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Oro parece, plata no es
Daniel Sanabria
Hace 367 días, es decir, un año y un día, la Selección Española de Baloncesto que ayer arrolló a Portugal se proclamaba campeona del mundo. Entonces el escenario era otro: Japón, donde la tortilla y el jamón dejan paso al arroz y al perro a la plancha. Allí comenzó una leyenda, la de los “Golden Boys”. Para el recuerdo quedó el partido de semifinales ante Argentina, la lesión de Pau, y la paliza a Grecia en la final, sin Pau.
También quedaron escritos en letras de oro esos versos que con españolía entonaban los chicos al terminar los partidos: “mi novia suspiraba por poderse operar lo que tira más que dos carretas...”, Riki López saltó a la fama gracias a Pau y su orquesta. Esta vez el teatro es otro, aunque permanecen los artistas. El director también continua, y esperemos que se haya traído la misma batuta, para que la sinfonía siga sonando igual. Las greñas las mantiene.
No sé si también les pasa a ustedes, pero yo tengo la sensación de que la prensa ya le ha colgado el oro a España, sin ni siquiera empezar el Europeo. Es como si los triples ya fueran a entrar solos, sin necesidad de calcular. No hay griegos, ni lituanos, ni croatas. Sólo España y los españoles. La Ñ que todo lo acapara. No soy yo el más experto en baloncesto pero llegué a entender que crear campeones sin empezar un campeonato es bajar el primer escalón que conduce al fracaso. ¿Un ejemplo? Estados Unidos.
La sensación que flota en el ambiente es la de un equipo que no va a pinchar, que tiene una vida donde no existen los días raros, ni los malos momentos. Parece que si se gana el Europeo, es lo que todos esperábamos, por tanto no habrá ni la mitad de sonrisas que lágrimas caerán si no lo ganamos. Si España fracasa, la decepción será mayor que si España triunfa. Cuando se le presupone una conquista a un equipo, el éxito no es tan voluminoso, al no existir factor sorpresa. Es lo que le pasa un poco a Nadal, que nos sorprendemos más cuando pierde un torneo que cuando lo gana.
En cambio, si un equipo no está nominado para el óscar, el salir elegido campeón multiplica los aplausos. Que es lo que ocurriría si alguna vez la Selección Española, la de fútbol digo, ganara algo más que los amistosos de agosto. Por eso puede pasar que las críticas y los reproches sean más grandes a los perdedores que los halagos y los piropos a los ganadores. Esperemos que no seamos los protagonistas de la historia de los vencedores vencidos.
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