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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Flechas y Pelayos

Pascual Mogica
Pascual Mogica
viernes, 24 de agosto de 2007, 06:24 h (CET)
Cuando uno se asoma a los textos que componen la Educación para la Ciudadanía (EpC) se da perfecta cuenta de que no se parece en nada, absolutamente en nada, afortunadamente, a aquello que se llamó la “Formación del Espíritu Nacional”.

Los que ya acumulamos una cierta cantidad de años sí sabemos diferenciar lo que es la EpC y lo que fue la Formación del Espíritu Nacional. En EpC no hay Frente de Juventudes y por tanto no hay Flechas y Pelayos ni nada que se le parezca, ni tampoco hay nada que remotamente nos pueda hacer recordar que un día existió la Sección Femenina que no sirvió para otra cosa que para tener “aparcada” a la mujer mientras no se la utilizaba en otras tareas que no fueran las domésticas.

Los que ya somos “mayorcitos” tenemos muy fresca en nuestra memoria aquella obligatoriedad de cantar las canciones que ensalzaban las excelencias del régimen franquista y particularmente el “Cara al Sol”. En mi caso y en el de miles de niños y no tan niños, solíamos entonar el “Cara al Sol” cuatro veces al día como mínimo, dos al entrar a clase y otras dos al salir. Pero los niños, inocentes pero picaruelos, tardábamos menos en cantarlo al salir que al entrar a clase. Recuerdo que nuestros maestros nos gritaban: ¡No tan deprisa! Pero no, no lo hacíamos como una forma de protesta o de rebeldía, no, a esas edades no sabíamos lo que estaban intentando hacer con nosotros. Nuestros padres sí lo sabían y no se les puede reprochar el que no hicieran nada por evitarlo. Más les valía estar callados. Recuerdo que me padre solía decirme: “Que no me entere yo que te apuntas al Frente de Juventudes”. La verdad es que con mis pocos años tampoco entendía muy bien porqué mi padre me decía tal cosa. Luego, a medida que pasaba de niño a adolescente y posteriormente a mayor, fui dándome cuenta del porqué de ciertas actitudes prepotentes de los llamados “falangistas de Franco” y de muchachos de mi edad que habían ingresado en el Frente de Juventudes donde eran definitiva y “convenientemente” adoctrinados los Flechas y Pelayos. Entonces entendí perfectamente lo que mi padre me prohibía y el porqué, y se lo agradecí.

En Educación para la Ciudadanía, no hay Flechas y Pelayos, ni tampoco Sección Femenina, ni tampoco van a obligar a los niños a que al entrar y salir de clase canten “La Internacional” o cualquier otro cántico de naturaleza partidista o ideológica. En EpC lo que se pretende es formar a las personas como eso, como personas de bien, respetuosas y solidarias con los demás. Eso no es formar a la persona dentro del “Espíritu Nacional” eso es formar a las personas para que todos podamos convivir por igual dentro de la sociedad y lo que es muy importante: aprender a respetar las ideas políticas, sociales e individuales de los demás.

Los que hoy se oponen a que se intente conseguir una sociedad en perfecta armonía, convivencia y respeto, los que siguen pensando igual que los que mantuvieron y establecieron de forma dictatorial la “Formación del Espíritu Nacional” critican que se imparta la asignatura de EpC. No se dan cuenta de que los tiempos han cambiado, ellos no, y de que los españoles disfrutamos de la suficiente libertad y derechos constitucionales, algo impensable en mi juventud, para oponernos a cualquier tipo de manipulación en la formación de nuestros hijos y nietos. Pero para oponerse a algo primero hay que conocerlo en profundidad y los que se oponen a la EpC no nos han dado un solo ejemplo de lo “malo” y “terrible” que en dicha asignatura se concreta y si no lo han hecho ya es porque no existe tal intento de manipulación por parte del Gobierno.

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