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Coherencia e incoherencia de una dimisión
Domingo Delgado
Esta semana se han producido dos acontecimientos dimisionarios de particular importancia, que han acaparado la actualidad noticiosa de nuestro País. Me refiero a las dimisiones de Rosa Regás, al frente de la Biblioteca Nacional, y de Rosa Díaz europarlamentaria socialista, que deja el cargo y el partido.
En el primer caso parece tratarse de un caso de incompetencia política, presentado por la afectada como una discriminación y postergación de la mujer progresista en cargos de responsabilidad política. Pero no parece que tenga mucho de verdad, por cuanto que su partido no se caracteriza precisamente por relegar ni a la mujer ni a los progresistas. De tal manera, que los motivos parece que van más por una deficitaria gestión, que ha coincidido con el desagradable acontecimiento de un robo de material incunable de la Biblioteca Nacional, ante lo que las explicaciones de la Directora al Ministro no le han resultado satisfactorias, de ahí que le haya retirado su confianza, que es tanto como invitarla a marcharse…., dado que su cargo político es de pura confianza política.
Y es que en determinados puestos de responsabilidad en la Administración, no vale prodigarse solo ni como intelectual, ni como progresista, ni como mujer…. ¡Eso es lo demagógicamente fácil…!.
Además la Sra. Regás en sus desafortunadas declaraciones con ocasión de su dimisión aduce que no se merece esta retirada de confianza después de haber dedicado años de su vida a ese puesto. Tal lamento no resulta de recibo ya que son cargos de confianza y por tanto de libre designación para su nombramiento, y en consecuencia para su cese. Pero además, desde el punto de vista profesional habrá percibido sus correspondientes retribuciones, obtenido determinadas distinciones, y acceso a transporte oficial, dietas, etc. Por tanto, que no trate de confundir a la opinión pública, dado que no ha perdido el tiempo…
Todo esto pone de manifiesto una vez más, la autenticidad del denominado “principio de Peter”, según el cual toda persona tiene un nivel de competencia, pasado el cual, deviene en incompetente. De tal manera que un buen mecánico no necesariamente resulta ser siempre un buen jefe de taller…
El segundo caso, la dimisión de Rosa Díaz venía cantada por las posiciones que ha ido adoptando personalmente ante la deriva de la política antiterrorista del Gobierno socialista, con la que no se ha ocultado en manifestar su público desacuerdo, en un gesto que le honra, pero que le ha llevado fuera de su partido.
A nadie se le oculta que existen tensiones, más o menos contenidas, entre la militancia del PSOE por el cambio de estrategia dado al problema vasco, especialmente tras el relevo de Redondo Terreros como secretario general de los socialistas vascos por parte de Patxi López, y en ese cambio resulta fácil adivinar las fracturas que se pudieron producir entre los socialistas vascos, una de cuyas disidentes ha sido Rosa Díaz. De igual modo, que en el resto de España esa cuestión hace sangrar al PSOE, no faltando testimonios disidentes de relevancia como los de Bono, Múgica o Rodríguez Ibarra. Pero el poder del aparato es implacable, y cuando una ejecutiva gana un congreso, aunque sea por poco margen –como fue el caso de Zapatero- coge el poder absoluto del aparato, y domina sobre toda la militancia, la mayoría de la cual asiste con pasividad al discurrir de los acontecimientos, por aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”. Ya que no resulta creíble que la militancia socialista haya asumido tan radical cambio de timón, aunque ahora ante el fracaso patente, se cambie el discurso.
Por consiguiente, la dimisión de Rosa Díaz es un honroso gesto, casi un suicidio político, ya que va a apoyar un proyecto político que tiene que partir de cero. Pero hay que recordar, que fue personalmente víctima del terrorismo al recibir un paquete bomba, que por fortuna no explotó.
Lo fácil hubiera sido seguir cómodamente callada en su puesto de eurodiputada, con “euroretribuciones” lejos del alcance de la media trabajadora española, viajes gratis, trato deferente, influencias múltiples y demás privilegios de la clase política. Pero esta “vasca auténtica” ha querido manifestar su autenticidad con coherencia ante un proyecto que le llevó al poder, del que se encuentra distanciada por la realidad de los hechos, que no llega a compartir.
¡Ojala hubiera muchos políticos con ese talante de autenticidad, y otro gallo nos cantaría…!
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