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Shanghai toma el control de los procesos de integración en Asia Central

Zhibek Sizdíkova
Redacción
viernes, 24 de agosto de 2007, 06:24 h (CET)
La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en el proceso para convertirse en organización internacional de influencia en la zona de Asia Central, superó varias etapas que por lo visto, no figuraron en los planes de sus países miembros: Rusia, China, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán.

Probablemente, la superación de esas etapas y la consolidación de la misma OCS, suponen una respuesta única a la situación geopolítica que actualmente tiene lugar en el espacio euro-asiático, y también en el resto del mundo.

Es de conocimiento general los intentos emprendidos para potenciar los procesos de integración en esa zona clave de Asia Central.

Con ese objetivo se forjaron alianzas y uniones en varios formatos -en su mayoría con los países de la extinta Unión Soviética-, que no han podido demostrar su eficiencia debido a muchos factores.

Entre las entidades de integración sólidamente constituidas y “condenadas al éxito” en el espacio centroasiático, los expertos señalan unánimemente la OCS.

Tras demostrar su influencia los últimos años, a juicio de muchos, la OCS representa un modelo universal de asociación entre los Estados del área.
¿Será realmente así?, a juzgar por atributos externos y aspectos de otra índole, la respuesta a esta pregunta es más bien positiva que negativa.

Es un hecho reconocido que la OCS permitió solucionar sensibles contenciosos fronterizos.
Kazajstán, Tayikistán y Kirguizistán comparten 3.700 kilómetros de frontera con China. Y teniendo en cuenta limitaciones de cada uno de esos países en el proceso negociador, sin la mediación de Rusia o de estructuras internacionales como la OCS, hubiera sido extremadamente complicado solucionar esos asuntos fronterizos con China.

Otro asunto de trascendencia para los países centroasiáticos fue la búsqueda de mecanismos fiables para afrontar las nuevas amenazas globales contra su seguridad.
Las incursiones de grupos armados ocurridas en varios de los países a finales de los años 90 y a comienzos del 2000, de forma tangible demostraron los serios propósitos de muchas organizaciones terroristas con respecto a esa área.
Tras establecer y unificar las prioridades en materia de seguridad internacional, la OCS se erigió en un escudo real en capacidad de contener el terrorismo, el separatismo y el extremismo en la región de Asia Central.

Posteriormente, ya con garantías adquiridas en la organización, el formato de las relaciones entre los países se amplió de forma lógica y natural hacia el vector de la cooperación económica a partir de los ingentes yacimientos de hidrocarburos que yacen en la zona centroasiática.
Para China esto es un aspecto de importancia estratégica al ser un factor indispensable para el desarrollo de su pujante economía.

Es evidente que los objetivos de la OCS no se limitan únicamente a solucionar los problemas de seguridad y a potenciar la integración de la región en la economía mundial.
En las prioridades también figura la implantación de mecanismos multilaterales para equilibrar la creciente influencia de Estados Unidos en Asia Central.
La presencia militar de EEUU y las fuerzas de coalición de la OTAN en la región no solucionó el principal problema, la liquidación del movimiento “Talibán”.
Además, la política del gobierno estadounidenses en relación a las diferentes agrupaciones terroristas tiende a convertirse en un factor de estimulo de los ánimos separatistas no sólo en Oriente Medio y la zona del Golfo Pérsico, sino también en Asia Central.

La mayoría de la población de los países de la región (a excepción de Tayikistán) están habitados por pueblos con idiomas de la rama turca, y una parte considerable de sus habitantes profesan la corriente sunita del Islam.
Con rasgos idiomáticos y confesionales similares, existen pueblos autóctonos en varias provincias de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang en China, asunto que preocupa mucho a las autoridades chinas, sobretodo porque en esa parte de su territorio, operan las fuerzas separatistas del “Frente para la Liberación del Turkestán Oriental”.

Para China es indispensable mantener en Asia Central un nivel de seguridad que la convierta en una zona tranquila, y al mismo tiempo, un mercado idóneo para la venta de sus productos, y en este sentido, la interacción con la OCS es vital.
En consonancia con las aspiraciones de evitar un mundo unipolar, Rusia y China en igual medida también están interesadas en establecer un contrapeso geopolítico a EEUU especialmente en esa región.

Al respecto, es destacable que por primera vez en el marco de una organización regional se produce la unificación de criterios geopolíticos de dos potencias mundiales que en el pasado histórico dejaron profundas huellas en el desarrollo de los pueblos y países de Asia Central.

Como es sabido, los vecinos no se eligen. Las páginas de la historia recuerdan no sólo las caravanas del la Ruta de la Seda, sino también la compleja situación de etnias que habitaron y habitan el centro del continente euroasiático desde los montes Urales, hasta la meseta de Pamir, y el macizo montañoso de Hindu Kush, en Afganistán y Pakistán.

Y no hay necesidad de sondear profundamente en los siglos, la situación actual demuestra la existencia de profundas contradicciones entre los pueblos y los países en que habitan esa parte de Asia Central.
En sus parámetros fundamentales, los indicadores de Rusia y China no pueden compararse con el resto de los países miembros del OCS, y por esa razón, al menos a corto plazo, la redistribución del protagonismo en el seno de esa organización tendrá un carácter específico.

Se puede decir que la estructura interna de la OCS está formada por una primera línea con Rusia y China, una segunda en la que se encuentra Kazajstán y Uzbekistán, y finalmente una tercera con Kirguizistán y Tayikistán.
Para lograr un modelo de integración óptimo, la OCS, con la participación de otras organizaciones regionales, aplicó la estrategia del crecimiento irregular, la imposición de programas favorables de inversión y el estímulo a la producción de artículos preferenciales.

En lo que se refiere al liderazgo en el seno de la organización, los vecinos de China no pueden dejar de sentir su debilidad al frente a su enorme población y la fuerte capacidad de movilizar recursos en todos los campos. Incluso la misma denominación de la organización de Shanghai, lugar donde tuvo lugar su fundación, a nuestro juicio, subraya el dominio de China en la OCS.

Por su parte, China también sostiene sus relaciones con las repúblicas de Asia Central de forma diferencial. Para Pekín, Kazajstán tienen especial interés. En ese grupo de países, después de Rusia, Kazajstán es el segundo socio comercial de China, con un intercambio de al menos 6.000 millones de dólares.
El interés de China por Kirguizistán es menor, debido muy probablemente, a que ese país centroasiático todavía no ha delineado de forma definida sus pautas de política exterior. En estas condiciones, para China es muy arriesgado emprender inversiones a gran escala en la economía kirguís.
A pesar de que ambos países son concientes de la importancia que es poner en marcha un proyecto de envergadura, como la construcción de un ramal del ferrocarril interasiático (proyecto Traceca) por la ruta Korla-Kashgar (China)-Torugart-Jalal Abad (Kirguizistán).

Otro programa de perspectiva es la construcción de la carretera Irkeshtam-Osh-Andiyán, que se perfila como el eslabón clave de una autopista transcontinental.
En lo que concierne a Uzbekistán, las posibilidades de participar en la exploración y explotación de sus yacimientos de hidrocarburos de perspectiva, también lo convierte en un socio de atención por parte de China.

La compleja situación en la zona fronteriza entre Tayikistán y Afganistán y el problema del narcotráfico que tanto preocupa a los tayikos ha obligado a China a dedicar una atención especial a este país. Las inversiones chinas para el desarrollo de la infraestructuras de trasporte de Tayikistán en particular la construcción de un puente sobre el rió Piandzh permitirá la comunicación terrestre directa de Afganistán, Pakistán, Irán, China, hacia el Océano Índico y el Golfo Pérsico.

Cabe admitir que la activa inclusión de China en la economía de los países centroasiáticos causa preocupación en los mismos países ante la perspectiva de quedar reducidos a “apéndices” del coloso vecino, a excepción tal vez de Kazajstán, que cada vez adquiere más protagonismo en calidad de nuevo “dragón centroasiático”.

En este sentido, en el seno de la OCS surge la necesidad de delinear formas que permitan equilibrar los intereses y armonizar relaciones bilaterales en conjunto, y aquí entra en juego de manera determinante el factor ruso.

Rusia está en capacidad de desempeñar un papel decisivo para potenciar la integración, los proyectos de cooperación en todos los ámbitos, las relaciones bilaterales y los contactos entre Oriente y Occidente.
La mediación de Moscú también es importante para la realización de importantes acuerdos relacionados con el suministro de recursos energéticos, equipos y tecnología militar, programas de carácter humanitario y otras actividades que implican la participación de todos los miembros de la OCS sin excepción.

No fue ocasional que en el curso de la última cumbre de Jefes de Estado de la OCS, en Bishkek, capital de Kirguizistán, el pasado 16 de agosto, los Jefes de Estados de Rusia, China, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán firmaran un Tratado de buena vecindad, amistad y cooperación y una Declaración conjunta en la que se abogó por la creación de una arquitectura moderna de seguridad internacional y un orden mundial democrático y equitativo.

En la cumbre de Bishkek, los presidentes también abordaron asuntos relacionados con la lucha contra el narcotráfico, la unificación del mercado energético y la creación de nuevas estructuras como el Club Energético, la Unión Interbancaria, grupos de estudio para la formación de un mercado común.

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Zhibek Sizdíkova, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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