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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Niños, no, perros, sí

Francisco Rodríguez Barragán y Encarnita Prieto
Francisco Rodríguez
miércoles, 12 de septiembre de 2007, 21:56 h (CET)
El pasado mes de agosto, en una revista para la mujer que se vende cada semana con El Mundo, leíamos un reportaje en el que varias mujeres conocidas confesaban que habían excluido a los hijos de su vida y daban elaborados razonamientos justificativos de su actitud. No necesitaban hijos para ser felices, pues ya encontraban la felicidad con sus relaciones afectivas y con sus carreras profesionales.

Posiblemente su concepto de felicidad, como el de tanta gente, es ganar mucho dinero, pasarlo bien y disfrutar todo lo que puedan. Para esto, obviamente, sobran los niños que implican gastos, obligaciones y disgustos.

Nosotros teníamos claro desde el noviazgo que tendríamos hijos, pues transmitir la vida era la cosa más maravillosa que nos podía ocurrir. No pensamos nunca en los hijos como “cosas” que podrían hacernos felices, sino como personas a las que íbamos a amar con un amor que busca activamente el bien de quien se ama.

Ha sido apasionante verlos crecer y ayudarles en su crecimiento, animándolos siempre a desarrollar todas sus capacidades. El bien de cada uno no es tener más cosas sino el llegar a ser más persona en una tarea permanente a lo largo de toda la vida. Nuestra felicidad ha sido y es verlos desarrollarse en libertad.

Claro está que en una familia numerosa, como la nuestra, no hubo demasiadas posibilidades de lujos ni viajes de placer, pero aprendimos todos a compartir con gozo, a estimar valiosas las pequeñas cosas de cada día, a colaborar en las tareas caseras.

En un informe del Instituto de Política Familiar se dice que cada vez hay más hogares habitados por una sola persona.

Comentado estas cosas mientras que paseábamos, una persona que nos acompañaba nos hizo notar que se veían muchos más perros que niños en el Paseo Marítimo. ¡Tener un perrito debe ser más satisfactorio que tener un niño!

Hay muchas mujeres que no quieren tener hijos para poder disfrutar y otras que renuncian a los hijos, pero también al matrimonio, por un amor más grande, como por ejemplo Teresa de Calcuta.

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