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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Y la fabulosa Montblanc se jubiló

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 21 de agosto de 2007, 03:46 h (CET)
A Paco, mi médico de familia, a quien el otro día confesé que uso normal y regularmente una parte de las recetas, el volante de instrucciones al paciente (en concreto), para escribir en él la primera versión de mis urdiduras o “urdiblandas”.

Sí. La legendaria tal, una Meinsterstück, que, según una legión de crédulos, perteneció, in illo témpore, al mismísimo Victor Hugo; que llevaba grabados en la pinza dorada del capuchón un nombre, Daniel, un apellido, Sempere, y un año, 1953 (quienes hayan leído “La sombra del viento”, la originalísima novela de Carlos Ruiz Zafón, habrán esbozado, seguramente, una ingenua sonrisa al remembrar el preciado y precioso adminículo que aparece en varias páginas del citado best seller); que, tras mil y un avatares, conseguí adquirir un domingo, por pura serendipia o chiripa, en el rastro de Madrid; y que me ha ayudado o servido para firmar y rubricar no sé cuántos documentos, públicos y privados, ayer, estando de vacaciones oníricas en el norte de Italia, navegando en góndola por los canales venecianos, en la inmejorable compañía de mi recién horneada o cincelada amada dama y (ojalá lo quiera Dios algún día también) definitiva y eviterna musa, Montse, se ahogó.

No hubiera urdido una sola línea sobre el asunto en cuestión y el objeto de marras, que ayer se me cayó al agua veneciana (y, asimismo, calló) la pluma a la que tanto cariño había tomado y tanto apreciaba, si durante los nueve días anteriores, erre que erre, una mañana tras otra, no hubiera encontrado, al punto de levantarme, sobre el escritorio de mi habitación, la misma (pero, eso sí, cada día distinta, porque solía trocear la susodicha nada más leerla) machacona e insistente nota, redactada con la péñola mentada y, sin ningún lugar a dudas, con mi letra y rasgo: “O me jubilas o me jubilo”.

No sé a ustedes, desocupados lectores, pero a mí me da en la nariz que ayer, dada mi manifiesta inacción al respecto, la Montblanc, harta, juzgando que ya le había llegado la hora de su deseado retiro dichoso, decidió, inesperada, unilateral y voluntariamente, poner fin a nuestra ubérrima relación de mutua dependencia, dejándome exánime y exangüe, blanco, como la temerosa página impoluta, de dicho color.

Acaso (confío en que así sea para la inmensa mayoría) huelgue dejar aquí constancia de lo que sigue y tengo por apodíctico e irrefutable: mi péndola Meinsterstück es metáfora, metonimia y/o sinécdoque de “La Quíntuple”, Maribel, Mariluz, Marimar, Maripaz y Marisol, mi hace escasas fechas finada musa (que Dios la tenga en su gloria), cuyo monte de Venus, por cierto, siempre fue para mí una tábula rasa, un lienzo en blanco, una pura y nunca resuelta incógnita.


Post Scríptum

Esta mañana, pegado en la mitad izquierda del espejo del baño, a la altura de los ojos, he hallado un pósit con el siguiente texto: “¿Ves, necio, qué es lo que puede ocurrirle a quien, en sueños, va de vacaciones a Venecia?”.

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