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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Un día para oxigenar la política: Lo pide el cuerpo democrático

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
lunes, 3 de septiembre de 2007, 21:53 h (CET)
Se ha puesto de moda en septiembre, por parte de la clase política, a mi juicio cada día más desclasificada de su razón de ser y, por ende, descalificada a más no poder por el pueblo, el puedo prometer y prometo, que bautizó en otro tiempo Adolfo Suárez, aunque diciéndolo claro está de distinta manera. Lo del mismo perro con distinto collar porque los tiempos cambian, aunque ya saben, también todo pasa y también todo vuelve. Vayamos, pues, al tajo de los que debieran ser vocacionales obreros al bien común por encima de cualquier otra vestimenta, que lo saludable sería que lo fueran todos los que deciden voluntariamente hacer política con el ejercicio de su actividad, sobre todo para no disgustar lo que reza en la conciencia soberana. Septiembre, y máxime ahora que faltan dos campanadas para ser de nuevo citados a las urnas, siempre ha sido un mes agobiante, de muchos dimes y diretes políticos, de mucha bisutería labial y poco oro del que reluce.

Quisiera, no obstante, antes de examinar lo que han dicho o pueden decir en los próximos días destacados políticos, subrayar que todos ellos, con el plan descanso del verano, han ganado cuerpo. Ya veremos si corazón. Está visto que el veraneo favorece el lustre corporal. Quizás haya que ir pensando, ahora que desde los gobiernos tanto nos quieren proteger socialmente y adoctrinar en plan borrego, que desde el Ministerio de Trabajo o desde el nuevo Ministerio del Ocio que se podría crear, se decretasen vacaciones pagadas a todos por igual, sin que los curritos de siempre, los que no llegan a final de mes, sólo ellos tengan que quemar la extra y encima pedir un crédito si quieren cambiar de aires. El decreto del ocio pagado para los que no pueden pagárselo, ¿para cuando? Qué decretazo más justo sería. ¿Quién lo puede prometer y prometo? Oiga, que hay cientos de cientos de curritos que votan. ¿No hay ningún partido que quiera representarlos? Desde que el PSOE ha perdido la ese, la o y la e, es el singular del PP. Nos da igual una P que dos, van en paralelo, o sea, ahora yo, después tú. En cualquier caso, es público y notorio, que de vez en cuando darle un gusto al cuerpo, y si es de gracia ya me dirán el regusto, viene bien para calmar los nervios. No estaría fuera de órbita que pudiesen recetar los médicos del seguro, como se decía antaño, un tiempo para poder desconectarse de un sistema enfermizo de poderes que se traga, en ocasiones, hasta nuestra propia autonomía personal.

Dicho lo anterior, uno de los principales opositores a Presidente del Gobierno, que a mi manera de ver no ha ejercido la oposición que se esperaba o que incluso esperaban hasta sus colegas de partido, Mariano Rajoy, ha adelantado parte de su repetitivo discurso, no se si pensando en aquel puedo prometer y prometo, sin innovación alguna, que la prioridad de su proyecto político para las próximas elecciones generales va a ser “el bienestar de los ciudadanos, o lo que es lo mismo, el coste de la vida, las hipotecas, el nivel adquisitivo de los salarios, la vivienda o las pensiones”. Es más de lo mismo de lo que se dice siempre, desde igual tajo político, porque entre ellos no hay diferencias como ya advertí anteriormente, el gobierno de Zapatero que se mira el ombligo orgulloso igual que Rajoy, ambos también prometen idénticas guindas, que al final no pasan de ser migajas, como son las relativas a mejora salarial y pensiones. De la herencia y de la inercia de un pueblo luchador suelen vivir los que menos arriman el hombre; es más, suelen derrochar los sudores de los que menos tienen, para sus deleites personales, sin importarles, -en otro caso pondrían remedio-, las familias que se mueren en la incertidumbre.

Todos los políticos ansían ganar las elecciones, malditas mayorías absolutas, porque dicen que las cosas no van bien y que las pueden mejorar. Que saben cómo hacerlo. Pues, ¡háganlo demonios! No esperen, pónganse manos al diálogo y al consenso. Al final, resulta como siempre, otra cantinela más del político de turno, en el escenario de una sociedad esclava de sus propios vicios, atrapada por el feroz consumo, injustamente desigual unas regiones de otras, unos barrios de otros, jerarquizada hasta los tuétanos. De la Vega, que no es tonta y ve que el gobierno ha sembrado muchas normas de política social, o sea mucha palabrería barata, pero que, en realidad, el pueblo ha recogido sólo palabras, pocos frutos, cuando no tomaduras de pelo, anuncia que también aprovechará hasta el último momento para cumplir sus compromisos con los ciudadanos y, así, contribuir a mejorar su vida cotidiana. Este es un mensaje, sobre todo, para los defraudados, que cada día son más, porque ven en el puedo prometer y prometo de siempre, más poder que aventura social, más injusticia que justicia social, más sumisión que solidaridad y libertad social.

Como nunca la desclasificada y descalificada clase política, incapaz de ordenar y de organizar cuestiones que son el abc de los principios rectores de la política social y económica, ha generado tanta inseguridad y desconfianza. La improvisación va consigo, decir una cosa y hacer otra es lo que gobierna. Sería bueno que los políticos, aparte de recuperar el aquiescencia, otro abc del espíritu democrático, recuperasen el sentido común y trabajasen con esa vocación de servicio que exige la propia oposición a político, el que no la tenga que se vaya, trabajando por proyectos que nos unan, por realidades que nos acerquen. Habría que inventarse, tal y como está el patio, un día para regenerar la política antes de que sea demasiado tarde, puesto que son en un estado democrático pieza fundamental, concurren a través de sus partidos a la formación y manifestación de la voluntad popular. De lo contrario, es fácil que se imponga en ella la búsqueda egoísta del interés personal, en detrimento de la dedicación necesaria al bien de la generalidad. El gran Nizami advierte: “No comas delante de los hambrientos o, si lo haces, invita a todos a tu mesa”. En suma, que el pueblo debe poder sentirse tan comprendido como protegido. Debe poder constatar que sus líderes trabajan para garantizarles un futuro mejor y un futuro más igual para todos. Ojalá no suceda jamás que el ciudadano, que ante situaciones de creciente injusticia, se vea impulsado a repetir lo del poeta: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El mañana a todos nos pertenece vivirlo y, desde luego, corresponde a los poderes públicos, injertados de políticos y políticas, promover las condiciones igualitarias que las hagan reales y efectivas.

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