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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Los georgianos 'han fastidiado' a Moscú

Dmitri Kósyrev
Redacción
miércoles, 29 de agosto de 2007, 16:25 h (CET)
Al incidente del misil antiradar, que un avión ruso supuestamente dejó caer (o lanzó) el 6 de agosto sobre el territorio georgiano, se ha añadido uno nuevo, el del cohete destruido por las autoridades georgianas en circunstancias bastante sospechosas (ya sin “supuestamente”).

Moscú está cansado, al parecer, de escuchar con regularidad las acusaciones que le dirigen las actuales autoridades de Tbilisi. Siempre que Georgia intenta ejercer presión sobre Osetia del Sur secesionista, en el espacio mediático de Georgia aparecen unos OVNI, objetos voladores no identificados. Y a pesar de que su identificación no se consigue, Tbilisi acusa a Rusia de haber violado su espacio aéreo. El objetivo de ello es bien comprensible: ejercer influencia sobre la opinión pública mundial, con tal de no permitirle a Rusia participar de algún modo en la operación de mantenimiento de la paz en el conflicto entre Georgia y Osetia del Sur.
Pero esta vez la diplomacia de Moscú pasa a la ofensiva, aunque sin esperar mucho éxito, pero tampoco sin abandonarse al pesimismo que sentía antes, tras conocerse los resultados de las acusaciones georgianas de turno. En el actual “caso misilístico” hay pruebas materiales demasiado obvias.
Conviene hacer recordar que los fragmentos del cohete fueron estudiados en territorio georgiano por expertos de los países que tienen problemas en relaciones con Rusia: Polonia, Estonia, Gran Bretaña, etc. Ellos llegaron a la conclusión de que el cohete era ruso (lo que no niega nadie) y que la frontera georgiana fue violada por parte de Rusia.
Pero aquellos mismos días las autoridades georgianas dieron acceso a su territorio también para expertos rusos: altos mandos de la Fuerza Aérea, expertos en materia de armas y radares, quienes expusieron sus deducciones en rueda de prensa ofrecida en la embajada de Rusia en Tbilisi.
En estas conclusiones basó su informe el embajador de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, quien dijo cosas muy serias: que Georgia de hecho falsificó el bombardeo del 6 de agosto.
En teoría, se puede falsificar el seguimiento por radar del espacio aéreo, porque se presta a falsificación cuanto se procesa en ordenador. Por ello se puede hacer caso omiso a los datos tanto georgianos como rusos del control del espacio aéreo.
Pero hubo otros hechos expuestos en rueda de prensa por expertos rusos, a saber: la parte georgiana destruyó (¿cón qué fin?) el bloque central del cohete que no explotó, en el que figuran la fecha de la fabricación del cohete y el número de la unidad militar a que estaba destinado. Fue destruido (por explosión de un cartucho de trilita georgiano) el embudo que dejó el cohete al caer, a partir del cual se podía determinar, por ejemplo, de qué parte éste venía. Faltan dos terceras partes de los fragmentos del cohete, y entre los que quedan el más grande fue separado de los demás no por explosión, sino por un instrumento de corte de metales, además el lugar del corte estaba muy aherrumbrado. El cohete en tal estado no puede menos que explotar, al entrar en contacto con el suelo.
Por último, fue rara la conducta de los expertos de otros países que en aquellos días estaban en Tbilisi. Parecería, que les debía interesar la opinión de los rusos que conocen mejor que otros sus propias armas. Pero no hubo contactos.
Se puede comprender mucho a partir de las palabras que pronuncia – y que no pronuncia – la conservadora y circunspecta diplomacia rusa. Si se dijo “premeditada provocación”, ello significa que hay hechos serios que lo corroboran.
Pero la parte rusa no confía mucho en lo de obtener éxito. Existen varias causas de ello. Primero, el público poco versado de EEUU y Europa enfoca al régimen georgiano como un baluarte de la democracia en el espacio postsoviético (o una espina en el costado de Rusia). A Georgia la invitan con insistencia a ingresar en la OTAN. Al régimen georgiano le perdonan muchas cosas, en particular, los intentos de aplastar a la oposición o de arrastrar a los europeos y los estadounidenses a su confrontación con Rusia. Por ello es de suponer que también le perdonarán el “caso del cohete destruido”.
En el mundo actual queda impune de hecho todo, incluidas las guerras destructoras que se libran sin tener fundamentos de peso para ello (por ejemplo, la de Iraq). Se puede predecir que los hechos presentados por Moscú en la ONU sobre el caso en cuestión se debatirán y se olvidarán. Pero esta vez la diplomacia rusa no desistirá de su intención de poner fin a la práctica viciosa de dirigirle a Moscú acusaciones infundadas.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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