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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Epístola urente a mis dos 'enemhijos'

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 10 de septiembre de 2007, 10:07 h (CET)
“La falta de seguridad, respeto y amor puede causar tantas enfermedades como la falta de vitaminas”. Abraham Maslow


A Aras, mi primogénita, que va camino de sumar a las dos décadas cabales su primer bienio, o sea, que no tardará mucho (tiempo) en soplar las velas de una tarta ribeteada con primor, a la que alguien ensartará dos estoques, que tendrán y lucirán idénticas empuñaduras, sendos patitos rojos, que llevarán por sombrero una llama.

Querida “enemhija”:

Sé que estos días estás para atar, pues eres un manojo de nervios; que andas enclaustrada (de la celda de tu cuarto a la sala de lectura de la biblioteca), atareadísima, rayando el histerismo, preparando a conciencia (sí, así, todo junto, pero, también, por separado, con ciencia) las convocatorias de septiembre. Ergo, me limitaré a trenzarte un par de contumelias con la clara y exclusiva pretensión de que te sirvan de espuelas pertrechadas con sus correspondientes acicates. Como sabes, no soy ninguna experta en motivación humana. Las iniciales de los nombres y los primeros apellidos de A. Maslow, F. Herzberg, C. Alderfer y D. McClelland, simplemente, me suenan; pero del último he aprendido (no sé si bien ni del todo) que son tres las necesidades que movilizan, de verdad, a las personas en lo tocante o lo relacionado con su superación individual (porque parecen llevarlas grabadas, marchamadas o selladas entre ceja y ceja): la consecución de sus sueños o la obtención de sus propósitos anhelados (que a uno, a veces, lo dejan alelado), el logro; la afiliación (a ciertos valores, sensibilidades, identidades, ideas o ideales) y el poder (materializado en un montón de sensaciones irrefutables que así lo atestiguan y lleva aparejado o reporta el ejercicio asiduo del mismo); con otras palabras, el hombre, en genérico, al motivarse, busca y desea vencer (y convencer), salir airoso (y con trofeo, aunque sea feo) de cuantos desafíos o retos aceptó; practicar y participar en el Amor interactivo, amando y sintiéndose amado; mandar e influir en el medio (o) ambiente y en los otros, o sea, en el paisaje y en el paisanaje.

Acaso un día de éstos encuentres pintiparado o entiendas que viene como alianza al anular el hecho de que, por fin, tomes la sabia decisión de parafrasear a John F. Kennedy, quiero decir que vengas a pensar y airear, poco más o menos, mutatis mutandis, aquella célebre reflexión que él hizo en voz alta: a ver cuándo dejo, de una santa (o maldita y egoísta) vez, de preguntarme qué más puede hacer mi madre por mí y empiezo a interrogarme por otras cosas más altruistas, verbigracia, qué puedo hacer yo por ella. Amén.

A Cromas, seis años menor que su hermana, que aún me lleva más de cabeza.

Querido “enemhijo”:

Si sólo hablas conmigo para colarme mil bolas o bulos, y crees que con ello vas a conseguir que te levante el castigo; si sigues defraudando, un día sí y otro también, la confianza y otras muchas esperanzas que había comprometido y todavía sigo teniendo depositadas en ti; si no vas ganándole cada día más terreno a ese pedestal hecho de pastel, donde brotan y crecen las velitas de la responsabilidad; jamás progresarás, jamás evolucionarás a mejor como persona, esto es, nunca llegarás a sentirte contento ni satisfecho contigo mismo, ni tampoco orgulloso de tus actos, por ejemplo, de salir ileso, incólume, indemne, sano y salvo, y victorioso, tras haber participado en un torneo integral, el del ciudadano crítico, honesto, independiente de criterio, solidario y tolerante. Ojalá cambies. Así sea.

No obstante considero que mis esfuerzos por entenderos vuelven, una y otra vez, a naufragar, a resultar baldíos, sabéis (os consta) que os adoro. Otrosí, tengo, por momentos, la sensación refractaria de haberme metamorfoseado en un cepillo de carpintero, o sea, de iros desconociendo a marchas forzadas conforme os voy conociendo a ritmos endiablados. Espero que todo este maremágnum mude (y enmudezca) y termine pronto, porque, si no, me vais a volver tarumba (si es que no lo estoy ya).

Vuestra madre, que os quiere con locura,

Marisol Ríos.

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