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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Pensando en Cádiz

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 27 de agosto de 2007, 05:59 h (CET)
“¿Cómo no pensar en ti,
siempre en ti, desde aquí, Cádiz?


Rafael Alberti

Otro verano está a punto de concluir. Verano y Cádiz, son palabras que una buena propaganda debiera haber unido, en beneficio del turismo que por benignidad nos pertenece.

Es triste reconocer que los gaditanos no llevamos impreso en nuestro espíritu el afán de obligarnos por nuestra ciudad, el ferviente deseo de superación que en otras poblaciones han ungido el milagro de su crecimiento poderoso. Y lo que es más triste, casi todo, lo que hoy tiene nuestra ciudad, lo debe más que al esfuerzo tenaz de los gaditanos, a la gratuita donación de la naturaleza que puso en nuestra tierra suavidad en su clima y abrió su alma marina a todos los vientos.

Cádiz, hija pródiga de la naturaleza tiene que comprender un día que en su papel en el turismo nacional y mundial, ha estado y sigue lamentablemente abandonada. Y Cádiz, necesita vivir y activar sus medios de vida y tiene una magnífica cantera por explotar. El turismo. Nuestra ciudad tiene un clima que por si solo constituye una atracción poderosa; la tibia caricia de su clima enervante y acogedor invita al descanso. Cádiz tiene en su antiguo casco urbano una situación de privilegio, abierta a la perspectiva azul de nuestra Bahía, con una costa llena de rincones pintorescos donde recrear y satisfacer al turista más exigente. Una ciudad a la que la naturaleza se lo brindó todo y que con el esfuerzo de los gaditanos volvería a ser espejo de ciudades prósperas y agradables.

Como toda la población que quiera excavar con éxito la cantera del turismo, tiene que objetivar sus problemas en una forma más amplia, más moderna, más audaz, si se permite el adjetivo, que cualquier capital de provincia, reducida a sus problemas urbanos y económicos.

Cádiz necesita inyectar su presupuesto con el dinero que brinda el turismo, pero necesita, por anticipado, prepararse para acoger y para retener ese turismo que nos disputan poblaciones de clima más agrio, pero de más atractivo artificial y de más comodidades.

En Cádiz, hasta el día de hoy, se ha hecho bien poco por el turismo. Mucha es la labor por hacer. Pero todo puede conseguirse si preside una buena voluntad, y no cabe duda que las iniciativas que desarrollen la compenetración entre la capital y los restantes municipios de la Bahía, beneficiaría al conjunto de los vecinos de la Bahía. No obstante, la puesta en marcha de esta idea impone que los organismos oficiales sientan sobre sí la obligación de preocuparse cada día con más intensidad de los problemas que afectan a toda la Bahía de Cádiz, que al inicio de un nuevo milenio, carece de la infraestructura que requiere un turismo de calidad.

La mejora de la infraestructura significaría de momento por la mano de obra que necesitaría, un alivio a la crisis de trabajo y a la depauperación económica que padecemos, mejora que en cierto tiempo traería a la Bahía, una población de turismo de calidad que es, realmente, el que genera empleo.

Han pasado siete veranos desde que se abrió la puerta del nuevo milenio y por el hecho de estar en Europa, nada nos vendrá hecho ni se nos dará por añadidura. Cualquier cosa, cualquier mejora social, cualquier beneficio hay que ganárselo. El turismo, es un eslabón importante para el progreso de esta tierra nuestra indolente y confiada en sus recursos que hace mucho que olvidó lo que fue y cuanto podría alcanzar nuevamente con el esfuerzo y la solidaridad de todos los ciudadanos. Y como dijo el poeta: “¡Y Cádiz, la danzarina, / baila desnuda en la playa, / más blanca en sus desnudeces / que las espumas más blancas!”

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