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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La mora catalanista

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 6 de septiembre de 2007, 21:48 h (CET)
Ayer noche presencié en el Auditori de Barcelona un espectáculo multiétnico, fiel reflejo de la sociedad actual. Sobre el escenario tres lenguas convivían sin que ninguna de ellas se sintiera superior a las otras. Árabe, castellano y catalán eran empleados por los actuantes sin que ni el público ni ellos se sintieran agredidos. Al contrario, todos los asistentes agradecimos el esfuerzo de Mohamed Soulimane, director de la Orquestra Àrab de Barcelona, por emplear el idioma del país que le ha dado acogida.

Pero todo este buen rollito me hizo recordar que no siempre ha sido y es así y que más de una vez los que no tenemos como lengua materna el castellano vemos cómo se nos impele a utilizarlo bajo la amenaza, que creíamos ya olvidada, de “hable usted en cristiano”, y nuestro inculto interlocutor no está refiriéndose en ese momento a que hablemos en arameo, digo yo que es lo que hablaría Jesucristo, sino a que de nuestra boca no salga ni un vocablo que no pertenezca al idioma que Castilla impuso a los indígenas latinoamericanos y al resto de pueblos y naciones de España.

Parece ser que en las academias donde preparan a la oficialidad de la Guardia Civil la lección donde se trata de la Constitución y las diversas lenguas españolas no aparece en los textos o bien algunos de los mandos del cuerpo hicieron campana ese día no acudiendo a clase. En mi infancia a los niños que durante el recreo escolar hablábamos “en dialecto”- como decía un cura vasco que nos daba clase- nos castigaban y para levantarnos el castigo debíamos denunciar a cualquier otro compañero que cometiera el mismo pecado sacrílego de no hablar la “lengua del imperio”. Ahora, tantos años después, y en un estado democrático todavía debemos aguantar autoridades que se permiten decir que en los cuarteles de la Guardia Civil “no hay otra cosa que odiemos tanto como ese maldito idioma”, refiriéndose al catalán. Quiero creer que esas palabras tan sólo mostraban la poca cultura de un capitán de la Guardia Civil de Palma de Mallorca y que no todos en el cuerpo piensan como él, y también quiero creer que sus superiores ya habrán tomado las medidas oportunas para que esto no vuelva a suceder.

En el cuartel donde impone su ley, ya vemos de que manera, este capitán llamado Bartolomé, de tanto en tanto necesitan los servicios de un traductor de árabe o de bereber y para ello solicitan los servicios de Saïda Saddouki quien también habla catalán. A mediados del pasado Agosto fueron requeridos sus servicios para que acudiera al cuartel de Palma e hiciera de traductora, al llegar a la puerta el cancerbero verde, más can que cerbero, que estaba en ella al oírla expresarse en catalán- tal vez dijo “bon día” en lugar de “buenos días”- le espetó “O hablas en cristiano o de aquí no vas a pasar”. Saïda para evitar problemas se marchó sin responder y volvió al día siguiente y esta vez el individuo de la puerta la hizo esperar 20 minutos hasta hacerla pasar al despacho del capitán quien, seguramente fiel defensor de las esencias patrias, montó en cólera cuando en medio de la conversación, naturalmente en castellano, a la interprete se le escapó un “traduccions” en lugar de “traducciones” y conminó a la traductora a hablar en castellano ya que “estás obligada a hablar en castellano porque estás en España” además de decirle que le parecía vergonzoso “que seas de otro país y defiendas un idioma que ni siquiera existe, porque unos se lo han inventado”. Ole, ole y ole por este mando de la Benemérita que para redondear su faena preguntó a la traductora ¿Por qué defiendes el catalán, no es tu idioma?

Y es que en esta España de hoy en día todavía son bastantes los individuos que tienen en sus genes una deficiencia que les hace odiar todo aquello que ignoran. Yo estoy convencido de que son muchos más los guardias civiles que comprenden el resto de lenguas españolas o que, al menos, son respetuosos con ellas que los que tienen un comportamiento tan cerril como el de este capitán de Palma. Ya lo dijo Juan Carlos I de Borbón, el rey que nos fue dado por una transición pactada, “el catalán nunca fue una lengua de imposición sino de encuentro”, lo que pasa es que los que hablamos catalán, en cualquiera de los territorios y comunidades donde se habla, vamos siempre al encuentro con la mano abierta y amiga y nos encontramos, muchas veces, con el improperio y el guantazo metafórico de los hombres de uniforme.

Cuando era pequeño una de las cosas que más miedo me daba era la pareja de la Guardia Civil, hoy, pasados los años, creía que ya era hora de desterrar aquellos miedos infantiles pero veo que alguno de los individuos de este estamento continúa empecinado en que más que respeto les tengamos miedo.

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