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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Son raritos ustedes, los españoles

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 8 de septiembre de 2007, 05:20 h (CET)
Michelle, pronúnciese tal cual suena en castellano, me atiende todos los días desde hace años. Dos veces por día, primero el vermutito, al mediodía, y cuando ya la tarde está vencida, un capuchino y un chupito de crema de güisqui. Es encantadora y muy dulce, orla siempre sus negros ojos con una sugestiva mirada que parece lanzada desde las profundidades de su Caribe original. Desde su llegada hace un par de años el bar que es mi refugio habitual ha multiplicado su clientela, sus mesas macizas, de pesada y antigua madera, ya casi nunca están vacías, sus profundas butaconas están ocupadas más frecuentemente que nunca por sesudos varones que simulan leer prensa de color salmón mientras siguen de reojo su reflejo en los enormes ventanales que dan a la calle Mayor. Yo tengo suerte, a mí me siguen reservando un espacio en el extremo del mostrador, mi rincón.

Michelle, pronúnciese tal como suena en castellano, suele dedicarme los cinco minutos de su descanso y mientras yo me bebo mi chupito de crema de güisqui ella moja precipitadamente un bollo o una magdalena en su colacao. Ayer, por primera vez en estos últimos dos años se tomó un vaso de leche sin más, ni colacao ni magdalena. Quizá no debí haber preguntado, pero incauto que soy, mostré mi extrañeza y ella me dio una apresurada charla sobre la situación económica, que si el ciclo económico está empezando a cambiar, que si la actividad empresarial está retrocediendo, que si cada vez se venden menos coches, que la gente sale menos días de vacaciones, que ya han empezado los cierres de oficinas inmobiliarias y que la construcción está empezando a dejar de ser el motor de nuestra economía.

Michelle, pronúnciese tal como suena en castellano, me ha proporcionado una lección ejemplar, todavía no sé si ha sido de economía, eso que Zapatero iba a aprender en dos tardes, o de lógica, algo en lo que es bastante más difícil instruirse. Me contaba con fuerte pesadumbre sus cuitas económicas mientras revolvía distraídamente unos restos de azúcar que habían quedado olvidados en el fondo del vaso, sabe muy bien que los primeros que van a pasarlo mal van a ser los inmigrantes, y me explicaba cómo pensaba seguir arreglándoselas para enviar dinero a su pueblo en el Caribe colombiano. Ha empezado a ahorrar, de momento ha empezado por el colacao y la magdalena, asume que a partir de ahora hay muchas posibilidades de que vengan mal dadas en el terreno económico y que deberá acometer esfuerzos de ingenio y de economía para sobrevivir.

Michelle, pronúnciese tal como suena en castellano, ha empezado a mirar con ojos llenos de intención a un viudo de porte noble y aspecto selecto. Ella sabe que es mejor prevenir que lamentar y ha empezado a tomar sus medidas por lo que pueda venir dentro de un tiempo. Empezó por el colacao y se llega en el viudo. Es una mujer previsora que no quiere verse sorprendida por un futuro lleno de incertidumbre, sabe que ha de tomar medidas para poder salir adelante.

“Por eso –me decía- no entiendo la actitud del gobierno de ustedes, no entiendo ese exagerado despilfarro económico con el que Zapatero se llena la boca cada vez que tiene una ocurrencia en un debate o en los mítines de Rodiezmo, no entiendo que estén ahora todos ustedes babeando por la nueva demagogia de Chaves. Les quieren comprar el voto, le están poniendo precio a su libertad y se lo van a pagar con el propio dinero de ustedes mismos. ¿De dónde va a sacar el gobierno andaluz tantos millones de euros? No les entiendo, son raritos ustedes, los españoles. Dilapidan en un abrir y cerrar de ojos lo que tanto les está costando ganar y encima premian con su voto a los políticos demagogos”.

“Lo que tanto OS está costando ganar”, enfaticé yo mientras apuraba el chupito y miraba con envidia al viudo de porte noble y aspecto selecto.

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