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La Organización de Cooperación de Shanghai está muy solicitada

Dmitri Kósyrev
Redacción
miércoles, 22 de agosto de 2007, 04:46 h (CET)
Los resultados de la séptima reunión en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) son más o menos los siguientes: primero, la OCS ha demostrado haber nacido y estar viviendo en una época nueva, la de cooperación, pero no la de bloques cerrados. Segundo, se ha hecho obvio un problema que no puede resolverse fácilmente: a la OCS la inunde una oleada de ideas respecto a los planes que se debe realizar y respecto a los nuevos países que ella debe admitir en sus filas o atraer para la cooperación. Y esa oleada exige adoptar medidas.

En cuanto al espíritu de la cooperación, se puede formar cierta noción de ello, partiendo de dos documentos básicos (de los ocho aprobados en la reunión): el Tratado de Amistad y Cooperación y la Declaración de Bishkek, en los que figura el principio clave de la actividad de la Organización. Es el principio de la igualdad de derechos, el respeto mutuo y la consideración de los intereses de todas las partes participantes. En el caso de la OCS (y la ASEAN, que es su hermana oriental) ello significa que cada uno de los seis miembros de la OCS resuelve él mismo los problemas de su política interna y escoge libremente con quién cooperar en el mundo exterior, aparte de los países de la OCS. Por ejemplo, Tayikistán puede renunciar a la cooperación energética con Rusia y optar por atraer a inversores iraníes o franceses, pero al propio tiempo seguir participando en la realización de todos los demás proyectos de la OCS o en cuantos desee participar.

Kirguizistán ha recibido de Moscú propuestas sobre inversiones rusas de 2.000 millones de dólares, pero nadie impide que en la república invierta también, por ejemplo, EEUU.
En teoría, tal estructura podrí interpretarse como justificación de una desintegración. Pero en realidad no hace sino integrar a estos seis países muy distintos, cuyas relaciones mutuas a veces son nada fáciles, y hasta tensas. Es que los seis comprenden muy bien que los intereses y los proyectos que los unen son muchos, y serán aún más numerosos. También los une el problema de la seguridad. “Carecen de perspectivas cualesquiera intentos de solucionar a solas los problemas globales y regionales”, manifestó en el foro Vladímir Putin. En la reunión se debatieron enérgicamente las amenazas para la seguridad que parten desde el territorio de Afganistán, a causa de operaciones militares no muy exitosas llevadas a cabo por EEUU y la OTAN en ese país. Serán los países de la OCS los que deberán zanjar esos problemas en cooperación con las autoridades de Afganistán y Pakistán, los que también estuvieron representados en la reunión en Bishkek.
Los documentos aprobados en ésta no hacen sino reflejar tal mentalidad, que está madurando. En esos documentos y también en intervenciones en público y a puerta cerrada fue esbozado el problema fundamental de la OCS: la Organización les hace muchísima falta tanto a sus propios miembros como a los Estados limítrofes y otros países.
Hace falta “sentar base jurídica de desarrollo de contactos con los Estados observadores”, dijo en la reunión Vladímir Putin. “Esperamos que después de revisado el documento sobre el estatuto de observadores y aprobado el plan de cooperación con éstos (...), se abran nuevas posibilidades, más amplias, para su participación en la actividad de la OCS”, manifestó en Bishkek el presidente de Mongolia, Nambaryn Enkhbayar, al participar en la reunión en formato ampliado. El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, hizo recordar que él promovía la iniciativa de organizar en territorio iranio una reunión de ministros de Energía, pero ésta no se celebró, y no por consideraciones políticas, ni mucho menos.
No hay ninguna “sublevación de los observadores”, pero sí está a la vista su descontento por la lentitud en obrar que muestra la OCS. En cuanto a la mencionada “reunión en formato ampliado”, conviene explicar que primero se reunieron a puerta cerrada seis Jefes de Estado de la OCS como tal (China, Kazajstán, Kirguizistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán), pero luego se celebró otro encuentro, ya con participación de los dirigentes máximos de Irán, Mongolia y Turkmenistán. ¿Se tratará de una práctica provisional o permanente?
De momento está clara sólo una cosa: al existir muy elevada demanda internacional de mantener contactos con la OCS, sus seis miembros en la reunión en la cumbre del año pasado tomaron la decisión de imponer una moratoria provisional sobre la ampliación de sus filas, explicándolo por el hecho de que en lo geográfico la OCS abarca sólo Asia Central, y que ésta ya está abarcada, con una sóla excepción. En la reunión de este año ya estuvo presente en calidad de invitado el presidente de esa “excepción”, que es Turkmenistán: Gurbangulí Berdimuhammédov. De momento es prematuro hablar del ingreso de Turkmenistán en la OCS, aunque el país dio el primer paso para acabar con su aislación precisamente en la reunión de la OCS. Si Ashjabad presenta la respectiva solicitud, no se podrá rechazarla.

Los propios miembros de la OCS promueven muchas ideas nuevas. Por ejemplo, Kazajstán propone instituir una agencia y una bolsa energéticas. Rusia promueve la iniciativa de formar un centro de prevención de calamidades naturales y otras situaciones de emergencia. Pero la realización de dichos planes requiere tiempo.

El problema en cuestión tiene su aspecto positivo. Resulta que las nuevas realidades de la política regional y mundial estimulan la propensión de la OCS a estar abierta para todo tipo de cooperación. La Organización nació después de la guerra fría, y en vez de actuar como un bloque cerrado, se atiene al principio diametralmente opuesto.

Hay quienes siguen afirmando que el objetivo de la OCS consiste en “cerrarle a EEUU el acceso a Asia Central. Pero tal fin jamás ha existido. EEUU está cooperando casi con todos los miembros de la OCS, y ello no despierta preocupación en nadie. Además, ya se realizaron los primeros contactos de la parte estadounidense con la propia Organización. En la reunión de Bishkek estuvo presente el subsecretario general de la ONU, Lynn Pasco. Aunque él no trabaja en el Departamento de Estado de EEUU, sino en la ONU, sigue siendo diplomático estadounidense, además, un buen diplomático.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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