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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

El laberinto de Rosa

Xavier López de Armentia
Opinión
lunes, 3 de septiembre de 2007, 21:53 h (CET)
Como si de un laberinto se tratase, Rosa Díez, ex militante socialista, se ha embarcado en un viaje hacia la derecha presumiblemente encauzado hace ya bastante tiempo. Rosa Diez se ha convertido en noticia estos últimos días, no precisamente por desoír las directrices de su, hasta ahora, partido a las que nos tenía muy acostumbrados sino por su desligación total del Partido Socialista Obrero Español.

Bajo los flashes de las cámaras y con los micrófonos pegados a tu cara, Rosa Diez ha hecho oficial su marcha del PSOE argumentando que su partido se había transformado en un siervo a los pies de E.T.A. y que su proyecto para el Estado no es otro que ceder al chantaje de los nacionalistas. Entre tantos achaques a sus ex compañeros, es difícil encontrar algún reproche a la política popular. Quizás esta señora debería haber tomado la decisión de marcharse años atrás, cuando las posiciones de los populares en Euskadi eran defendidas a ultranza por nuestra querida amiga Rosa.

Esta actitud de deslealtad a su partido le costó el “exilio” a territorio europeo, donde lejos de acercarse a las posturas socialistas emprendió su viraje definitivo a la derecha, votando incluso algunas de las medidas del bloque derechista europeo.

Rosa es una mujer emprendedora, leal a sus principios y con muchísima dedicación e ilusión en sus proyectos. El problema de todo esto es que sus principios bailan tanto que es imposible definir y predecir su posición con el paso de los años. Rosa ha pasado de defender los colores de Euskadi, como Consejera de Turismo en el Gobierno Vasco bajo el lema “Ven y Cuéntalo”, a ser una de las voces más críticas contra el autogobierno vasco y sus dirigentes. El nacionalismo vasco se ha eregido, junto a la política del PSOE como los dos temas centrales de su discurso. Parece Rosa una mujer perdida en el laberinto de sus principios, divagando por las calles de las ideas y los pensamientos, embelesada por la derecha y cautivada por sus nuevos amigos no hace sino descalificar aquello que fue y que defendió.

En estos momentos se encuentra maquinando con otro gran “amigo”, Fernando Savater, la creación de un nuevo partido político de ámbito nacional bajo la Plataforma Pro con la sombra omnipresente de Basta Ya.

Aunque es pronto para realizar análisis políticos sobre la repercusión de la entrada de un nuevo partido en el escenario político estatal, dos premisas se desprenden a primera vista. La primera de ellas es que tanto el PSOE como el PP saldrán perjudicados por la entrada en juego de este nuevo partido político. La pregunta crucial es ¿Quién saldrá más perjudicado?. Por otra parte, podemos adelantar también que la presencia de un nuevo partido político de carácter español y la más que posible ilegalización de ANV, mostrará un Parlamento Vasco en 2009 muy diferente al actual. Ambas acciones favorecen enormemente al nacionalismo vasco moderado ya que los 33 escaños que poseen en su poder las fuerzas españolistas, repartidas ahora entre PSOE y PP, se tendrán que repartir esta vez entre 3 partidos políticos, ya que el techo de escaños ya lo han logrado. (En 2001: 32 escaños; en 2005: 33 escaños).

Aunque queda mucho tiempo para las Elecciones Generales y más aún para las Elecciones Autonómicas Vascas, estoy seguro que en el transcurso de los meses veremos más de una “baja” sonada. Lo que nunca entenderé es “si estas dispuesto a defender los colores de un partido político y con ello una ideología, ¿Cómo puedes cambiar de ideología y criticar ahora lo que defendías antes?”. La vida da muchas vueltas, pero los principios no deberían darlas.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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