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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Un pazo en el candelero

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 3 de septiembre de 2007, 10:28 h (CET)
Hace ya más de treinta años que Francisco Franco, lleno de cables, falleció en la cama de un hospital madrileño pero su sombra todavía cabalga por plazas, calles y caminos de la España que tuvo subyugada durante casi cuarenta años. Todavía es posible tropezar con alguna estatua del dictador instalada en alguna plaza y son muchas las calles de poblaciones españolas que siguen manteniendo en sus nombres los recuerdos del autotitulado “generalísimo” y de algunos de sus conmilitones, por no hablar de alguna escultura ecuestre de quien era tan mal jinete, como la que durante décadas presidió la plaza principal de Valencia, que ahora se encuentran situadas en lugar preferente en algún cuartel. Parece que el tiempo todo lo borra pero no es así, de tanto en tanto el apellido de los Franco vuelve a aparecer en la prensa, unas veces con motivo de algún escándalo de índole sentimental y otras por la negativa familiar a reconocer que “la finca de papá” ya no es tan sólo una pertenencia familiar de la familia.

España es el único país del mundo en el que “muerto el perro no se acabó la rabia”, aquí décadas después de desaparecido el dictador sus familiares siguen actuando como si nada hubiera pasado y todavía se encontraran bajo la sombra protectora del abuelito y sus mesnadas policiales. Unas veces es la hija, Marquesa de Villaverde, quien es detenida en un aeropuerto intentando sacar del país algunas joyas con la excusa de hacerse un reloj que le recordara a su padre, en otras tenemos que sufragar vía impuestos los torpes bailes de la mayor de las nietas la cual necesita de manera permanente hacer caja ya que nunca aprendió un oficio al pensar que la bicoca del abuelito le durararia toda la vida y cuando no, nos encontramos en los programas rosas, rosa suele ser su contenido y “rosa” el lobby que en ellos domina y predomina, al pequeño de los nietos, desencajado y lloroso, acusado de maltratar a su novia.

Pero todo esto es una pequeña minucia, donde la familia está verdaderamente unida es en la defensa de sus más preciados bienes terrenales. La Xunta, ya saben que después de años de estar dirigida por el franquista Fraga Iribarne ahora está regida por los rojos del socialismo y los nacionalistas del bloque, ha decidido que es hora ya de que el Pazo de Meirás, la propiedad franquista más conocida, pueda ser disfrutada por todos los españoles aunque tan sólo sea durante cuatro días al mes. Y para ello se intenta incoar el expediente que declare al viejo santuario franquista en Bien de Interés Cultural (B.I.C.) con lo cual la propiedad seguiría en manos de la familia Franco pero con algunas limitaciones como la de abrir durante cuatro días al mes una parte de la misma para la visita pública y la de tener que ofrecer la venta del Pazo en primer lugar a la Xunta.

La señora marquesa, aquella niña que en su candidez definía a España como “la finca de papa”, ha movilizado a su equipo de abogados para impedir que los técnicos de la Xunta puedan visitar el Pazo de Meirás, hoy lugar de bodas, bautizos y comuniones, en un intento más de dilatar el nombramiento del mismo como B.I.C. y como excusa se ha refugiado en la protección de la intimidad de los suyos mientras el Partido Popular gallego hace causa común con Carmen Franco Polo demostrando una vez más cuales son las raíces de muchos de sus dirigentes y militantes. Sus abuelos, seguramente, formarían parte de aquellos vencedores que en 1938 obligaron a los gallegos a sufragar mediante una suscripción la compra del Pazo de Meirás a la familia de la escritora Pardo Bazán, que fue quien lo erigió en un principio, para ofrecerlo como regalo al dictador y ahora los nietos hacen causa común con los descendientes del viejo general. Ya dice el dicho que es de bien nacido ser agradecido.

No sabemos en qué quedara todo esto, seguramente tendrán que ser los tribunales los que digan la última palabra, mientras, a la Xunta le queda el derecho al pataleo ante la prepotencia de los Franco y si estos no cumplen la ley ir imponiendo las sanciones correspondientes, pueden llegar hasta los 60.000 euros. Pero no se preocupen que esta familia siempre tendrá efectivo en sus bolsillos para hacer frente a las sanciones, los muchos negocios, especialmente garajes y fincas en Madrid, que gracias al “abuelito” les han quedado dan para pagar una multa y mucho más. Y en última instancia siempre les queda el recurso de poner a bailar o volver a casar a la mayor de los nietos para hacer caja y pagar así las multas.

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