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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Pornografía doméstica

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 12 de septiembre de 2007, 21:56 h (CET)
Por el desvarío de no querer reconocer que existe Dios, los hombres se vuelcan a cometer todo tipo de fechorías. El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos nos da una larga lista de ellas. Por lo que hace al tema que hoy comentamos, sólo citaré: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido…y como no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” La lectura del primer capítulo de la carta a los Romanos nos hace poner la piel de gallina sólo en pensar las abominaciones que puede llegar a cometer el ser humano. Pienso que el caso que comentamos nos muestra una monstruosidad que descubre lo bajo a que puede llegar una persona alejada de Dios.

Ryan Peddler, comienza su escrito “Ejecutivo drogaba a su mujer para hacerle foros porno”, así: “Un empresario triunfador que hacía fotos de su mujer que se encontraba inconsciente debido a la borrachera y las enviaba por correo a otros pervertidos ha sido sentenciado a dos años de cárcel pero dejado en libertad bajo fianza pendiente de una apelación”. El juez califica el caso de grave abuso de confianza ya que el empresario también dejaba inconsciente a su mujer al administrarle sedantes muy fuertes sin saberlo ella. El comportamiento inicuo de este hombre se descubrió cuando la esposa, casualmente vio en el ordenador unas fotos suyas desnuda en la carpeta de los correos enviados. La investigación descubrió que el empresario las había enviado para tener acceso a páginas web dedicadas al abuso sexual y pornográfico de mujeres inconscientes.

Este caso merece ser tenido en cuenta porque se le puede situar dentro del amplio abanico de violencia de género. Al matrimonio se le considera un contrato legal como cualquier otro que se puede romper a conveniencia. El matrimonio es mucho más que un documento legal. Por la unión matrimonial, un hombre y una mujer dejan a sus padres para unirse “desde este momento forman una sola carne” (Génesis,2:24). No creo que haya razonamiento capaz de descifrar el profundo sentido que tiene que dos carnes se conviertan en una de sola. La incomprensión del proceso no quita la realidad del hecho. La cosa es así y se la debe aceptar tal cual es. El pataleo no lleva a ninguna parte.

Para bien o para mal, el que dos carnes se conviertan en una sola tiene sus consecuencias. “Así como Cristo amó a la iglesia…Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida”. Si el texto finalizase aquí, el problema de solucionar la violencia de género recaería sobre nosotros y, ¡ya vemos a donde conduce querer hacerlo por nosotros mismos! El texto citado añade: “como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios,5:28-30). El contexto sigue diciendo: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (v.25).

La pretendida superioridad del hombre sobre la mujer está extendida por todas las capas sociales, sin distinción de culturas. La iglesia no se escapa tampoco del problema. Cuando el apóstol pablo escribe a la iglesia de Efeso sobre como deben ser las relaciones conyugales, lo hace porque la violencia de género que practicaban los feligreses cuando eran paganos la siguen ejerciendo ahora que son cristianos. Les recuerda que las relaciones conyugales deben ser un reflejo del amor que Cristo siente por su iglesia. Dada la transformación de dos carnes en una sola “quien ama a su mujer se ama a sí mismo”. A la inversa sucede igual. Si se creyese esta realidad no se produciría la violencia de género y situaciones parecidas al caso del marido que fotografiaba desnuda a su esposa para compartir las imágenes con otros pervertidos, sería inconcebible, porque ¿a quién le gusta autolesionarse?

Es cierto que se dan casos de mujeres que maltratan a sus maridos, pero la voz cantante la tienen los esposos perjudican a sus esposas. Es por esto que los hombres que se dicen cristianos tienen que ser los primeros en reconocer su culpabilidad y tomar la iniciativa para que en su matrimonio esté garantizada la integridad física y moral de sus esposas. Los matrimonios cristianos deben ser un ejemplo, tanto en la iglesia como en la sociedad.

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