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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Adiós al Euríbor

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 9 de septiembre de 2007, 07:58 h (CET)
Habitualmente, los actos tienen sus consecuencias. No somos conscientes de las posibilidades que se abren y las que dejamos perder por triar entre una de las infinitas opciones que pasan por delante de nuestros ojos, sin ni siquiera darnos cuenta. En las actuaciones políticas no puede ser de otra manera.

Chaves anuncia una ley para la próxima legislatura que facilitará la compra o el alquiler de una vivienda a todos los andaluces cuya renta sea inferior a los tres mil euros mensuales. Sobre los efectos se ha especulado desde el día en que se conoció la noticia.

Un gasto tan pronunciado con el objetivo de salvar de la noche a la mañana el descuido hacia el artículo cuarenta y siete de la Constitución no puede sino traer un descenso pronto y pronunciado del gasto en el resto del presupuesto de la Junta.

Y si no fuese así, supondría un influjo de crédito desmesurado por parte del gobierno del Estado. Tanto, que Zapatero se vería obligado a tener en cuenta la propuesta de Chacón y fomentar la medida en todas las comunidades autónomas desoyendo a Pedro Solbes.

De otra manera, entraríamos de nuevo en el debate aquél sobre ciudadanos de primera y de segunda. Sólo que, en este caso, dejaría de estar asociado a una discusión identitaria y se entraría de lleno en lo que de verdad importa a la ciudadanía.

La adopción de una disposición de este tipo exigiría, además, una revisión del mismo artículo constitucional para la que sería necesario dotar a los poderes públicos de potestad para gestionar el suelo y para ejercer tutela y control sobre las viviendas que en él se edifiquen, independientemente de su naturaleza pública o privada.

Por otra parte, una política de vivienda basada en la propiedad privada implica una continuidad indefinida en el tiempo, hasta que el propietario decida suspenderla. Para ello habría que construir pisos de protección oficial de manera muy continuada, y tardarían poco en estar todos adjudicados.

Potenciando el alquiler se conseguiría dar algo de ventaja a quienes acceden por primera vez a la vivienda hasta que sus rentas les permitiesen pasearse por el mercado sin el amparo paternal del Estado. Completado por el afán por el piso en propiedad, la estancia en el piso alquilado sería mayoritariamente provisional y los inquilinos se renovarían con más facilidad que en uno de compra. Lo que frenaría el imperativo de construir para alojar en igualdad de oportunidades.

Coincido, pues, con la afirmación del ministro de economía cuando dice sobre la promesa de Chaves que “suena bien pero supone restricciones económicas”. Restricciones de ésas que no todos estarían dispuestos a tolerar.

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