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Etiquetas:   A la guerra con la guerra   -   Sección:   Opinión

El remedio de castrar

Óscar A. Matías
Óscar A. Matías
martes, 28 de agosto de 2007, 21:55 h (CET)
Carlos Broschi, más conocido como Farinelli, fue castrado como otros muchos de su época. Aunque en el siglo XVIII esta práctica estaba penalizada, bajo la excusa de razones médicas muchas familias la ejercían con sus hijos con el convencimiento de que alcanzarían ser grandes cantantes. Farinelli lo fue. Johann Joachim Quantz escribió de él que tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica y bien modulada. Quizás por ello pronto alcanzó éxito y fama creciente. A España vino con la intención de quedarse unos meses, y acabó viviendo 25 años, por la influencia que había ejercido sobre el rey Felipe V. Durante años, noche tras noche, se le pedía que cantara para el rey. A cambio el monarca le concedió un cargo de primer ministro. Con Fernando VI fue nombrado director de los teatros de Madrid y Aranjuez, y durante esta época se le otorgó el rango de caballero y se le condecoró con la cruz de Calatrava. Con el ascenso de Carlos III el artista se retiró a Bolonia donde pasó el resto de sus días.

Farinelli forma parte de una larga lista de eunucos famosos de la historia. Entre ellos se encuentran Bagoas (a quien se le relaciona con Alejandro Magno), Ganímedes (que estaba al servicio de Cleopatra), Narsés (general de Justiniano I), Ts’ai Lun (consejero imperial chino de la dinastía Han), etc…

Eunuco, pues, es el término con el que se designa al hombre castrado. Históricamente, al eunuco no se le consideraba ni hombre ni mujer, y entraba a formar parte de un nuevo género. De esta forma estaba destinado a realizar tareas especiales por su condición. El miedo ante la posibilidad de perder la propia sexualidad fue motivo de estudio para Sigmund Freud. El psicoanalista denominaba complejo de castración al descubrimiento masculino y femenino del sexo opuesto.

La posibilidad de convertirse en eunuco podía venir de distintas causas: heridas de guerra, enfermedades, accidentes,… Se cuenta que en la Grecia antigua existía un pueblo llamado Amazonas, que estaba dominado por mujeres, y según la leyenda mutilaban a los hombres cuando no los necesitaban para la reproducción. Por otra parte, en imperios antiguos como el babilónico, chino, árabe, turco y bizantino era costumbre la práctica de convertir a hombres en eunucos, a quienes se les encomendaban tareas específicas, como el cuidado de las mujeres del harén.

En China los eunucos trabajaban en el Palacio Imperial, logrando alcanzar una vida acomodada. Muchos de ellos eran delincuentes a quienes se les sancionaba con la castración. Dado que la condición de eunuco comportaba una holgura económica, hubo quienes procedían a la automutilación para lograr acceder al trabajo en palacio.

Otras costumbres curiosas son como la de los pueblos afars y los issas, en el oriente africano. Cuando un varón quería acceder al enlace con una hembra, debía demostrar primero su valor entregándole como regalo los genitales de otro hombre a quien previamente había mutilado. Si no lo conseguía era burlado con frases que ponían en entredicho su masculinidad.

Hasta hace unas décadas los eunucos también estaban en Rusia, y actualmente los hay en la India conocidos con el nombre de hijras.

Año 2007. Nicolás Sarkozy defiende la castración química para algunos delincuentes sexuales. En Cataluña la Consejera de Salud Marina Geli se plantea la aplicación de esta práctica para casos determinados. La discusión no ha tardado en llegar, con votos a favor y otros en contra. La Asociación Española de Profesionales de la Sexología (AEPS) ha comunicado que la castración química es ineficaz, y ha advertido que “el impulso violento se mantiene pese a la disminución de la testosterona”. Más aún. Iván Rotella, sexólogo y portavoz de la asociación, ha alertado que “la sensación de incapacidad que experimenta un pederasta tras haberle practicado la castración química los vuelve más violentos”.

El jurista Gustavo López Muñoz y Larraz, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, ha recordado que el método ya se aplica en Estados Unidos desde hace tiempo, y con resultados positivos, pero que su aplicación en España tendría que ir precedida de modificaciones legislativas.

Ya veremos cómo terminará este asunto. De todas formas, en el supuesto que se acabara aceptando este tipo de condena, seamos conscientes que nos veremos envueltos de un resurgimiento de castratis. ¿Qué será de ellos? ¿Se les asignarán funciones específicas como en otras fases de la historia? ¿Llenarán los espectáculos de ópera del Liceo? ¿Serán quiénes acabarán cuidando de las damas de la Zarzuela? ¿Serán elevados al rango de funcionarios para acometer tareas especiales en la Moncloa? El debate está servido.

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