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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Personas, ¿Oyó? ¡Personas!

Santi Benítez
Santi Benítez
lunes, 10 de septiembre de 2007, 10:07 h (CET)
Esta historia que les voy a contar no trata de intrigas palaciegas, portadas retiradas de revistas irónicas, discursos de paletos de derechas que ven el mundo con la cabeza metida en el culo, invasiones en aras de la “libertad”, o asesinatos selectivos. No señor, no trata de nada de eso. Esta historia trata de personas, de gente que lleva toda la vida trabajando para poder mantener a su familia, pagar la hipoteca y las letras del coche. Gente como nuestros padres, hermanos, vecinos, amigos. Gente que vive en nuestro país, ciudad, barrio, con la que viajamos en la guagua, que compra el periódico en el mismo quiosco que nosotros y bebe café en la otra esquina de la barra del bar al que vamos habitualmente. Gente que, al fin y al cabo, somos todos. Es posible que alguien diga que esta historia no es tan interesante como para ser contada. Yo, sin embargo, sí lo creo.

Para poder contar bien esta historia tengo que remontarme a finales de los años 60. En aquella época era muy normal que las personas se juntaran en cooperativas para construir edificios y casas en las que vivir. Las entidades financieras estaban obligadas a facilitarles préstamos hipotecarios a interés casi nulo con los que comprar terreno y edificar. En general solía ser gente humilde que, sin esas ayudas, jamás habría podido optar a tener una casa en propiedad. Claro que eso no tenía que ver con los servicios de primera necesidad, como la electricidad. Lo que entonces era Endesa recurría a la fórmula de “¿Quieren tener electricidad? Pues paguen la estación transformadora”. Así que la mayoría de aquellos edificios lograban la electricidad pagando esas estaciones, que venían a costar sobre unas 350 mil pesetas de vellón de entonces. Para Endesa era un negocio redondo porque obligaban a esa pobre gente a pagar las estaciones transformadoras y luego el Ministerio de Industria de la época les cedía la propiedad de las mismas, así como el suelo en el que estaban construidas. Hoy en día Endesa tiene propiedades inmobiliarias en toda España que fueron esquilmadas de esta forma a gente que pagaba por la maquinaria que servía para darles el servicio eléctrico y encima perdían parte del terreno que tanto sudor les costaba pagar. Es más, muchas de aquellas cooperativas que hoy día se han reconvertido en Asociaciones de vecinos o propietarios desconocen que ese trozo de terreno no está a su nombre en la oficina del Catastro, aunque sí lo esté en el título constitutivo de sus escrituras de propiedad.

Los tiempos cambian, no así las formas y menos Endesa. Permitan que me explique. En la isla de Gran Canaria hay un pueblito que se llama Santa Brígida. Allí hay una Comunidad de Propietarios que encaja como un guante en la historia que he contado antes. Esa Comunidad es heredera de la Cooperativa que construyó las 96 viviendas en las que viven los propietarios y, claro, la estación transformadora que pagaron de su bolsillo perdiendo el trozo de terreno en el que fue construida. Y aquí empieza la verdadera historia. En el edificio que está justo al lado de la Estación transformadora, a escasos dos metros, viven 16 familias. Hoy día 9 de esas familias sufren la lacra del cáncer entre alguno de sus miembros. En ese mismo edificio ha habido tres cánceres infantiles, dos de ellos fatales; uno a causa de un tumor cerebral, uno por leucemia, y el último de ellos un cáncer testicular que el niño tuvo la suerte de superar. En el edificio que está justo enfrente, a escasos 7 metros, también viven 16 familias entre las que, ahora mismo, hay 5 personas enfermas de cáncer. En la misma calle en la que está la estación transformadora, que ya tiene 30 años, en un tramo de menos de 75 metros, ha habido más de 40 cánceres fatales. Los vecinos han intentado por todos los medios que Endesa retire de allí esa estación, pero lejos de conseguirlo resulta que a los directivos bienpensantes de Unelco/Endesa no se les ha ocurrido otra cosa que retirar la estación transformadora que había... pero para poner otra en el mismo lugar de mucha más potencia que sigue sin respetar la normativa de seguridad. Y no me refiero a la normativa de seguridad medioambiental o antiincendios, me refiero a la normativa de seguridad sanitaria. Clama más al cielo cuando resulta que a muy pocos metros existe otra estación que está en medio de un descampado sin población a su alrededor, es decir, enganchar el suministro eléctrico para los seis edificios en cuestión sería coser y cantar. Es sencillo imaginar que han sentido los familiares de las personas que están enfermas de cáncer y los familiares de los que han muerto cuando han visto que la potencia de esa estación se ha triplicado de la noche a la mañana, por no hablar del sentimiento de impotencia, el miedo por sus familias y el desasosiego que produce tener que dormir con esa espada de Damocles sobre sus cabezas.

La primera pregunta que se me ocurre al respecto es cómo es posible que el Ministerio de Industria permita este tipo de cosas. No me lo pregunto con respecto a Unelco/Endesa, y no me lo pregunto porque la realidad impone que no hay que elucubrar mucho para darse cuenta de como las grandes empresas pisotean a los ciudadanos, como llegan a poner en peligro la vida de las personas si con ello ganan o se ahorran un céntimo. Un vecino me decía que tal vez lo que se están buscando es que al final alguien se decida y termine pegando fuego a la estación para defender la vida de sus hijos y la propia. Lo gracioso del tema es que ese vecino terminaría dando con sus huesos en la cárcel, pero los directivos que aprueban poner una estación transformadora en medio de una población sin cumplir con las medidas de seguridad sanitaria, desoyendo la peticiones para que se retire, poniendo en peligro la vida de las personas... esos jamás pasarán siquiera por el juzgado, aún siendo responsables de la muerte de más de cuarenta personas y los sufrimientos de 96 familias.

Ya digo, es posible que alguien piense que esta historia no es tan interesante como que el “líder” – ya llaman líder a cualquier cosa– de la oposición se haya lanzado al ruedo, no vaya a ser que a alguno le suene la flauta y le quite el puesto. Yo no lo creo, pienso que las grandes empresas, el Ministerio de Industria y quien piense que esta historia no es tan interesante, deberían saber que, al fin y al cabo, las historias siempre tratan de personas, tratan de esa intrahistoria que, como concepto, Unamuno utilizó para referirse a la decoración de fondo de la historia como tal, y que esas personas, y sus pequeñas historias llenas de lucha y sinsabores, son tanto o más importante que el resto. Tratan de personas que enferman por la negligencia de unos desalmados, personas que pierden a sus hijos y a sus familiares sin poder hacer nada por evitarlo, historias de gente que pasa por la vida sin pena ni gloria, que difícilmente saldrá en los libros de historia, pero que son, por mucho que le pese a ningún Ministerio, lo único importante.

Personas, ¿Oyó? ¡Personas!

Suena de fondo “Danger Hight Voltage”, de Electric Six.

Buenas noches, y buena suerte...

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