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La baza de Crimea en el juego de Yúschenko

Guennadi Bordiugov
Redacción
sábado, 8 de septiembre de 2007, 19:07 h (CET)
El boom olímpico que se vive en Sochi ha hecho regresar a Crimea a muchos veraneantes rusos, lo que era de esperar. La mayoría de ellos, tras un intervalo de muchos años, descubren allí cosas sorprendentes.

A lo largo de la carretera que lleva a la costa Sur de la península se ven numerosos anuncios publicitarios invitando a relajarse con el vodka “Nemiroff”, “Myagkoff” y “Blagoff”, y también a adquirir un solar o apartamentos en la costa. Pero hace falta esforzarse mucho para recibir información sobre los tratamientos, actividades salutíferas y culturales que se ofrecen en la península. Usted sentirá muy rápido el discomfort acústico durante las noches, chocará con precios desorbitantes en los mercados urbanos, atascos en carretera y quedará impresionado por el contraste entre los malecones “glamour” y las barriadas residenciales con malas carreteras, basureros y la actitud poco afable hacia los extraños. Al dirigirse a la playa cruzando un parque que usted conoció antes, no encontrará allí árboles relictos, éstos fueron talados para construir “clubes”.

Verdad que al comienzo el sol, el mar y los maravillosos monumentos naturales hacen olvidar por un tiempo esas tristes observaciones. Pero al sentirse ya descansado, uno empieza a mirar involuntariamente en su derredor, conversar con los lugareños, ver la televisión ucrania y hasta leer periódicos de Crimea. Al hacerlo, uno recibe una nueva porción de la información que lo asombra, la que en Rusia se percibía como una encargada en la lucha por atraer a los veraneantes.
En Crimea se desarrollan acalorados debates en torno al problema de terrenos y la adquisición incontrolada de éstos – casi por hectáreas – en las reservas (alrededor del Sendero de Zar en Livadia, en la meseta de Ay-Petri, etc.). No cesa la apropiación arbitraria de solares por los tártaros de Crimea, lo que de por sí no puede menos que preocupar, pero este año ya ha desembocado en actos de violencia. No se trata de un intento de hacer fracasar la temporada de veraneo, como nos lo explican ciertos medios noticiosos rusos. Desde dentro la situación se ve de un modo distinto y no se reduce, desde luego, a las intenciones de crear pretexto para realizar un relevo de turno de altos funcionarios en vísperas de las elecciones anticipadas. En fin de cuentas, los dirigentes leales a Kíev vienen y se van, y la Crimea queda. El tiempo que falta hasta el 30 de septiembre será, al parecer, el apogeo de la cruel y desvergonzada campaña de redistribución de la propiedad. Por algo el Comité Republicano para Recursos Agrarios de Crimea hizo constar que las apropiaciones en masa comenzaron literalmente al día siguiente después de celebradas las elecciones presidenciales de 2004. Era obvio que tras ello estaba un negocio bien organizado, que obtenía cuantiosas ganancias en el mercado negro. En Ucrania todo el mundo sabe que todos los tártaros de Crimea residentes en la península ya tienen parcelas de tierra o apartamentos, entre ellos no hay personas sin hogar ni sin residencia fija. Hay tártaros que poseen de seis a ocho parcelas. En ciertos lugares ya venden terrenos ilegalmente ocupados a precio de 10 mil dólares por área. Según dirigentes del Comité Republicano para Recursos Agrarios de Crimea, cada tártaro que pretende tener parcela paga a los jefes de los “grupos móviles”, que realizan la apropación, de 500 a 1.000 dólares. De ese modo se reúnen de 7 a 8 millones de dólares, o hasta más, los que luego se utilizan para sobornar a participantes de las acciones de protesta. Resulta que nadie participa gratis en éstas.
Una solución así del problema de terrenos se complementa orgánicamente con diferentes acciones políticas. Por ejemplo, desde hace dos meses en Crimea se debate enérgicamente la decisión del presidente Yúschenko de amnistiar a Kurtseit Abdulláev, organizador del apaleamiento de periodistas en Simeiz y la masacre nacionalista en “Cotton club” de Simferópol. En opinión de la mayoría parlamentaria, esa decisión provocó nuevos choques interétnicos y desató las manos a los extremistas del “mejlis” (parlamento ilegal étnico). Los dirigentes de la Comunidad Rusa de Crimea y de las sucursales locales del Partido de las Regiones y el Bloque Ruso dijeron abiertamente que ese indulto inesperado se debe a un acuerdo directo conseguido entre Yúschenko y los líderes del “mejlis”. “Nuestro presidente vuelve a demostrar que él pone por encima de la ley, la moral y los intereses de la sociedad y el Estado la coyuntura política y las deudas contraídas por él en persona ante el “mejlis” y el “kurultai”, manifestaron ellos en rueda de prensa en Sebastópol. Resulta que, excepto el “mejlis”, nadie más apoya las estructuras presidenciales. Y Yúschenko de nuevo intenta reservarse votos de los tártaros de Crimea en las próximas elecciones, sin reparar en que el objetivo que se proclama el “mejlis” – la autonomía nacional y la independencia de Crimea – contradice la Constitución de Ucrania. A él no le preocupa el que el “mejlis” desde hace mucho ya actué como una fuente de tensión étnica, entre ello entre los tártaros de Crimea “viejos” y los nuevos, advenedizos, ni el hecho de que sólo un 30% de los tártaros de Crimea se muestren leales al “mejlis”. De ser así, no hay nada de extraño en la preocupación de que bajo Yúschenko la península pueda transformarse en una nueva Chechenia o un nuevo Kosovo.

¿Mas significa ello que la mayoría del electorado, igual que antes, dará sus votos a los blanco-azules? ¿Se vincula con éstos o más bien con los comunistas (como ello sucede en Sebastópol) el cese de las apropiaciones y redistribuciones arbitrarias y el retorno de las autoridades que se dedicarán a resolver los problemas apremiantes de la gente y a imponer un orden elemental en el país, donde la policía acude no sólo al producirse incidentes con empleo de armas de fuego? Parece que no mucho. Pues tampoco se deposita mucha confianza en Yanukóvich y su séquito. Porque los habitantes de Crimea han sentido que la península no les haca falta a nadie. La enfocan o como una fuente de enriquecimiento o como un “barrio lejano”. Hasta el momento nadie ha promovido ningún programa concreto de desarrollo de Crimea, de recuperación de su atractivo anterior, el de un paraje único que pertenece no sólo a un país concreto, sino a todo el mundo. Pero todavía hay tiempo. La lucha electoral entra en su fase decisiva.

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Guennadi Bordiugov, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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