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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Diana, eterno fantasma de los Windsor

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
lunes, 3 de septiembre de 2007, 10:28 h (CET)
Hace diez años comencé septiembre con una trágica noticia. Eran las seis de la mañana cuando alguien desde la emisora de radio en la que entonces colaboraba me llamaba y con las pestañas todavía sin despegar me espetaba: “Diana ha muerto”. Tal vez ha sido una de las noticias más impactantes de la última década, la muerte, todavía por motivos dudosos, de quién había sido la esposa del heredero al trono de Inglaterra sumió al mundo en la perplejidad mientras sus compatriotas lloraban la desaparición de su princesa más estimada. Sus funerales, multitudinarios, fueron la primera bofetada para la Casa de Windsor que le había dado la espalda no sólo en vida sino también después de muerta ya que en aquellos trágicos momentos la Reina Isabel, de vacaciones en Balmoral, al enterarse de la noticia dijo, sin inmutarse, a una de sus asistentas de confianza: “no te preocupes, suponemos que su familia querrá un funeral privado”, y así mediante el empleo del posesivo “su” la Reina expulsaba de los Windsor a la que había sido esposa de su hijo Carlos.

Ha pasado una década desde la trágica desaparición de Diana de Gales y el pueblo la sigue recordando año tras año públicamente reclamando que los hechos que dieron lugar a la muerte de Lady Di sean esclarecidos de una vez por todas. En el mismo momento del accidente las autoridades francesas detuvieron e inculparon a siete de los fotógrafos que en aquel momento se encontraban ejerciendo su trabajo en el túnel de Alma. Muchas son las incógnitas que rodean todavía hoy a este desgraciado accidente pese a que por parte de la justicia se le ha dado carpetazo al asunto. Durante su estancia en Paris la pareja Diana y Dodi siempre fueron en el coche de Dodi y con el chofer del mismo, un vehículo Mercedes negro con las ventanillas tintadas y blindado. En el momento del accidente el coche había sido cambiado por otro Mercedes alquilado a una casa de limusinas y conducido por Henry Paul, jefe de seguridad del Hotel Ritz y con conexiones con los servicios secretos franceses. Además de ir con una tasa de alcohol que le impedía la correcta conducción este improvisado chofer no tenía tampoco la licencia correspondiente para conducir este tipo de vehículos. Nunca se supo qué se hizo del pequeño Fiat 1 blanco que rozó al Mercedes de Diana y Dodi y que dejó una parte de su pintura en la carrocería del mismo, así como tampoco nunca quedó claro de dónde provenía la fuerte suma de dinero que aquel mismo día había sido ingresada en una de las numerosas cuentas corrientes abiertas a nombre de Henry Paul. Muchas preguntas son las que han quedado sin respuestas.

Los hijos de la princesa Diana han querido rendirle un homenaje en el décimo aniversario de su muerte, seguramente son sabedores de aquellas palabras que pronunció su real abuela en el momento de la muerte de su madre, y, naturalmente, ellos si que son “su” familia. Hace unas semanas la recordaron mediante un concierto-homenaje y ahora han querido hacerlo con la celebración de un oficio religioso al que han asistido más de 500 invitados elegidos por Guillermo y Enrique y entre los que se encontraban los cantantes Elthon John y Cliff Richard y los políticos Gordon Brown, Tony Blair y John Major. En un principio se dijo que también acudiría la duquesa de Cornualles, antigua amante y actual esposa de Carlos de Inglaterra, pero ésta ante las adversas críticas y protestas del pueblo y de antiguas amigas de Diana decidió marchar a la montaña antes que tener que escuchar los silbidos que le hubieran dedicado los asistentes, mientras, en los almacenes Harrods, propiedad del padre de Dodi, se guardaban dos respetuosos minutos de silencio. Hace diez años con la muerte de Diana nació un mito entre muchas incógnitas, hoy, diez años después, las preguntas siguen sin respuesta y los Windsor que creían que enterrada Diana nadie más la recordaría ven cómo el fantasma de la princesa del pueblo revolotea por las alas y pasillos de los castillos reales mientras la Monarquía más antigua y poderosa de Europa comienza a tambalearse.

En el mundo de la moda también los grandes creadores se tambalean. Christian Lacroix después de veinte años en el mundo de la Alta Costura y de haber pertenecido a la élite de la misma formando parte del exclusivo grupo LVHM de Bernard Arnault, nos sorprende con su aparición en el catálogo de la revista “La Redoute” donde a partir de ahora los 18 millones de clientes de la misma podrán adquirir ropa y prendas a precios más que accesibles, entre 20 y 300 euros, creadas por el conocido diseñador nacido en Arlés. Entre las prendas que ha preparado para esta su primera aparición en la venta por catálogo encontramos una silla con el nombre de Napoleón, una clásica trinchera adornada con volantes, un vestido de puntillas al que ha titulado “sevillana” y un biombo llamado “Alhambra”, todo ello con preeminencia de los colores rojo y negro. Desde hace algún tiempo la empresa de Lacroix no obtenía las ventas precisas y sus directores comerciales cambiaban constantemente en busca de una mejora, hace algunos meses la empresa fue vendida a la norteamericana Falic especialista en distribución en los “duty free”. Pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, lo que es malo para de Lacroix va a ser bueno para muchas que gracias al catálogo podrán llevar prendas del mismo diseñador que hizo el traje de boda, en el último, por el momento, enlace de Carmencita Martínez-Bordiu.

Los hispanos de Hollywood se reúnen habitualmente al olor de una buena cocina. Nos hemos enterado que Pe , Banderas, Shakira y Salma Hayek se reúnen, cuando los rodajes y las maternidades se lo permiten, alrededor de una buena mesa ejerciendo de cocineros algunos de ellos. La mayor de las hermanas Cruz que tiene buen apetito es una enamorada de las tapas de Salma y Antonio, pero lo que más le gusta es la paella que el malagueño cocina de cuando en cuando. No sabemos qué hubiera opinado al probar la “famosa” paella que Anita Obregón cocinó especialmente para Steven Spielberg cuando andaba por Hollywood en busca de un guión y unos nuevos pechos. Dudo mucho de que aquella fuera una paella comestible ya que la verdadera cocinera era la mamá de Anita quién desde España y por teléfono le iba dictando los pasos a seguir. No sé qué opinaran de esta manera de guisar la paella los valencianos expertos en estas lides, tal vez anatemicen a Ana y a su progenitora.

Ahora hablaremos de una buena cocina. La llegada de septiembre nos ha traído la esperada apertura del bar “Pinotxo” en el Mercado de la Boquería en Barcelona. Allá Juanito y sus sobrinos, Albert y Jordi, se dedican desde hace muchos años a cumplir aquella máxima bíblica que dice “dar de comer al hambriento” y somos muchos los que, habitualmente, acudimos a la Boquería con la esperanza de poder encontrar un pequeño hueco en el mostrador del “Pinotxo” donde siempre es precisa una larga espera antes de degustar sus exquisitos platos. La espera se hace corta al formar parte de un ambiente cálido y familiar que se crea entre uno y otro lado de la barra, Juanito desde la esquina donde está instalada la cafetera se desgañita con las comandas que Albert elabora en los fogones y Jordi va distribuyendo por la estrecha barra llena de clientes de todo el mundo. Estupendos los garbanzos con butifarra negra, los chipirones con habitas, el fricandó, los diversos revueltos, las costillitas rebozadas, los callos, cigalas y langostas que saltan por la barra antes de ser pasadas a la plancha, todo ellos regado con buena cerveza, vino o una copa de cava, y para terminar un cortado especial servido en vaso largo y estrecho. Estos son sólo algunos de los platos a degustar en este especialísimo lugar ya que a lo largo de la temporada los mismos se van adaptando a la cocina de mercado, y nunca mejor dicho ya que “Pinotxo” es una parada más de la Boquería. Si pasan por Barcelona no duden en acercarse a “Pinotxo” y probar cualquiera de los platos que Juanito y sus sobrinos le ofrezcan, pero absténganse de pedir huevos fritos ya que a Albert le pone de los nervios tan sólo oír esa comanda. Es seguro que reconocerá alguna cara conocida entre los clientes, por la barra de “Pinotxo” han pasado gentes como Jacqueline Bisset, Jean Paul Gaultier que pregunta desde Paris cual es el menú apropiado para el día, el expresidente Maragall, al alcalde Hereu que tiene el trabajo a dos manzanas y si va usted a primera hora, seis de la mañana, seguro que departirá con muchos noctámbulos, del gremio de la pluma y el escenario, que van a tomar un tentempié antes de replegarse hacia la cama.

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