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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Dimensiones mágicas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 27 de agosto de 2007, 05:59 h (CET)
Esta vez me encuentro de plano con uno de esos acontecimientos, que por habitual en la sociedad, no pierde su fuerza y su trascendencia en la vida de cada persona. Ha muerto mi padre.

No se trata de ninguna sorpresa, su edad provecta de 91 años no presagiaba una evolución más halagüeña. La mengua de sus aptitudes físicas, con una gotera por aquí y otra de allá; corazón añoso con marcapasos, infecciones urinarias, vista deteriorada y alguna otra, marcaban muy a las claras la tendencia. Pese a ello, conservó una buena actividad mental, alivio importante, dadas las penurias de los deterioros cerebrales, Alzheimer y similares. ¿Se trata de un hecho aislado con poca trascendencia en general?¿Nos permite ahondar sobre nuestra presencia radical en el mundo? Entre los grandes concepto y la vida concreta se asoman algunas consideraciones interesantes.

1916, en cuanto a crisis, planteaba angustias acuciantes por diversos conductos, convulsiones de la época, economías débiles, escaso medios culturales, junto a otras lindezas. Para los jovenzuelos de esos años, la suerte se adhería a tres pilares egregios, la familia, un maestro digno y entusiasta; completándose la terna con unos horizontes abiertos a las grandezas auténticas. La importancia de lo económico no anula otras grandezas. Eran momentos de escasos y cortos viajes, como una especie de secuestro PUEBLERINO, con muy contada información foránea. El hambre, los duros trabajos precoces y la sencillez ilusoria de los juegos; marcaban, pero sin inutilizar el brote de las mejores cualidades. Como intuímos en esos ambientes, la educación y convivencia se mamaba en la práctica, y como vemos hoy en día, no será tan fácil considerar superada la placidez de aquellos pueblos. También líos, también. ¿Y ahora?

A mi padre le cuajó pronto la aficción a la música, algún antecesor guitarrista y el ambiente valenciano de Pego le empujó a su desarrollo como MÚSICO jovencito. Dado que no constituyó para él una actividad reglada en Conservatorios, ni prioritaria en época de otras necesidades; estableció esa conjunción entre la sensibilidad de un chavalín y el influjo de amigos y convecinos. En este campo artístico se diversificó en tres ramas. El acordeón en los saraos entre amigos, entonces si que proliferaban las reuniones con canciones y bailes domésticos. El oboe le catapultó al mundo de la banda de música y acompañamientos de zarzuela; el solo en un pasodoble era su momento culminante. Con su entusiamo vivaz interpretó, con el saxofón y en sus orquestas de baile, las más entrañables melodías en boga. Quiero destacar esta dedicación, por lo que supone de belleza musical, sensibilidad e importancia, de cara a la introducción de aficciones similares entre los jóvenes.

La dureza de las labores de AGRICULTOR, entonces eran de sol a sol, curtía sus fuerzas sin ahogos absolutos para los otros impulsos creativos como los mencionados. Sólo esa tenacidad y reciedumbre le permitía el concocimiento cercano, a fondo, de las particularidades de cada cultivo. Una intensidad y calidad de trabajo a prueba de complicaciones e incluso tragedias, como veremos.

Con el inmejorable fondo musical, no podía ser de otra manera en este caso, llegó el AMOR, como otra energía de intenso calado. Su María, encrespaba sus inspiraciones a niveles de embriaguez positiva. Los hijos, la vida familiar en todo momento, eran un acompañamiento de ensueño para su forma de pensar, de hacer y de disfrutar. Digamos que amores de antaño. Ahora, esto se suele vivir en términos de menor fruición y embeleso; más a toque de zambomba, vamos.

¡Ay, amigos! La TRAGEDIA también se abrió camino por diversos vericuetos, amargos e insufribles. En el pueblo y fuera del mismo, es un sino de la humanidad, insoslayable. En esa guerra incivil española, algunos vecinos terribles, sí, sí, convecinos; le arrancaron delante de sus ojos y de otros familiares, en su propia casa, a su tío cura, para asesinarlo a continuación en un descampado. Diversas correrías como soldado de reemplazo, en un bando y en el otro, le pusieron en contacto con un cúmulo de tragedias. ¡No acabó ahí la cosa, no! Un hijo se le murió más tarde, a los 8 años de edad por una encefalitis y su amada María murió por un cáncer a los 45 años. Trás estos disgustos asomó la antesala de la vejez con sus limitaciones progresivas. Así pues, tragedias muy serias para un verdadero ilusionista de la vida. Contraste vital por excelencia; capaz de generar hundimientos, desidias y maldades cuando la entereza de sus receptores brilla por su ausencia.

Increíblemente iban surgiendo otros apoyos. Su viejo y manoseado diccionario, sus lecturas en goteo continuo o esas audiciones musicales tan frecuentes, sobre todo en la medida que la quietud de los años y los disgustos imponían su férrea dictadura. Aquí nos contaba y se notaban muy bien germinadas las semillas de sus maestros de pueblo, que no catedráticos, pero que sí MAGOS de la CULTURA. Un brindis por aquellos maestros capaces de entusiasmar de esa forma, con sus pocos medios y enormes dificultades.

El HUMOR y las TERTULIAS constituían una ligazón significativa. Tertulias donde se arreglaba casi todo; casi, por que convenía dejar material para el día siguiente. Eran contactos constituyentes, de colaboración y de estímulo; propicias para consideraciones relajadas, hasta sus discusiones mantenían un tono entrañable. El toque humorístico favorecía la deconstrucción de las ideas excesivamente encopetadas, había que traducirlas al lenguaje diario; la sonrisa ejerce de colaboradora imprescindible, suaviza el cotarro.

Así mismo, a sus percepciones y sensibilidades no les bastaba el puro materialismo, una evolución al azar o una simple visión pasiva y frívola. Sus CREENCIAS eran de una convicción serena, su Ecce-Homo pilotaba ese más allá intuido, donde pensaba encontrarse con su María; pero expresado en el más acá del trabajo, la familia y los entretenimientos. Como una suerte de traducción de un Dios superador, aplicado a sus vivencias particulares.

Desde el dolor actual, me parece que una vida trazada con esas directrices de personalidad, creatividad y ensoñaciones; no es mala aportación para los tiempos actuales. ¿Cómo podremos llevar a la práctica la magia de esos arraigos? Magia, y con el tesón diario, eso también. Descansará en paz, seguro.

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