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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué se cuece en Catalunya?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 11 de septiembre de 2007, 21:32 h (CET)
Algo se está tramando en Catalunya. Desde el señor Mas, pasando por el señor Maragall, defenestrado de su partido de una forma poco ortodoxa, y finalizando por el inefable señor Carot, parece como si todos se hubieran puesto de acuerdo para constituirse en los adalides de una nueva ofensiva de reivindicaciones nacionalistas. Da la sensación de que, después de haber conseguido el famoso Estatut –pilar fundamental de la cesión del gobierno Central ante las aspiraciones nacionalistas –; ahora les supiera a poco y se dispusieran a dar un paso más en dirección a la, tan jaleada, independencia de las tierras catalanas. No sólo son las voces de los políticos extremistas las que se alzan, con renovados brios, en petición de más cuotas de independencia para Catalunya y, paradójicamente, de mayores inversiones por parte del Gobierno de la Nación en las infraestructuras catalanas, sino que, a ellas, se han añadido los medios de comunicación de la Comunidad los que, incluso los habitualmente más moderados, se han añadido a la campaña de denunciar con insistencia la falta de cumplimiento, por parte de la Administración, de las inversiones prometidas. No ha valido que se les demostrara que con Pujol se invirtió mucho y que nunca el pueblo catalán había tenido más poder político y de autogobierno, porque es cierto que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Parece que los de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona no quieren saber nada de quienes, con sensatez, les reclaman un mayor orden en sus inversiones; un mayor control del destino de las partidas presupuestarias; menos clientelismo en la concesión de puestos de trabajo y en el pago de informes absurdos cuya única utilidad es favorecer a las personas a las que se les encargan. Ellos, erre que erre, que quieren más pasta, ¿a costa de quién? Pues, naturalmente, a costa del resto de comunidades de España.

Recientes informaciones nos desvelan oscuras tramas más propias de la Mano Negra que de políticos que se las dan de demócratas. Veamos, por ejemplo, la noticia de que duranta toda la falsa tregua de ETA (recuerdan la intervención del señor Carot para que Catalunya quedara fuera de la amenaza terrorista) parece ser que, la tierra catalana ha servido a los etarras de punto de concentración para el rearme y el refugio de sus comandos. No hace falta agudizar demasiado la imaginación para llegar a las conclusiones que algo de eso se debió de tratar en los acuerdos del señor Carot con los jefes de la banda. O ¿es que nadie en Catalunya estaba al corriente de lo que ocurría ante sus narices?, ¿es posible que la policía no tuviera ninguna noticia de lo que se estaba cociendo mientras se jaleaba en toda España la dichosa tregua? Yo no me lo creo. ¿Cómo se podría calificar la actitud de las autoridades catalanas ante hechos semejantes? Pues yo lo llamaría: traición al resto de España. Ahora quedan claras las quejas que el portavoz de la policía, señor Gavilán, hacia acerca del comportamiento de las autoridades catalanas cuando se les pedía información o se les requerían datos de determinadas personas. Si actuaron así con los grupos islamistas instalados en varios puntos de la comunidad, ¿cómo no iban a hacer lo mismo con los etarras con los que habían convenido el pacto de la vergüenza, el pacto de que no atentasen en Catalunya pero sí que lo hicieran en el resto de la Nación.

Se acerca el famoso 11 de septiembre. La fecha que en 1980 fue elegida, incomprensiblemente, como Fiesta Nacional para avalar las aspiraciones patrióticas o secesionistas, como prefieran denominarlo, de los Paisos Catalans. Una fecha nefasta para los catalanes, la de su capitulación ante Felipe V; por cierto en algo que ni les iba ni les venía pues era la Guerra de Sucesión entre borbones y austríacos para quien ocuparía el trono de España. Supongo que suponían que conseguirían más prebendas de los Austrias que de los otros. Y una cosa que parece que a los catalanes les pasa desapercibida, el perdón que le concedió su gran enemigo, Felipe V, al que había luchado ferozmente contra él, el señor Rafael Casanova. Un gesto magnánimo que nadie le agradeció. Temo que, como cada año, la conmemoración no sea más que otro acto de exacerbación de los ánimos, incitación de las pasiones revanchistas y reivindicaciones independentistas; todo vale para que los políticos consigan lo que se proponen que no es, ni más ni menos, que conseguir hacerse con el poder para asegurarse sus puestos, rodearse de su corte de chupópteros y someter a la ciudadanía a sus proyectos totalitarios.

Lo malo de todo esto es que, aquellos que más debieran temer un retorno al estado de cosas que dieron lugar al inicio de la Guerra Civil; los que saben que Catalunya se está inclinando hacia la izquierda tercenmundista; continúan estando convencidos de que saldrán beneficiados con el cambio. Estos empresarios catalanistas, que apilan los millones en los bancos y en las fincas de recreo, están creídos de que, con un gobierno regido por el señor Montilla, apoyado por Carot y Saura y con CIU en la oposición, podrán hacer de mangas capirotes.¡Infelices! Como siempre, como vienen haciendo desde que comenzó la transición en España, están convencidos de que gozan de inmunidad contra todo por ser quienes son; pero lo que no saben es que están en el punto de mira de aquellos que están acechando tras de las bambalinas para descabalgarlos de su machito y ocupar su lugar. ¿Es que se creen que los del frente popular, los antisistema y los exterroristas de Terra Lliure, se van a conformar con que los empresarios continúen viviendo en su mundo de Jauja, mientras aquellos tascan el freno de su revanchismo, acumulado desde que Franco se hizo con el poder? En Catalunya el separatismo nada más tiene un camino, el mismo que tuvo en la Guerra Civil, acabar fagocitado por el comunismo y el anarquismo; exactamente lo que ocurre con ETA en el País Vasco. Todo lo demás son historias que nada más se las pueden creer los niños de teta.

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