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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Es peligroso quitar la hojaldre al pastel?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 10 de septiembre de 2007, 10:07 h (CET)
Es difícil tomar conciencia de lo que verdaderamente está sucediendo en este país al que, algunos, aún nos atrevemos a llamar España. Si hace ya muchos años empezó a crecer en nuestra nación un pequeño nódulo, un grano purulento, que se inició en el País Vasco y que, en una contínua metástasis, ha acabado por afectar a todo el territorio español y al que, todos, hemos llegado a conocer, mal que nos pese, como la banda terrorista ETA; en estos momentos nos encontramos en una situación en la que, pese a la terapia de choque que practicaron el PP y el PSOE, en los años de Aznar y Felipe González, no sólo no ha sido erradicado, sino que sigue en fase de reanimación y desarrollo, a pesar de que el señor Zapatero no ha tenido otro remedio, de cara a la galería, que mostrase firme y seguir la política de su homólogo frances, señor Nicolás Sarkozy, de darles con la estaca a los terroristas. Observen, no obstante, que donde más efectiva resulta la lucha antiterrorista, paradójicamente, es en el país vecino.

Por si no nos bastaran las tarascadas secesionistas que nos llegan desde el País Vasco y Catalunya, autonomías en las que se han implantado como elemento identitario el que se hable en las lenguas vernáculas, desterrando de raiz el uso del castellano en la educación para sustituirlo por el vazcuence o el catalán; después de las última elecciones autonómicas estos planteamientos discordes con lo que representa la unidad nacional han brotado en las Baleares con similares procedimientos y, por si fuera poco, acabamos de leer en la prensa (cuya lectura diaria constituye un serio peligro para nuestro, un tanto envejecido, corazón) que en Galicia, siguiendo la pauta marcada por los vascos, se van a inaugurar un remedo de las famosas ikastolas a las que, por lo visto, se las va a denominar “galescolas” que impartirán enseñanza sólo en gallego. Vamos que, si alguien no lo remedia y nos tememos que va a ser difíl que resucite un Miguel de Cervantes que se dedique a remozar a este viejo y denostado idioma patrio; es posible que en la vieja Piel de Toro se reproduzca el bíblico castigo divino de la famosa Torre de Babel. Por supuesto que no nos debemos llevar a engaño, porque todas estas posturas levantiscas no son más que trucos, ardides y malicias de la izquierda, secular defensora del famoso dicho “divide y vencerás” y, por desgracia, experta indiscutible en este tipo de trucos a los que sabe adornar con una eficaz propaganda.

Lo curioso de esta situación es que en regiones como las Baleares, de las que soy descendiente, nunca se había dado este sentimiento de rechazo al castellano. Por su particular condición de islas, por su modus vivendi –que depende, en un noventa por ciento, del turismo –, si en algo se ha caracterizado el pueblo insular ha sido por ser políglota y abierto a recibir a turistas de todo el mundo. Y no crean que la mayoría haya cambiado de repente sus ideologías; lo que ocurre es que, como en tantos otros territorios peninsulares, la mecánica implantada por un sistema electoral caduco y absurdo, ha permitido que minorías exiguas se hayan hecho con el poder y hayan implantado sus exigencias secesionistas. Pero es que, incomprensiblemente, en mi tierra (Mallorca) se ha llegado al extremo de renunciar al idioma autóctono (el mallorquín) para entregarse en manos de los de ERC, que les han impuesto el catalán de Catalunya; como si fueran nuevos conquistadores, sólo que, en vez de Jaime I hemos sido ocupados por los Carot y Puigcercós de marras.

Hay que decir que, lamentablemente, los partidos de derechas han caido en la tentación populista de no querer ser menos que sus adversarios políticos y, aquí tenemos a personajes, nada sospechosos de ser separatistas, como don Manuel Fraga que, sin embargo, han hecho el juego a los independentistas, favoreciendo la proliferación de las lenguas autonómicas en detrimento del idioma de la nación, el castellano. Y claro, de una simple reivindicación lingüística se pasa a otras y otras, hasta que se acaba como en Catalunya o el País Vasco en cuyas comunidades se saltan la Constitución en todos aquellos asuntos que les convienen. Lo peor es que, el Gobierno central, –aquel que debiera estar vigilante para que se cumplan las normas constitucionales – y los tribunales de justicia, aquellos que debieran ser los garantes del cumplimiento de las leyes comunes a todos los españoles; así como, los propios fiscales encargados de promover las acciones penales precisas para que la justicia sea respetada por todos los españoles; parece que no estan por la labor de que España siga siendo una nación única, independiente y solidaria. Les va más favorecer lo que ellos denominan el “hecho diferencial”, o sea, el federalismo disgregador utilizado habilmente como un medio para que la izquiera frente populista pueda alcanzar sus fines partidistas.

Es deprimente constatar como, poco a poco, esta mancha de aceite del socialismo progresista y separatista, se va extendiendo por España, sin que parezca que importe ni poco ni mucho a los que nos gobiernan; a un ejército domado y convertido en algo parecido a una ONG cualquiera, que permanece ciego, sordo y mudo ante este intento de la desmembración del territorio nacional y sin que tampoco, quien debiera ser el máximo garante de la unidad del país y de que se cumpla la Constitución de 1978, parezca mínimamente preocupado por que, debajo sus augustos pies, se vaya segando la hierba de la identidad de España por los seguidores de aquellos que fueron los culpables de que sus antepasados fueran desterrados de España; a no ser que, precisamente, por eso, prefiera permanecer ausente cazando osos por estos mundos de Dios. Que todo se puede esperar de esta nación en la que vivimos.

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