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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

También la poligamia

Xus D. Madrid (Palamós)
Redacción
lunes, 10 de septiembre de 2007, 10:22 h (CET)
He leído que unos manuales (libro de texto, concretamente de Editoriales Octaedro y Akal.) que seguirán los alumnos de "Educación para la Ciudadanía", presenta la poligamia como un modelo de familia a seguir. Y es que ante la creciente aceptación de distintos modelos familiares en Occidente -¡ninguno más digno que otro, por favor!, dicen- era inevitable que apareciera un tipo de familia bastante tradicional en otras culturas: la familia polígama. A través sobre todo de la inmigración africana de origen musulmán, este tipo de cohabitación ha entrado en el variado panorama familiar. Ya no es tan raro que un inmigrante de Malí o de Senegal traiga una segunda esposa, aunque no figure legalmente así. Muchas veces es un signo de su mejora económica, que le permite mantener a dos mujeres. Algunos musulmanes empiezan a pedir que las leyes españolas reconozcan esta situación. Para los que cursen EpC es un hecho.

El problema que presenta el tema es que la concepción original del matrimonio está ya muy deslucida en Occidente, pero la poligamia todavía aparece vinculada a la sumisión femenina y rechina con la dignidad de la mujer. De modo que los países europeos no parecen dispuestos a dar por bueno este modelo familiar, aunque aporte diversidad y un toque multicultural. ¿No es una grave contradicción que pretendamos dar una educación en el respeto y en la igualdad y al mismo tiempo presentamos como aceptable una sumisión de la mujer, como es el caso de la poligamia? El programa de EpC, sin duda, está imbuido de la ideología de genero ¿se contempla la insumisión de la mujer ante el hombre poderoso en esta ideología?

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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