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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Padres ante Educación para la Ciudadanía

Josefa Morales de Santiago
Redacción
miércoles, 12 de septiembre de 2007, 21:56 h (CET)
Me gustó mucho la frase de don Adolfo Suárez para explicar su apuesta firme por la transición democrática: "pensé en lo que debía hacer, no en lo que me iba a pasar". ¿No deberíamos pensar todos así, cuando se trata del cumplimiento de un deber? ¿Y qué deber hay más noble y grande que el de procurar una sana educación moral a nuestros hijos? Bastante duele que alguno de los nuestros pueda ser encandilado por el ambiente de la calle y de amigotes porque no hemos podido controlarles por estar fuera de casa ellos o nosotros, o por ser díscolos, cuanto más permitir nosotros, por cobardía, cruzándonos de brazos por miedo a objetar, una educación que no es tal sino la asunción de contravalores, de ideas extrañas a nuestra cultura milenaria, e incluso nocivas. Por ello, felicito a todos los padres que han acudido a la objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. Para éstos, claramente lo primero son sus hijos, su ser espiritual y moral por encima de notas y de simpatías de gobiernos de turno. Hay medios que sólo publican artículos favorables a esa asignatura, en clara sumisión al poder político. Flaco favor nos hacen a los ciudadanos.

En educación y sanidad, lo que no se haga hoy, mañana se perderá. Pocos son los padres, insignificante su número, que quieran una ideología de género para sus hijos, presente en Educación para la Ciudadanía, de modo claro o sibilino: equiparación de la relación homosexual al matrimonio y que puedan ser orientados por ese camino cuando por su inmadurez aún no han adquirido muchos la plena conciencia de su identificación afectiva sexual; consideración del mismo valor la duplicación del padre o de la madre, que tener padre y madre, es decir, no ser huérfano de uno de ellos; consideración de que la conducta sexual no ha de estar sometida a normas, que es lo mismo que el libertinaje en este punto, pese a los peligros que ello conlleva para el psiquismo y la misma salud corporal; tampoco se valora en esa asignatura la dignidad de la vida humana desde su inicio hasta su muerte natural.

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