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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Los que no marcan goles

Pascual Mogica
Pascual Mogica
sábado, 8 de septiembre de 2007, 05:20 h (CET)
El pasado día 4, martes, fue un día negro para el mundo del trabajo. Seis trabajadores perdían la vida en otros tantos accidentes laborales.

Es curioso, la prensa provincial de Alicante solo se refería a uno de ellos ocurrido en Alicante capital y en sus páginas de sucesos no recogían el resto de siniestros ocurridos en otras provincias. Por cierto, la prensa provincial, uno de los periódicos, en concreto el diario Información de Alicante, daba la noticia en las páginas de economía. Yo no entiendo mucho de periodismo pero no llego a comprender porqué un accidente laboral figura en las páginas económicas.

En lo que llevamos de año son cuatrocientos los trabajadores que han encontrado la muerte en sus puestos de trabajo, todos ellos han pasado más que inadvertidos. Estoy de acuerdo en que los trabajadores, los “currantitos” de a pié, no suelen hacerse famosos, yo siempre he tenido muy asumido que trabajando en un tajo y por cuenta ajena, nadie se hace famoso ni mucho menos rico. Pero sí tengo muy claro que estos trabajadores fallecidos en accidente laboral son importantes, muy importantes, para su familia y para sus amigos.

Cuatrocientos trabajadores muertos en su puesto de trabajo son muchos, demasiados. Eso sin enumerar a todos aquellos que han quedado inválidos o con graves y traumáticas mutilaciones. Y es curioso, a ninguno de los fallecidos se les ha dedicado un minuto de silencio al comienzo de la siguiente jornada laboral, ni tampoco se le ha puesto su nombre al edificio o al lugar o infraestructura en que dejó su vida, derramó su sangre o dejó parte de su cuerpo. Lo que suele hacerse es practicarle la autopsia para clarificar las más que claras causas de su muerte, y después de ello los mil y un trámites que la familia tiene que llevar a cabo para recibir una exigua indemnización que a veces tarda años en conseguirse. Muy posiblemente todo ello sea debido a que los que tienen la desgracia de morir por un accidente laboral no han marcado un gol en su vida y que lo único que han hecho es esforzarse diariamente para que su trabajo sea perfecto y rentable para las empresas que les tienen contratados. Pero claro, eso nadie lo aplaude ni provoca el que se forme una enorme y jubilosa ola humana.

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