, para esta parte de la ciudadanía, existe un principio axiomático: el fin justifica los medios y ya sabemos cuál es su fin.

El señor Rodriguez Zapatero podía negociar con los terroristas porque su fin era sacar rédito político de un posible pacto con ETA, muy beneficioso para sus fines electorales. El señor Chavez puede ofrecer 700.000 pisos imaginarios, porque es bueno para renovar su mandato. La Chacón puede ofrecer alquileres desgravables, porque con ello pretende lograr los votos de los ilusos que se lo crean. El señor ZP puede decir que el país va bien y que no hay ningún peligro para la economía, porque el reconocer lo contranio no es bueno para sus perspectivas electorales. El señor ZP traspasa los trenes de cercanías a la Generalitat de Barcelona porque le puede dar votos en Catalunya, pero no se la concede a Esperanza Aguirre, porque es su enemiga política. ¿Mas autoritarismo, más oposición al progreso? ¿Quién es aquí el reaccionario y el fascista? Fíjense que no ofrece apretarse el cinturón, ni tomar medidas para frenar el batacazo económico que se perfila en el horizonte ni, tampoco, les dice a los ciudadanos que se han acabado los años de vivir por sobre sus posibilidades y que deben prepararse para ajustarse a una vida más sobria y de menos despilfarro, ¡claro que no, porque esto es impopular aunque sea cierto! Mentir es más rentable, engañar a la ciudadanía atrae votos, desprestigiar a la oposición es más positivo para el PSOE. Nada de autocrítica y menos de propósitos de enmienda: todo lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer, durante los tres años y medio de gobierno socialista, ha sido lo mejor para España y los españoles. Una trampa bien preparada para engañar al electorado.

Pero los reaccionarios somos nosotros, los faccistas somos nosotros, o sea, que quienes se oponen al progreso somos los que pedimos más modernidad, más industrias, más puestos de trabajo, más riqueza, más orden y menos separatismo. Supongo que en una Europa que busca la unidad supranacional de todas las naciones, lo que es más conveniente es que se vayan formando infinidad de minúsculas naciones, con miles de idiomas y de sistemas de gobierno para que, en Bruselas, se forren los intérpretes y todas las documentaciones tengan que traducirse a las babélicas lenguas de las esperpénticas nacioncillas. ¡Señores esta es la innovación de la izquierda y de los separatistas! ¿Trabajar? Ni hablar, lo que se impone es el pasotismo político o sea todos funcionarios; qué trabajen los robots y los capitalistas; que los de la divine gauche vivan de su cultura, sus visiones apocalípticas del mundo y de sus utopías mientras que su entorno se desmorona.

¿Saben lo que les digo? ¡Qué me importa un bledo que me llaman faccioso o fascista! En definitiva, como dijo el Señor, “por sus hechos los conoceréis” y, si tenemos que ser sinceros, los hechos propios del fascismo son los que, hoy en día, practica esta izquierda que nos gobierna.

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