|
El CIS y la práctica religiosa
Francisco Rodríguez Barragán
La encuesta mensual del Centro de Investigaciones Sociológicas incluye una pregunta en la que se pide al entrevistado que se defina en materia religiosa y el resultado constante, es que la más de las tres cuartas partes se confiesan católicos, los no creyentes superan ligeramente el 12% y los que se confiesan ateos no llegan al 7%.
A continuación, quizás para determinar la veracidad de la respuesta anterior, se pregunta a los que se han declarado católicos, la frecuencia de su asistencia a misa, que arroja unos tristes resultados. Más de la mitad no van casi nunca y no llega al 16% los que asisten casi todos los domingos y festivos.
Mientras que la pregunta de la encuesta referida a que el entrevistado se defina políticamente, en una línea con cinco segmentos entre derecha e izquierda, sin que se intente conocer cuales sean los valores que pueda encarnar para considerarse de izquierda, de centro o de derecha, en lo religioso se busca una valoración de la religiosidad de los católicos preguntando sólo sobre la asistencia a la misa dominical.
Si ser católico es seguir el evangelio de Jesús formando parte de la Iglesia que Él mismo fundó, difícilmente se puede admitir que más del 75% de la población, si es que la muestra es realmente significativa, sean católicos. Pero si se cuenta como católico porque fue bautizado y se considera dentro de un ámbito cultural cristiano, el porcentaje puede ser más alto que el que refleja la encuesta.
Saber que, aunque haya muchos que se dicen católicos, son una exigua minoría los que de verdad lo son, animará a los que quieren impedir la influencia de la Iglesia, a seguir en su campaña de eliminarla de la vida pública. Unos difusos valores sociológicos cristianos son más fáciles de atacar y destruir por los defensores del laicismo, que enfrentarse a una comunidad que los hace vida y que encuentra su fuerza en la Eucaristía.
Por eso, los resultados de estas preguntas en las encuestas del CIS, deberían servir de acicate para que los católicos y sus obispos tomemos conciencia de que realmente somos una minoría, abandonemos cualquier reivindicación triunfalista y nos dediquemos a profundizar nuestra fe, a hacerla vida coherente en nuestras comunidades, evitando divisiones y banderías y a dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida.
El evangelio nos pide ser la levadura que puede hacer fermentar la masa, la sal que puede dar sabor y evitar la corrupción, la luz que ilumina a los que viven en tinieblas, tres cosas pequeñas pero que si no se desvirtúan, serán las que de verdad cambiarán la faz de la tierra. Creernos una mayoría sin serlo puede alejarnos de nuestra misión evangelizadora.
|