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Empiezan para España las vacas flacas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 27 de agosto de 2007, 22:11 h (CET)
Parece ser que el mes de Agosto es un mes propicio para dejar caer, como quien no quiere la cosa, aquellas noticias que pueden tener la particularidad de soliviantiar a la ciudadanía. Mucha gente está de vacaciones y prefieren abstenerse de leer los periódicos, porque saben que pueden amargarles el merecido descanso; otros se mueren de envidia pensando que les toca dar el callo mientras los otros se están dando chapuzones en las playas o se sientan ante una monumental paella para dar buena cuenta de ella, y no están para fijarse demasiado en noticias que normalmente no aparecen en las primera páginas de la prensa y, por supuesto, la mayoría de los que forman la clase política de la Nación están desaparecidos viajando por estos mundos de Dios o convenientemente camuflados en algún hotel de postin o rincón paradisíaco, alejados del mundanal ruido. Tan alejados están, que no hay quien los pueda localizar cuando se precisa que estén al pie del cañón, pero ya estamos tan acostumbrados que no nos sorprende.

El caso, señores, es que parece, según se nos informa en los medios de comunicación, que el mismo Banco de España ha advertido de la posibilidad de que la parte de producción de cereales desviada para la producción de biocombustibles y el exceso de la demanda mundial producida por las economías emergentes, están superando a la oferta de dichas gramíneas, de tal forma que se han constitudo en un factor negativo para la inflación. Se habla de incrementos de coste que pueden alcanzar de un 60% a un 80%, ¡estamos hablando de productos de primera necesidad para el consumo doméstico, no se olviden! Pero no es mi intención, ni estoy capacitado para ello, el darles una charla sobre las causas de tales aumentos; me voy a limitar a comentar las repercusiones que para la economía particular de cualquier ciudadano de a pie pueden tener estos incremento brutales de costes de artículos de primera necesidad. No hace muchos días también se dejó colar en un artículo de prensa, el anuncio de que la leche va a incrementar su precio en un 30%; como siempre suele ocurrir salen los técnicos a justificar este crecimiento argumentando encarecimiento de los piensos, mayor demanda del mercado emergente etc. No tengo idea de si será cierto, pero lo que si en verdad lo es, es que, cuando hay sequía aumentan todos los precios de la alimentación y cuando llueve mucho, también; de lo que podemos sacar la consecuencia de que no hay remedio para que se conserven o disminuyan. Nada nuevo bajo el Sol.

Pero, lo que es evidente es que, si suben irracionalmente todos los combustibles; la carne y los pescados están a precios astronómicos; las hipotecas se están poniendo a límites imposibles, con un euroibor cercano al 4’9%; las bolsas están dando saltos incontrolados, denotando una gran inestablidad y volatilidad (que se corresponden con los saltos de los corazones de los inversores en sus respectivas cajas torácicas); la leche, las harinas y todos aquellos productos relacionados con dichos alimentos( quesos, mantequillas, bollería, pastelería etc.); lo que no es de recibo es que la mayoría de la población, la sufrida clase media y los obreros, vean que sus salarios quedan alejados de lo que precisan para vivir. Sería conveniente que el señor Rodriguez Zapatero, nuestro Presidente del gobierno, nos diera una explicación de las declaraciones que hizo hace unos días, seguramente inspirado por el espíritu vacacional que le invadía, en las que afirmaba que en España todo iba bien, que no teníamos peligros que nos amenazaran y que podíamos respirar tranquilos bajo su sabia batuta.

Muy bien, pero yo digo que, salvo que nuestro Presidente disponga de poderes mágicos ( hasta ahora ocultos) o las matemáticas hayan dejado de ser una ciencia exacta, quisiera que alguien me explicara a qué viene tanto optimismo si el Banco de España nos anuncia un aumento de inflación; los precios del petróleo, la carne, el aceite, las harinas, la leche y sus derivados, las frutas, las verduras aumentan en proporciones geométricas, ¿cómo se va a arreglar el señor Solbes, nuestro ministro económico, para que la población española, con incrementos salariales del 2 o el 3 por ciento, pueda salir del paso, si resulta que los aumentos que se nos anuncian van desde un 30% a un 70% o, incluso más? Seguramente los jubilados estarían encantados de que el Ejecutivo les informara, mejor dicho, los tranquilizara dándoles recetas para lograr sobrevivir en un estado de cosas como el que se nos anuncia. Si siempre ha existido un abismo entre los precios reales de las cosas y los precios que se nos anuncian, si los gobiernos nos han querido habitualmente hacer comulgar con piedras de molino siempre que les ha interesado camuflar sus carencias para detener la inflación; sería una buena fórmula, un medio de conseguir nuestro voto, el que nos dieran una amplia explicación de cómo un Gobierno de España, en lugar de preocuparse de que los ciudadanos mejores de nivel de vida; en lugar de evitar el encarecimiento de los productos básicos, pierde su tiempo confratenizando con las repúblicas democráticas del Cono Sur, les condona deudas y les hace préstamos cuando lo que debería hacer es apoyar a las empresas lecheras españolas ante la comisión de la UE, intentar conseguir las máximas ayudas económicas de Europa y proteger nuestros vinos y los demás intereses de los ciudadanos. Por el contrario se ha dedicado a negociar bajo tapete con etarras, hacer estatutos que nadie había reclamado y desatender las infraestructuras; en la demostración más palpable y vergonzosa de de la ineptitud completa para gobernar.

Lo he anunciado en otros de mis artículos y lo reitero en este: España está a punto de enfrentarse con una época difícil, No somos, ni mucho menos, los mejor preparados para atrevernos con una posible recesión económica, ni estamos en condiciones de soportar una nueva confrontación interna por mor de una política suicida de enfrentamiento entre los españoles; vean pues, el señor ZP y el PSOE que le apoya en su deriva hacia el tercermundismo, lo que hacen y pónganse las pilas antes de sea tarde para salvarnos de la que nos espera. Y si no creen que estoy en lo cierto, el tiempo será quien lo juzgara. Les aseguro que estaría encantado de tener que rectificar.

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