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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Umbral, tío, tron

Alberto Basterrechea (Madrid)
Redacción
miércoles, 29 de agosto de 2007, 21:37 h (CET)
Primero fue franquista, después rojo y al final acólito del Partido Popular. Pasó de pedir prólogos a Dioniso Ridruejo a recibir en su dacha al subcomandante Marcos; del trato efusivo con Vázquez Montalbán y Saramago a recoger medallas de Esperanza Aguirre. Ha muerto Francisco Pérez Martínez, ha muerto Umbral.

Tenía 75 años y no 72, como leerán en los diarios: hasta en eso mintió. También les dirán que escribió 126 libros, pero tampoco es cierto: yo me los he leído y atestiguo que lo que verdaderamente hizo fue escribir el mismo libro 126 veces.

Sus novelas eran desordenadas, sin apenas estructura; sus ensayos no tenían hueso, se perdían en la anécdota; por otra parte, toda su obra está atravesada por un sexo oscuro y machista, por una crueldad innecesaria, por un narcisismo y egomanía insuperable.

Hizo estragos en los lectores más impresionables. Algunos abandonamos a todos nuestros ídolos literarios y nos hicimos monoteístas sólo por él. Sus sectarios nos citábamos en los cafés para poner a parir su último libro. Cuando sacaba el siguiente lo volvíamos a comprar y lo volvíamos a poner a parir. Así llevábamos décadas, y qué felices éramos desde que contrajimos su enfermedad.

Lo de morirse en agosto era algo que se sabía. Se ha muerto en este mes sólo por joder. No creo que vaya al cielo, porque allí no quería ir, y tampoco creo que vaya al infierno, porque supongo que después de Cela ya no quedará sitio. Peor es lo nuestro: ¿quién nos salva a nosotros?

¿Vamos a conformarnos con toda esta patulea de escritores honrados, guapos, buenos padres de familia y tan estupendos que no hace falta ni leerlos? ¿Vamos a quedarnos con esta banda de mazorrales que no saben poner bien un solo adjetivo? ¿Vamos a soportar el reinado de los galdobarojianos y los angloaburridos?

Nos metiste el vicio y ahora nos dejas, cabrón. Qué nos has hecho, qué nos has hecho, con todo lo que te hemos querido, tío, tron.

Adiós, Umbral. Saluda a Quevedo de mi parte. Eras el mejor y punto.

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