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Etiquetas:   Crítica de música   -   Sección:   Música

El adiós de Woody Allen

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 8 de diciembre de 2007, 17:43 h (CET)
El rodaje de Woody Allen en Barcelona ha llegado a su fin. Después de casi dos meses en los que diversos lugares de esta ciudad se han visto filmados para la posteridad bajo el vigilante ojo del director neoyorkino las aguas vuelven a su cauce y a la vuelta de vacaciones los barceloneses ya no tendrán la oportunidad de encontrarse a Mr. Allen, siempre con su sombrero verde y una camisa blanca, indicando a los actores de su película cómo quiere que sea su actuación. Las Ramblas, el Paseo de Gracia, el Parque Güell o la Barceloneta ya no tendrán entre sus paseantes a la trouppe cinematográfica mientras que los mossos d’esquadra dejarán de proteger a la rubia Scarlette del agobio de sus admiradores y podrán dedicarse a ejercer las funciones habituales y para las que los ciudadanos pagamos religiosamente nuestros impuestos.

Pero este fin de rodaje también ha supuesto un punto y seguido para los amantes de la música que cada día, de lunes a viernes habitualmente, podíamos acudir al Café Vienés del hotel Casa Fuster para escuchar el banjo y el piano de Eddy Davis y Colan Fokvas, músicos que habitualmente acompañan a Woody Allen en sus conciertos de clarinete. El pasado sábado, 18 de Agosto, se respiraba un ambiente festivo entre las viejas piedras modernistas del Café Vienés, era la última noche de este ciclo musical protagonizado por Davis y Colan que contó más de una noche con la actuación sorpresa de Woody y su clarinete. Tal vez por ello el local estaba lleno, como casi todas las noches, y en el fondo todos los asistentes esperábamos ver aparecer por la puerta del café al señor Allen con ese aire de genio despistado al que nos tiene acostumbrados y su gorra verde, blanca camisa, unos pantalones claros y la negra caja en la que, desmontado, guarda el clarinete de sus amores.

Pero no fue así, el cineasta no apareció en toda la noche y Davis y Colan fueron tocando, con la seriedad profesional que les caracteriza, diversos temas estándar del mundo del jazz o el musical con diversas incursiones en piezas que han servido de soporte musical a algunos de los films de Woody Allen. Una vez más les pudimos escuchar el tema de Ernesto Lecuona “Para Vigo me voy” donde Colan hace gala de su conocimiento de idiomas e incluso se atrevieron con el “Bella Ciao”, vieja canción que en su día fue un canto de los partisanos italianos, que dedicaron a una elegante dama italiana que desde la barra seguía la actuación.

No estuvo Woody, a quien todos esperábamos, aquella noche pero sus músicos siempre nos deparan alguna sorpresa y si en la anterior actuación que presencié pude conocer a un magnifico trombón de varas como Fernando Kfouri en esta su despedida descubrí, lamento profundamente no haberlo hecho antes, a Ignasi Terraza un pianista magnífico cuyo último disco “In a sentimental groove” recibió el pasado año el premio Altaveu y fue nombrado mejor disco del año por la revista Jazz. Terraza y los músicos de Woody ofrecieron a los asistentes una pequeña pero magnifica jam session donde pudimos escuchar momentos inolvidables con la interpretación a cuatro manos, las de Colan y Terraza, de alguna pieza con aires de ragtime. Les aconsejo seguir a este pianista que ha tocado con grandes figuras del jazz contemporáneo.




Eddy Davis, Colan Fokvas, Fernando Kfouri, Rafa Esteve-Casanova y Teresa Berengueras.


Al final llegaron los brindis, una tarta con un 45 en recuerdo de las 45 actuaciones que Davis y Colan han realizado en el Café Vienés, los obsequios, una camiseta blanca con el número 1 y el nombre del Café para cada uno de ellos y un “fins aviat”, hasta pronto, ya que, seguramente, cuando vuelvan a Barcelona para tocar el 1 de Enero en el Gran Teatre del Liceu les volveremos a ver por el Café Vienés y volverán a pasear por las calle de Gracia donde cada mediodía los dos músicos acudían para simplemente callejear y hacer alguna parada en cualquiera de los bares de la plaza de Rius y Taulet.

Al día siguiente diluviaba sobre las calles de Barcelona, hasta el cielo con su lluvia lamentaba que Woody marchará de la ciudad y ya no nos deleitará más con su clarinete. Pero, una vez más, saltó la sorpresa al comienzo de la tarde de aquel domingo. Pasadas las 15,30 horas la figura de Woody traspasó las puertas del Café Vienés, sus dos músicos dejaron sin terminar la hamburguesa que estaban comiendo y en un par de minutos ya estaban en el pequeño escenario para iniciar con Woody uno de sus largos ensayos. La clientela del café, en aquel momento apenas ocho personas, no creía lo que sus ojos veían, el mismo Woody Allen alejado de toda parafernalia estaba ante ellos tocando el clarinete. Poco a poco el local se iba llenando de gentes que acudían al mismo sin saber la sorpresa que les aguardaba y que al notar la presencia del cineasta y los músicos seguían el ensayo con un silencio respetuoso. Hasta unos niños a los que sus padres llevaban en sendos cochecitos callaban y miraban aquello que era totalmente extraño para ellos, el día de mañana podrán presumir de haber asistido en su más tierna infancia a un ensayo de Woody Allen quien no pasará a la historia por sus dotes musicales pero sí por su talento cinematográfico.




Jam improvisada con Fernando Kfouri.


Tal como había llegado Woody se fue. Terminó su actuación, desmontó y limpió concienzudamente su clarinete, se caló la gorra y, en medio de un respetuoso silencio, se marchó del hotel sin escolta de ninguna clase demostrando así que cuando “interpreta” su personaje de músico es totalmente diferente a cuando actúa de director de una película. Era la segunda vez en pocas semanas que tenía tan cerca al mito de Manhattan, los mitos vistos de cerca son menos mitos pero más personas. Muchos periodistas hubieran dado cualquier cosa por haber estado en el lugar en que yo me he encontrado estas semanas en el Café Vienés, a escasos dos metros de Woody Allen y presenciando uno de sus ensayos. A la salida lo comentaba con Teresa Berengueras, a la que ustedes pueden seguir cada domingo en estas páginas, quizás éramos los dos únicos periodistas que habíamos tenido este privilegio. Cuando otros van hasta el hotel Carlyne de Nueva York para escuchar a Woody tocar el clarinete nosotros, sin movernos prácticamente de casa y mientras tomábamos un Iris Coffe, habíamos podido ver a un Woody diferente del habitual, a un Woody más cercano y que, en esta ocasión, incluso había sonreído ante las bromas e indicaciones de sus compañeros de ensayo.Un monovolumen negro se llevó al director paseo de Gracia adelante mientras la lluvia seguía cayendo con insistencia sobre las calles de Barcelona y nos despedíamos de Colan y Devis con un “nos vemos en Enero”.

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