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El príncipe amarillo
Daniel Sanabria
Así es el fútbol. A diez días de cerrarse el plazo de fichajes, uno de los mejores organizadores del mundo sigue sin equipo. Bueno, tener, tiene equipo, pero ni el equipo le quiere a él, ni él al equipo. Si se tratara de una historia de amor sería perfecto: ninguno de los dos es correspondido, así que no hay más que hablar. Cada uno con su padre y con su madre.
Pero esto es fútbol, y aquí el desamor triunfa por encima del amor. Riquelme no quiere jugar en el Villarreal, entre otras cosas porque el Villarreal no le quiere en sus filas. Y Román tiene que buscarse equipo. Es extraño decirlo así: “Román tiene que buscarse equipo”. Es como si ningún equipo del mundo le quisiera. Y efectivamente, es así. A estas alturas de verano ningún equipo del mundo le quiere.
El año pasado Riquelme jugó en Boca Juniors, y Boca ganó la Copa Libertadores (la Champions sudamericana). Hace dos años, Riquelme jugó en una localidad cuyo número de habitantes se puede meter en la Bombonera: Villarreal. Y el Villarreal llegó a semifinales de la Champions. Algo de culpa tendrá que tener Román en todo esto, digo yo. Si tuviera el teléfono de Riquelme, le propondría un reto aún más difícil: llevar a mi pueblo (Villanueva de Guadamejud, Cuenca) a Primera División.
Al culebrón le quedan pocos capítulos, ya que antes del próximo 31 de agosto alguien ha tenido que hacer algo diferente para cambiar esta situación. Hay que mover ficha, aunque nadie sabe en qué tejado está en estos momentos la pelota. Lo único seguro es que el Villarreal quiere deshacerse de él cuanto antes. Y lo único probable es que sólo un equipo ha hecho una oferta medio seria por Riquelme: el Atlético de Madrid, como confesó el propio jugador en su última rueda de prensa.
La única realidad es que a diez días de que se cierre el plazo de fichajes, Riquelme sigue sin equipo. Cuando hablo de fútbol, no me esfuerzo mucho en comprender las cosas, porque intentar comprender lo que ocurre en este submundo del balompié no es perder el tiempo, sino el cerebro. Isaac Asimov intentó un día contestar los grandes interrogantes de la humanidad: Cien preguntas básicas sobre la Ciencia, se llama el libro. Alguien debería plantearse escribir su versión futbolística.
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