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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las plagas de Catalunya

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 29 de agosto de 2007, 21:37 h (CET)
Recuerdo, de mi lejana infancia, aquella narración bíblica del Éxodo en la que se relataba la duradera estancia de los israelitas en Egipto, su largo cautiverio y los miles de ellos que murieron de accidentes, agotamiento y enfermedades, contruyendo las faraónicas pirámides, futuros mausoleos de los reyes. Por mediación de Moisés, Jeová envió diez plagas para obligar al tirano faraón, Ahmose IV, que permitiera a los isrealíes abandonar Egipto en busca de la tierra prometida. Salvando las distancias y los personajes implicados en aquella historia milenaria, podríamos decir que, en España, se están reproduciendo algunas de aquellas plagas metamorfoseadas en nuevas desgracias adaptadas a las circunstancias que, la modernidad, nos ha obligado vivir.

Podríamos decir, por ejemplo, que en Catalunya, convertida por mor del Tripartito, de los progres, homosexuales, lesbianas, okupas, antisistema, separatistas y demás seres de semejante especie, en la moderna ciudad maldita de Dite, reino del pecado; se está sufriendo, este verano, la maldición del Cielo. A un agosto inusualmente pródigo en tormentas y lluvias, se ha añadido la presencia en nuestras costas de bestias marinas que han recorrido las costas de Tarragona, Vilanova y Roda de Bará despertando curiosidad, inquietud y precaución entre los habituales bañistas que han tenido que añadir, a las inclemencias del tiempo, el temor a salir del agua con un pie, un brazo o una mano menos, según nos adoctrinó, hasta la saciedad, toda la saga de películas de “Tiburón”. Por si no hubiera bastante, como castigo adicional por nuestros pecados, cayó sobre los ciudadanos catalanes el “gran apagón”, monstruo eléctrico equiparable al gran dragón de fuego que arrasaba ciudades con su aliento llameante. No menos peligroso y, por supuesto más dañino, el apagón perjudicó a 310.000 abonados, y dejó la ciudad a merced de los cacos y ladrones de cobre. Le siguió la plaga de los decibelios a cargo, esta vez, de los apestosos transformadores que restablecieron la luz, pero dejaron en vela a los sufridos ciudadanos que tuvieron que soportarlos.

Pero, por lo visto, no fue suficiente penitencia para los pecados de aquellos que se han dedicado a establecer la “ruta de la borrachera” para aquellos extranjeros aficionados al tintorro, la cerveza y la parranda, que son conducidos, como rebaño de corderos, por todas las tascas más inmundas de Barcelona hasta que cogen una pea de no te menées con el aparatoso final de una vomitona por todos los rincones de la ciudad. Puede que tampoco fuera suficiente para los maltratadores y los degolladores de mujeres que ya han conseguido la bonita cifra de 52 mujeres asesinadas, sin que parezca que la racha lleve visos de parar. Sea por lo que fuere, nos llegó la plaga de averías en los ferrocarriles. Gentes evacuadas por los túneles; viajeros abandonados en las estaciones; vagones que descarrilan, desorganización, exasperación, desesperación; gritos; insultos; lamentos ¡Y la ministra sin dimitir! Y los que pidieron la dimisión en el Parlamento, encogiéndose, arrugándose, disculpándose por haberlo hecho ¡Pobrecillos!, ¿qué harían ellos sin chupar de las arcas del Estado? Pero la plaga sigue y, si no me creen, ojeén la prensa diaria y verán que no hay día sin que haya algún incidente en las vías férreas. ¿Dejadez, material obsoleto, sabotaje, incapacidad? Vaya usted a saber, pero la plaga la tenemos aquí; castigándonos.

Y, por si fuéramos pocos, ¿quieren ustedes castigo mayor, ni plaga más terrible que esta que estamos padeciendo, desde que en las pasadas elecciones salieron los mismos que antes nos hacían la vida imposible?, gracias, como no, a el espíritu masoquista de los catalanes que, antes que votar a las derechas, son capaces de tirarse de cabeza a las propias calderas de Pero Botero. Pero, en el pecado llevaron su penitencia, y ahora todos aquellos que, en un rapto de catalanofilia y locura, eligieron al Tripartit (que ahora no sé si es Tripartit o Bipartit o, vaya usted a saber lo que es) han podido comprobar, en sus propias carnes las ventajas de depositar su confianza en un hatajo de incompetentes, demagogos y filibusteros de competencias, para las cuales no están preparados ni tienen los medios para desarrollarlas. ¡Y tienen la cara dura de exigir más inversiones en Catalunya! Pero, señores, ¡si les vienen dando todo lo que piden; si hasta les han concedido un Estatut que es poco menos que la tan ansiada, por algunos, independencia! ¿Qué quieren más, que nombren a Barcelona capital de España? Supongo que se habrán dado cuenta de que el señor ZP les ha tomado el pelo cuando les ha dicho que todo el esfuerzo inversor del Gobierno se centrará en los catalanes ¡Y un higo! Ahora les está diciendo lo mismo a los de Lugo, con parecidas palabras: “en el norte será donde más invierta el Estado”. ¿En que quedamos? Primero en Cataluña, luego en el norte y supongo que también en Baleares. ¿Cómo podra atender a todas estas promesas? Por la fuerza deberá haber una autonomía donde se invierta más y otras en las que se invierta menos? Si no se invierte en todas igual, deberá incumplir sus promesas en alguna de ellas. Señores esto son matemáticas de primaria: dos más dos igual a cuatro. Luego, si la lógica no me falla, y no suele hacerlo, el señor ZP ha mentido en algún sitio, ¿será en Catalunya? O ¿será en Lugo o enBaleares? Saben lo que les digo: a mi me parece que, siguiendo su costumbre, miente a todos.

Vean ustedes, ZP sabe que las plagas de Catalunya le restan votos; sabe que el el País Vasco las cosas van a trompicones; que negocian con ETA, pero ésta va de por libre y lo mismo les promete un caramelo que les da un pescozón, como ha sucedido con el reciente atentado del cuartel de la guardia civil. La bonanza económica ya no es tal y si la cosa sigue por el mismo rumbo, puede que el euroibor llegue al 5%, en cuyo caso, váyanse preparando las entidades crediticias para aguantar el empujón. En economía, se produce algo parecido a aquel juego en el que se colocan en fila las fichas del dominó, una detrás de otra; si se empuja la última todas ellas acaban tiradas en el suelo. Pero en Catalunya puede más el sentimiento identitario que el sentido común y están convencidos de que cuanto fueran “nosaltres sols”, cuando consiguieran desligarse de las ataduras que los mantienen unidos a España y se rigieran por si mismos, todo serían “flos y violas”, en castellano, “flores y violas”, y que gozarían de la misma prosperidad económica que ahora les permite el exportar el 75% de su producción al resto del páis. Tuvieron una muestra con el tema del cava, pero parece que no escarmientan. ¡Allá ellos!

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