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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La sal y el azúcar

Pascual Mogica
Pascual Mogica
martes, 11 de septiembre de 2007, 21:32 h (CET)
Aún a riesgo de que alguien me pueda tachar de anticlerical, no lo soy en absoluto. Yo veo a los clérigos como personas normales con sus filias y sus fobias, con sus egoísmos y con todos aquellos sentimientos que un ser humano es capaz de albergar dentro de si mismo, yo no soy “anti” de nada, a todos les respeto en la misma medida en que ellos me respeten a mi, pero me voy a arriesgar a que cada cual interprete como mejor le parezca mis puntos de vista sobre el estado actual de la Iglesia Católica y en particular de sus dirigentes: los obispos.

En los primeros días de agosto me llamó la atención la publicación en algunos medios de comunicación de parte de la homilía del obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, en dicha homilía el obispo se preguntaba si no había llegado el momento de “un gran pacto escolar, el momento de no imponer un tipo de asignatura como Educación para la Ciudadanía (EpC) que, según él, suscita tan abundantes críticas y rechazos”. El obispo de Vitoria se hacía una reflexión sobre la educación y sobre la violencia en la escuela y decía que le parecía “preocupante” añadiendo que “en el Estado miles de padres acuden a los juzgados a presentar denuncias contra sus propios hijo, que les tienen amedrentados por diversas formas de violencia”. Tambíen se refirió el obispo de Vitoria a otros asuntos como la violencia doméstica, de la que dijo “está adquiriendo proporciones alarmantes ya que la muerte de mujeres a manos de sus maridos o compañeros sentimentales es una hemorragia a la que no acabamos de encontrar solución”.

Una “interesante” homilía la del obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, en la que comienza satanizando la asignatura de EpC y acaba hablando sobre la violencia de los hijos sobre sus padres y el maltrato a las mujeres. No se si el obispo lo que pretende es echar la culpa de estas dos duras y trágicas cuestiones sociales a la EpC, por que esta materia aún no se ha comenzado a impartir y por tanto no se sabe que “terribles” males nos puede traer, aunque si hacemos caso a los obispos los cuatro jinetes del Apocalipsis al lado de la EpC solo traen felicidad y abundancia de cosas buenas.

Me voy a permitir decir la reflexión que yo me hubiera hecho después de hablar sobre los hijos que tratan mal a sus padres y los cobardes que matan a las mujeres. Yo, en el caso del señor obispo, hubiera pensado lo siguiente: ¿Qué se ha conseguido en lo que respecta a la educación y formación de los ciudadanos en los más de cincuenta años que se ha impartido la religión en los colegios de forma obligatoria? ¿Merece la pena enfocar esa formación desde otra opción que no sea la estrictamente religiosa?

Al parecer el señor obispo de Vitoria ha mezclado la sal con el azúcar y además se le ha olvidado esa cita bíblica que dice: “Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

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