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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La prueba de fuego para ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 23 de agosto de 2007, 07:53 h (CET)
Parece que todo el monte no es orégano. El ciclo económico que tanta prosperidad nos ha traído durante los últimos años (gracias a la sabia gestión del gobierno del señor Aznar, con la inestimable colaboración del señor Rato), está dando muestras de cansancio. Las bolsas nos están advirtiendo desde hace un tiempo, con su extrema volatilidad, de que algo se está cociendo en la economía mundial que no nos augura nada bueno. Como siempre, los que vamos a pagar el pato en el caso de que se inicie una recesión, somos los sufridos ciudadanos de a pie que no tenemos medios para vigilar lo que hacen tras las bambalinas los gestores que se ocupan de administrar nuestros dineros. Refugios que parecían estar a prueba de catástrofes, como los fondos de inversión, vemos que comienzan a dar muestras de flaqueza y alguno ha tenido que cerrar las ventanillas a los que querían vender sus participaciones por falta de liquidez. Pero ¿estamos de verdad ante una situación preocupante? Pues yo, sin ser un experto en la materia, me atrevería a decir que sí. Veamos, ¿qué ha sido uno de los soportes principales del desarrollo económico en España? Sin duda, uno de ellos es la construcción. ¿En qué se ha apoyado mayoritariamente la compra de pisos y segundas viviendas? Pues en las hipotecas. Poca gente dispone de liquidez para pagar treinta o cuarenta millones al contado para adquirir un inmueble y, claro, los alquileres están por las nubes por lo que, la consecuencia lógica siempre era la misma: para pagar un alquiler desorbitado mejor comprar y pagar plazos de hipoteca; por añadidura, a medida que subían los precios de la construcción, las hipotecas se iban alargando para evitar pagar cantidades demasiado elevadas cada mes. Todo esto estaba muy bien mientras el euro ibor se mantenía en el 2’5 o el 3 %, porque la demanda era muy grande, los bancos se forraban y, los pagos fraccionados, asequibles para el hipotecante. Una entrada y ¡hala! a pagar veinte o treinta o cuarenta años los plazos correspondientes.

Pero las cosas han cambiado de repente. En EEUU se han comenzado a detectar las quiebras del sistema y las entidades financieras han experimentado los primeros avisos; los morosos se han disparado y esto ha despertado la alarma en las bolsas, que han demostrado su inquietud dando bajones sensibles, especialmente en el sector inmobiliario. La economía está, como casi todo, globalizada y lo que ocurre en el Wall Street tiene repercusiones en todo el mundo. Europa también está en el mundo y, España está en Europa. Si va usted por las calles de las grandes ciudades podrá observar el incremento de carteles anunciando pisos que se venden, muchos más que hace unos meses y muchísimos más que hace dos años. Una señal, un aviso para navegantes. La cadena ha empezado a girar en sentido contrario. Si el euribor sube (está superando el 4’6%), suben el importe de los plazos hipotecarios y esto representa que muchas familias tienen que detraer dinero de otros gastos para pagar las cuotas; si se saca dinero de una parte hará falta en la otra y esto supone tenerse que apretar el cinturón. Las familias están enganchadas al consumismo y esto supone que, si se quieren tener televisores, coches, cadenas de música, ir al restaurante, pagar el colegio y los libros de los niños etc. tienen que acudir a las compras a plazos. Más letras, más intereses y más cargas. Puede ocurrir que llegue un momento en que las pagas no lleguen para tanto y haya que empezar a suprimir cosas. El colegio es sagrado, la comida también, no quieren que los vecinos se enteren de que han tenido que vender el coche y… acaban por no pagar la hipoteca. Piensan que el banco no les embargará por un mes, y es cierto; pero si son dos o tres los impagados el banco ejecuta; no le interesa, pero el sistema se lo exige. Las entidades crediticias no viven de la venta de inmuebles embargados, al contrario, las perjudica porque el negocio consiste en hacer rodar el dinero que engendra cada vez más rentabilidad a medida que se va prestando a otros deudores.

Y aquí tenemos la prueba de fuego para el gobierno socialista del señor Rodriguez Zapatero. Se puede ser muy espléndido mientras el pueblo esté saciado, mientras el panem et circenses tenga adormecida a la masa, pero ¡ay, del momento en que esta masa deje de sentirse cómoda y deba de renunciar a su estatus económico. El Forum Filatélico fue un caso en el que se ha visto cómo reacciona un colectivo irritado por una actuación estatal (de Hacienda en este caso). Extrapolemos un descontento similar a los millones de personas que se han visto obligadas a aumentar sus cuotas mensuales de las hipotecas; añadamos las empresas constructoras que, por falta de pedidos dejen de construir y, al mismo tiempo, se encuentren con un inmobilizado al que no pueden dar salida; piensen en los créditos bancarios que se dejarán de satisfacerse y en aquellas personas necesitadas de vivienda que no puedan asumir unos intereses hipotecarios del 4’9, como ya se están pagando. Tengamos también en consideración todos las empresas proveedoras de la construcción (cementeras, fábricas de ladrillo, transportes, electrodomésticos, etc) que verán mermados sus pedidos y que tienen a un personal al que, si no quieren cerrar, tendrán que despedir o hacer un expediente de regulación de empleo. Las consecuencias pueden ser desastrosas e imprevisibles.

Pero al Gobierno no le interesa que esto se sepa, nos quiere contentar con paños calientes, nos dice que no hay peligro, que todo está bien y que España it’s different, o sea, que aquí estamos a salvo de todos los desastres que pasan en el resto del mundo. ¿Cómo podrían explicar a los ciudadanos los millones de euros que la señora vicepresidenta ha regalado a Daniel Ortega de Nicaragua?; ¿cómo podrían justificar que se le haya perdonado a Nicaragua toda la deuda que tenía con España?; ¿cómo se las arreglaría Zapatero para justificar el apoyo económico a los palestinos, a Senegal y Mauritania? Si luego resulta que, dentro de nuestro propio país, nos encontramos en apuros. Otro problema, los inmigrantes. Según se dice ya hay 158.000 en desempleo, a ellos sumenle todos los que no están registrados por el INE, más los familiares que el “reagrupamiento familiar” ha traído de sus tierras a España. Aparte de los que viven de la delincuencia, son un caldo de cultivo latente para el caso de que la economía entre en recesión y queden sin trabajo. Más cantidades a pagar por desempleo, más roces con el resto de ciudadanos, más revolución y menos seguridad para toda la población. ¡Y esto sólo para empezar!

Ahora veremos hasta donde llega la capacidad de reacción de nuestro Ejecutivo. El señor Solbes deberá tomar decisiones, no todas agradables para los ciudadanos. Ya no se trata del proceso de paz con ETA; ya no es cuestión de permitir el matrimonio de homosexuales ni de bailarle el agua a los catalanaes. Esto son palabras mayores y para afrontarlo hacen falta agallas y preparación. Si la ministra de Fomento es la muestra de la que tiene el resto del Gobierno, pues qué quieren que les diga… ¡estamos apañados!

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