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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Soledad soy yo

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 1 de septiembre de 2007, 06:56 h (CET)
“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”. Jorge Luis Borges

Esta mañana, de camino a la biblioteca, después de hacer la parada habitual (y es que, incontrovertiblemente, el hombre, al menos quien firma abajo, es un animal de costumbres), de rigor, en el cíber-café “Praga”, donde tengo medio instalada mi oficina, a fin de leer en las diversas direcciones de correo que tengo y uso los “emilios” que me han mandado por la noche (o durante las primeras horas de la mañana) mis amigos (y/o) escoliastas (pues, aunque forman legión los individuos que no me creen cuando se lo asevero, así es, de verdad, no tengo ni ordenador ni Internet en casa), como un asiduo “apostillador” me solicitaba con especial encarecimiento (que no miento) que le suministrara pormenores en relación con las personalidades de Soledad y Margarita, me ha brotado o nacido (y hasta urgido) la idea de responder al mentado comentador peticionario urdiendo un texto aclaratorio, en el que desvelara quién se esconde tras Soledad y qué tras Margarita.

Como usted, desocupado lector, ya sabe, porque acaba de comprobarlo, he titulado la presente “urdiblanda” parafraseando la respuesta que Gustave Flaubert dio otrora a quien le preguntó en quién se había inspirado para crear el personaje de Emma. Flaubert no salió por peteneras (como algunos coligieron), no, al contestar: “Madame Bovary soy yo”.

Evidentemente, detrás de todos los personajes literarios que pare mi caletre está (con más o menos virtudes o defectos) servidor. Ergo, Soledad soy yo, un ser solitario. Y Margarita es la bolsa, patrocinada por el Gobierno de Navarra, promotor de las bibliotecas públicas de la Comunidad Foral, que, cuando bajo y subo del PLE (Purgatorio de los Libros Empolvados) o del PAM (Purgatorio de las Arpas Mudas) a diario, suelo llevar siempre en una de mis manos; bolsa en la que porto mis últimos retoños de papel, los cuatro o cinco textos que acostumbro a tener en el telar, mientras van madurando, y, esporádicamente, el o los libros que ando (re)leyendo en esos momentos.

Espera y desea no haberle defraudado al abastecerle (con) las certezas que subyacen subrepticiamente en Soledad y Margarita su seguro servidor de usted.

Post Scríptum

Ahora bien, como el rubricante se tiene por aprendiz de bardo y, según Fernando Pessoa (“¿El poeta? Un fingidor. / Finge tan completamente, / que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente”), todo vate con lícitas aspiraciones de profeta es un experto embaucador, acaso pretenda colarle a usted por verdad lo que no es más que una inconcusa bola, un manifiesto y malévolo bulo.

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